Desde este viernes rige un nuevo cuadro tarifario en los peajes del Sistema Vial Integrado del Atlántico. El aumento alcanza hasta el 8,29% y encarece los viajes por las rutas 2, 11 y 74, justo antes de un fin de semana largo. Mientras viajar se vuelve cada vez más caro, el acceso al turismo y al descanso queda nuevamente condicionado por la capacidad de pago de las familias trabajadoras.
Viajar se vuelve un lujo
Viajar a la Costa Atlántica será más caro desde este viernes. El Gobierno bonaerense autorizó un nuevo aumento en los peajes del Sistema Vial Integrado del Atlántico (SVIA), administrado por AUBASA, que alcanza a las principales rutas utilizadas para llegar a Mar del Plata y otros destinos turísticos. La actualización fue oficializada mediante la Resolución 760/2026 del Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos bonaerense.
El incremento llega además en la antesala de un fin de semana largo, cuando miles de personas se trasladan hacia la Costa. El nuevo esquema alcanza a las estaciones de Samborombón y Maipú, sobre la Ruta 2; La Huella y Mar Chiquita, sobre la Ruta 11; y General Madariaga, en la Ruta 74.
El problema no es solamente cuánto cuesta atravesar una cabina. El peaje se suma a una larga lista de gastos que pesan sobre quienes intentan tomarse unos días de descanso: combustible, alojamiento, comida y transporte.
Para una familia trabajadora, cada aumento termina reduciendo la posibilidad de acceder a unas vacaciones. El derecho al descanso, que debería formar parte de las condiciones de vida de cualquier trabajador, queda cada vez más atado al nivel de ingresos.
Y esto ocurre mientras los salarios siguen teniendo dificultades para recuperar el poder adquisitivo perdido. El resultado es que actividades que antes podían formar parte del presupuesto familiar pasan a convertirse en gastos difíciles de afrontar.
Más peajes ¿para qué?
Desde la Provincia se sostiene que las actualizaciones tarifarias permiten financiar las obras que realiza AUBASA. El plan de inversiones para 2024-2027 contempla 25 obras y proyectos, con una inversión estimada en $354.481 millones sobre 786 kilómetros de rutas, autopistas y autovías.
La discusión, entonces, no debería limitarse a si una ruta necesita mantenimiento. Claro que las rutas necesitan obras, seguridad y conservación. La cuestión es quién debe garantizar esas condiciones y quién termina pagando por ellas.
El esquema de peajes transforma el uso de infraestructura vial en un costo directo para quienes circulan. Y cuanto más aumenta la tarifa, mayor es la presión sobre quienes necesitan utilizar el automóvil para trabajar, viajar o trasladarse.
El derecho a circular no debería depender del bolsillo
Los aumentos de los peajes también ponen sobre la mesa una discusión más profunda sobre el modelo vial. El acceso a las rutas y autopistas es una necesidad social, no un lujo.
Cuando cada servicio esencial se convierte en una fuente de ingresos mediante tarifas crecientes, el costo termina trasladándose a los usuarios. El Estado garantiza la infraestructura, mientras quienes circulan deben afrontar sucesivas actualizaciones para utilizarla.
En ese sentido, el debate no debería ser solamente cuánto aumenta el peaje, sino qué modelo de transporte y de infraestructura queremos.
El ajuste también llega por las rutas
El nuevo aumento vuelve a mostrar cómo el encarecimiento del costo de vida no se limita a los alimentos o los servicios públicos. También alcanza la movilidad.
Para quienes tienen salarios suficientes, un aumento en el peaje puede representar apenas un gasto adicional. Para quienes viven con ingresos ajustados, puede significar directamente renunciar a un viaje.
Mientras se discute permanentemente sobre competitividad, inversiones y eficiencia, hay una pregunta que queda relegada: ¿qué lugar ocupa el bienestar de quienes trabajan y sostienen la economía todos los días?
Porque si viajar, descansar y trasladarse se vuelve cada vez más caro, el problema no es solamente el precio de una cabina de peaje. Es una sociedad en la que hasta el derecho a circular y disfrutar de unos días de descanso queda condicionado por el bolsillo.


