Benito Antonio Martínez Ocasio —Benito, hijo de Benito— recuesta su cuerpo contra una silla de terciopelo rojo en el momento exacto en que el británico Harry Styles anuncia que DtMF ha ganado la categoría “Mejor Álbum del Año” en la 68.ª edición de los Premios Grammy. Ya todos los presentes se han levantado en frenéticos aplausos; Benito se queda en su lugar, intenta contener las lágrimas. No puede. Llora hasta su llegada al escenario.
DtMF es el primer álbum en español en ganar esta categoría. El logro de Benito, alias Bad Bunny, ocurre en uno de los momentos de mayor tensión política y despertar social en Estados Unidos. En medio de un despliegue sin precedentes de agentes del ICE y otros cuerpos de inmigración en varias ciudades del país. Las redadas han resultado en la detención de al menos 328 mil personas y en la muerte de una treintena; entre los casos más recientes está el asesinato de los observadores Renée Nicole Good y Alex Jeffrey Pretti.
“Puerto Rico, créeme cuando te digo que somos mucho más grandes que 100 x 35 (100 millas de largo por 35 millas de ancho) y no existe nada que no podamos lograr”, es lo primero que dice Benito en español al sostener el gramófono. “Gracias, mami, por parirme en Puerto Rico”.
Continúa en inglés: “We are humans, and we are Americans”.
Los medios traducirían la última frase como “somos humanos y somos estadounidenses”; pero en lo más profundo —quizá de forma medio ingenua— creo que Benito no solo les habló a los estadounidenses. Creo que le habló a un continente entero, colonizado y neocolonizado. El idioma es estratégico y los yankees lo saben bien. Creo que Martínez Ocasio, nacido en la ciudad cañera de Vega Baja, nos hablaba a todos los que nacimos en tierra robada.
Fue una gala abiertamente política: varios artistas se burlaron de Trump y otros insultaron a ICE de una forma más o menos explícita. Gestos, no validación real. Gestos.
Detrás de los Grammy hay una industria musical capitalista que no nos legitima, sino que —como señala el periodista cultural cubano Rafael González Escalona— actúa por puro instinto de supervivencia corporativa. Una industria que ya admite no tener el lujo de seguir ignorando a nosotros: los pobres, los migrantes, la clase trabajadora.
La Bayamesa y la Borinqueña
No busco en Bad Bunny algo que sé que no voy a encontrar. Bad Bunny no es Víctor Jara, en plena dictadura chilena. No es Mercedes Sosa. No es un prócer latinoamericano y no intenta serlo. Tampoco va a boicotear el medio tiempo del Super Bowl —uno de los eventos más televisados y monetizados en Estados Unidos—, donde este año él es el artista principal.
Si bien ha manifestado ciertas posturas independentistas, Bad Bunny no ha hecho pública su afiliación política. Benito no ha hablado de forma explícita sobre el genocidio en Gaza, aunque durante uno de sus conciertos en Puerto Rico invitó al escenario a la cantante iLe, quien, en un intermedio de la canción Lo que pasó en Hawái, dijo alto y claro: “Libertad para Palestina y viva Puerto Rico libre”.
Sin embargo, Lo que pasó en Hawái resultó ser a finales de 2025 el soundtrack de miles de videos de pueblos y comunidades oprimidas que inundaron las redes sociales; muchos de ellos grabados desde la mismísima Franja de Gaza. Vi algunos sobre Cuba y lloré. Lloré sola y lloré desde lejos, con otros compañeros de la diáspora y el exilio.
“Aquí nadie quiso irse, quien se fue sueña con volver”, se escuchaba de fondo mientras circulaban imágenes de un malecón que alguna vez fue nuestro punto de encuentro.
Quieren quitarme el río y también la playa. Quieren al barrio mío y que abuelita se vaya. No, no suelte’ la bandera ni olvide’ el lelolai. Que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawái.
A pocos días del lanzamiento de DtMF, cuando muchos antillanos estábamos en un trance melancólico, el ensayista Julio César Guanche, figura de la izquierda crítica cubana, recordaba en sus redes sociales cómo en 2011 —centenario del cine boricua— un extraordinario grupo de artistas puertorriqueños viajó al Festival Internacional del Cine Latinoamericano de La Habana. Entre ellos estaba Jacobo Morales, nominado al Óscar y director del clásico Dios los cría.
Jacobo, a sus 90 años, es el protagonista de la película que acompaña DtMF. Es Jacobo quien dice: “Mientras uno esté vivo, uno debe amar lo más que pueda”. Es Jacobo a quien un joven le paga 30 pesos por un café y un quesito en el filme. Es el mismo Jacobo que protagoniza, al final del video, una escena extraordinaria en Un baile inolvidable.
En su análisis, Guanche también recuerda que a Cuba y a Puerto Rico nos une algo más que el mar Caribe, las palmas, las frutas, los cañaverales, la herencia taína y los vestigios de la lengua arawak. Ellos, Borinquen; nosotros, Cubanacán.
