Cómplices del imperio. Milei y su apoyo a la invasión en Venezuela

La madrugada del sábado 3 de enero de 2026 marcó un quiebre nefasto en la historia de América Latina. En una operación militar directa denominada “Resolución Absoluta”, las fuerzas de los Estados Unidos bajo las órdenes de Donald Trump bombardearon Caracas y otros estados venezolanos para capturar —literalmente secuestrar— a Nicolás Maduro y su esposa, trasladándolos a una prisión en Nueva York.

Este acto de piratería internacional, que pisotea cualquier noción de soberanía nacional, no solo busca el control de los recursos estratégicos de la región, sino que envía un mensaje de terror a todo el continente: el imperialismo yanqui quiere volver a imponer la política del Big Stick (Gran Garrote) con total impunidad. Doctrina que en la práctica significa el uso de la fuerza militar bruta para imponer la voluntad de Washington sobre los países latinoamericanos, tratándolos como su patio trasero.

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Frente a este escenario de agresión abierta, el gobierno de Javier Milei no tardó ni un segundo en mostrar su cara más servil. Lejos de defender la integridad territorial de un país de la región, el mandatario argentino, unos días antes, ya había anticipado su postura por la cadena CNN, donde dejó en claro que estaba de acuerdo con una intervención armada de este tipo.

Este alineamiento incondicional no es para nada casual, es la devolución de favores tras el salvataje financiero y político que la administración republicana le otorgó a Milei para que su gestión no colapsara antes de las últimas elecciones legislativas. Hoy, la Casa Rosada se transformó en una embajada de los intereses de Washington en el Cono Sur, celebrando el bombardeo de poblaciones civiles como un “triunfo de las ideas de la libertad”.

Sin embargo, el fanatismo Pro-Trump del oficialismo libertario se chocó de frente con la cruda realidad de la política imperial. Mientras la Cancillería argentina, bajo las órdenes de Pablo Quirno, emitía comunicados destacando el “liderazgo de María Corina Machado” y exigiendo que Edmundo González Urrutia tome el poder, Trump les marcó la cancha por televisión. El presidente norteamericano desestimó a la líder de la derecha venezolana afirmando no tener el respeto necesario para gobernar en esta transición, prefiriendo por ahora negociar directamente con figuras del régimen como Delcy Rodríguez bajo presión militar. Este desplante dejó al gobierno de Milei en offside, obligando a sus funcionarios a realizar malabares discursivos para seguir aplaudiendo a un Trump que ni siquiera se molesta en consultar a sus aliados más fieles antes de descartar a sus candidatos naturales.

La complicidad de los que solo denuncian por redes

El arco político argentino se dividió entre el apoyo carnal al invasor y la retórica estéril. Figuras como Patricia Bullrich y Diego Santilli utilizaron la tragedia venezolana para lanzar sus propias campañas locales, tildando de tibio a cualquier sector que pusiera reparos a la invasión y prometiendo liberar provincias argentinas con la misma lógica con la que se bombardea Caracas. Bullrich, incluso, se presentó en el Obelisco para arengar a la diáspora venezolana, asegurando que “la Argentina está dispuesta a participar de esta transición”, una confesión de que el gobierno busca involucrar a nuestro país en las tareas de ocupación y saqueo que ordene el Pentágono.

Desde el otro lado, los principales referentes del Partido Justicialista intentaron diferenciarse con una tibieza más que alarmante. Cristina Fernández de Kirchner denunció la violación de la Carta de la ONU y el objetivo de apoderarse del petróleo, mientras que el gobernador Axel Kicillof advirtió sobre el “peligroso precedente” que sienta este hecho. Sin embargo, en ninguna de estas declaraciones aparece la palabra clave: movilización. El PJ y el kirchnerismo se limitan a la denuncia institucional y al posteo en redes sociales, evitando convocar a sus bases a las calles para enfrentar de forma activa la invasión yanqui en la región. Su estrategia de esperar y confiar en las instituciones que el propio Trump ya declaró muertas es, en la práctica, una forma de permitir que el hecho consumado se consolide.

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Fuera el imperialismo de América Latina

Denunciamos con toda nuestra fuerza tanto el accionar criminal de los Estados Unidos como la postura cipaya del gobierno de Milei. Desde el MST y la Liga Internacional Socialista hemos sido y somos opositores por izquierda al régimen burocrático de Maduro y denunciamos permanentemente su carácter autoritario, represivo y la miseria a la que arrastró al pueblo. Sin embargo, sostenemos que el destino de Venezuela debe ser decidido exclusivamente por la clase trabajadora y el pueblo venezolano.

La caída de un gobierno opresor es tarea de su propio pueblo organizado. Jamás será una victoria si viene de la mano de los bombardeos yanquis o de los mismos que ayudaron a instalar dictaduras sangrientas en todo nuestro continente.

El gobierno de Milei, al entregar la soberanía nacional y subordinar nuestra seguridad a las órdenes de la CIA y el Comando Sur, pone en riesgo a todo el pueblo argentino. Es urgente romper con este modelo de sumisión colonial que nos ata a los designios del FMI y los Estados Unidos. La verdadera solidaridad internacionalista no se expresa en comunicados de cancillerías, sino en la unidad de los pueblos en lucha contra el saqueo y la opresión imperialista.

Por todo esto, desde el MST en el Frente de Izquierda Unidad, llamamos a todas las organizaciones sociales, políticas y sindicales que se digan antiimperialistas a ganar las calles. Este lunes 5 de enero, a las 17 horas, nos movilizamos nuevamente a la Embajada de Estados Unidos.

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