Ajuste libertario. El 77% de las familias dejó de comer bien

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El modelo económico del gobierno de Javier Milei continúa demostrando su verdadera cara en la vida diaria de los trabajadores. La brutal pérdida del poder adquisitivo y el congelamiento de los salarios han provocado una catástrofe social sin precedentes en las familias argentinas. Toda esta dramática realidad se observa de manera clara en el trabajo de campo elaborado por el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCI)[i]. Mediante un relevamiento directo en más de 1.300 hogares, el estudio desnuda las gravísimas consecuencias de un ajuste que vacía las mesas populares y empuja a millones de personas a la desesperación alimentaria.

Según el último Índice Barrial de Precios, una familia de cuatro integrantes necesitó $1.418.443 tan solo para cubrir la Canasta Básica Total y no caer por debajo del nivel de la pobreza. Esta inmensa cifra equivale directamente a cuadruplicar el actual salario mínimo, vital y móvil. En el escalón más bajo de la pirámide, esa misma familia requirió de $630.419 de ingresos netos exclusivamente para comprar sus alimentos imprescindibles y no caer definitivamente en la indigencia.

Alimentos prohibidos y recortes en el plato

La triste estadística de los ingresos insuficientes tiene un correlato inmediato sobre la nutrición familiar. La inmensa mayoría de la población atraviesa actualmente por un estado de inseguridad alimentaria severa. El dato más alarmante de todo el informe del ISEPCI indica que el 77% de los hogares entrevistados se vio en la estricta obligación de dejar de consumir productos esenciales como lácteos, carnes, verduras, frutas, cereales o legumbres por el hecho de que no hay plata. La cruda realidad marca que hoy en día comprar carne o un maple de huevos se ha convertido en un verdadero artículo de lujo para la clase obrera argentina.

Este drástico cambio en la dieta de los sectores populares se genera por la relación directa que hay entre el brutal aumento de los precios y la total desaparición de alimentos básicos en los hogares. Durante los primeros 5 meses del 2026, productos de primerísima necesidad que conforman la base alimentaria de cualquier familia han sufrido aumentos demenciales. La leche aumentó un 25%, el azúcar y las manzanas casi un 17%, y el pan y las lentejas superaron el 15% de incremento. Incluso los cortes de carne tradicionalmente más populares sufrieron remarcaciones exorbitantes, con el espinazo trepando casi un 33% y la paleta acercándose al 30%. Los salarios no alcanzan a cubrir la mitad del mes y las familias se ven forzadas a reemplazar las comidas nutritivas por opciones mucho más económicas y perjudiciales para la salud.

Radiografía de la Crisis Social (ISEPCI 2026)
77%
Hogares redujeron consumo esencial
66%
Hogares eliminaron comidas diarias

Inflación por producto (%)

¿Deudas impiden comprar alimentos?

La deuda como mecanismo de supervivencia

La imposibilidad material de llegar a fin de mes ha generado un fenómeno perverso en el seno de la clase trabajadora. Para intentar sostener un consumo mínimo, las familias se ven empujadas de forma sistemática hacia el endeudamiento doméstico constante. Los trabajadores se ven en la estricta obligación de recurrir a los préstamos de las tarjetas de crédito tradicionales, a pedir fiado en el negocio de cercanía y a utilizar compulsivamente las líneas de financiamiento usureras que ofrecen las distintas billeteras virtuales.

Todo este laberinto financiero al que son sometidos los sectores populares termina generando un círculo vicioso del cual es casi imposible salir. De acuerdo al sondeo del ISEPCI, más de 4 de cada 10 familias comen menos en la actualidad simplemente para poder pagar las cuotas de sus deudas acumuladas. El 43% de los encuestados afirmó de forma tajante que sus obligaciones financieras les impiden disponer de dinero en efectivo para comprar la totalidad de los alimentos necesarios durante el mes. La asfixia llega a tal punto que el 66% de los hogares admitió haber eliminado al menos una de sus comidas diarias por razones exclusivamente económicas.

La mentira de la estabilización

Toda esta dramática situación social se desarrolla bajo un marco general de supuesta desaceleración de la inflación. El gobierno celebra mensualmente la estabilidad numérica del Índice de Precios al Consumidor (IPC), pero es importante que se señale que el descenso en el ritmo de los aumentos no genera ninguna mejora real en el poder adquisitivo de los asalariados. La inflación logró perforar la barrera del 2% únicamente porque el consumo popular sufrió un desplome brutal.

La gente no compra productos básicos porque sus ingresos se encuentran absolutamente congelados y pulverizados. Las ventas minoristas en los negocios de cercanía no dejan de caer y la actividad comercial de las pequeñas empresas acumula un fuerte retroceso en lo que va del año. Todo este clima económico recesivo demuestra que la celebración libertaria por la baja de la inflación se asienta de manera exclusiva sobre las mesas vacías de millones de familias. Los números macroeconómicos que festeja el gobierno se construyen sobre la base del sufrimiento social, el hambre infantil y el empobrecimiento generalizado de un pueblo trabajador que todos los días es atacado por las políticas destructivas de la casta que nos gobierna


[i] http://isepci.org.ar/hay-ruido-de-platos-vacios-el-deterioro-de-la-alimentacion-de-los-trabajadores-y-trabajadoras-se-acelera/

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