“La bandera puertorriqueña fue creada en 1895 por exiliados cubanos y boricuas en Nueva York, miembros de la Sección Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano. Ambas banderas nacieron de la imaginación republicana (y masónica). La aspiración de formar una república, de José Martí, Antonio Maceo, Ramón Emeterio Betances y Eugenio María de Hostos, es una aspiración común de nuestras dos islas hasta hoy”, escribe. “El himno nacional cubano, La Bayamesa, es primo hermano de La Borinqueña”.
En el periódico Patria, el apóstol de Cuba, José Martí, sentencia: “Cuando el pueblo oía ‘La Borinqueña’, sentía algo más que el deseo de bailar una danza encantadora, y tenía algo inexplicable que lo electrificaba; el gemido profundo y pausado de un pueblo que padece los horrores de una tutela cruel”.
¿Será que algo similar nos produce escuchar esta versión más politizada de Benito? ¿O será que, como en los tiempos de La Borinqueña, necesitamos un soundtrack para los momentos de lucha que se gestan?
Más allá de DtMF, me remito al tema Una velita, lanzado por Bad Bunny en 2024 y dedicado a las 5 000 víctimas del huracán María. La canción habla de una tormenta que se avecina: lluvia, ríos crecidos, vientos intensos, pero sobre todo de la existencia de un gobierno que no va a dar respuesta porque no lo ha hecho antes.
La palma en la que quieren ahorcar el país. Un día de estos la vamo’ a tumbar
Los tambores que sostienen el diseño casi simulan un canto de guerra, de esos que podrían haber resonado en las barracas de los esclavos instantes antes de una insurrección. Algo se avecina, porque algo ya está en marcha en el Caribe centroamericano, y no es —al menos no esta vez— un nuevo huracán.
Otra tormenta toca a la puerta
El secuestro de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero marcó un punto crucial en la Doctrina Monroe con respecto a toda la región. Veinte días después, el presidente Donald Trump firmaría una orden ejecutiva para la imposición de aranceles adicionales a quienes vendiera o suministrara petróleo crudo o derivados a Cuba. Una medida destinada a profundizar el ahogo económico y a utilizar el hambre y la energía como armas políticas para forzar un cambio de régimen.
Hasta ese momento, Venezuela proveía cerca de 30 mil barriles diarios, lo que representaba entre el 30 y el 40 % de las necesidades de la isla.
En lo que va de enero, Cuba apenas recibió 84 900 barriles en una única entrega mexicana. El resultado es una crisis energética brutal: apagones de más de 12 horas y provincias enteras con apenas dos o cuatro horas de electricidad por día. Medios internacionales vaticinan un quiebre completo del sistema eléctrico en menos de un mes.
En un reciente comunicado, la agrupación de la izquierda crítica cubana Socialistas en Lucha (SeL) emitía una alerta dirigida a quienes celebran estas políticas como un camino hacia el derrumbe del gobierno autoritario encabezado por Miguel Díaz-Canel. En ese marco, las negociaciones entre figuras del poder venezolano, como la exvicepresidenta Delcy Rodríguez, y la Casa Blanca dejan en evidencia que el imperialismo no busca liberar a los pueblos, sino reordenar gobiernos a su conveniencia.
Con la misma claridad, señalaban que el imperialismo no era el único responsable de la realidad que atraviesa de punta a punta la isla. El accionar del Partido Comunista (PC) ha sido determinante en el colapso social, económico y político que vive Cuba.
Hace mucho tiempo, quienes gobiernan dejaron de pensar en el socialismo y traicionaron al pueblo, aferrándose a una lógica de poder burocrática, autoritaria y profundamente conservadora.
Con el gobierno no me envíen na’. Que esos cabrone’ lo van a esconder. Van pa’ la calle, pa’ fotos na’ má’. Por mi toditos se pueden joder
Hoy Cuba es un país con un envejecimiento poblacional cercano al 25 %, con pensiones que no alcanzan para cubrir la canasta básica y con un sistema de salud pública depauperado que empuja a amplios sectores de la población hacia un mercado informal dolarizado. El sistema educativo se encuentra en estado de alarma, mientras que los servicios hidráulicos no están garantizados, el transporte es precario y faltan condiciones mínimas de higiene y de vida digna. A este escenario se suma la represión política: alrededor de 1 185 presas y presos políticos por ejercer derechos elementales.
Por ahí viene tormenta ¿Quién nos va a salvar?
¿La respuesta? ¿la solución? Ya la dio el mismísimo Benito: la señal está dada y no la quieren ver. Falta que el boricua decida despertar.
Solo la apertura real de los derechos políticos, el reconocimiento del pluralismo social, la legalización de la organización independiente y la restitución de la soberanía popular pueden reconstruir un horizonte compartido y devolver legitimidad al proyecto socialista. Un proyecto con la fuerza de todos, capaz de hacer frente a los imperialismos. Porque quien dice boricua, dice cubano, dice latino, dice obrero, dice clase trabajadora internacional.
Recuerden que to’ somo’ de aquí. Al pueblo, salvarse le toca al pueblo.



