En el marco del tradicional Coloquio de IDEA, un evento que reúne a los principales dueños del poder económico y dirigentes empresariales del país, el presidente Javier Milei realizó una presentación por videollamada desde París, donde encabeza la comitiva del Argentina Week.
En un discurso plagado de promesas, fantasías financieras y ataques a sus críticos, el mandatario pintó un escenario económico que choca con los indicadores negativos que se conocieron hace unos días. Su principal objetivo fue intentar convencer a un empresariado que, si bien aplaude de pie el feroz ajuste sobre los trabajadores, comienza a demandar mayor previsibilidad ante el temor de un estallido que ponga en riesgo sus negocios.
El espejismo libertario frente al temblor económico
Mientras el INDEC y diversas consultoras advierten sobre un aumento dramático de la pobreza (que ya asfixia a 15 millones de personas), la suba del desempleo y la caída de la actividad económica y el PBI, Milei prefirió lisa y llanamente obviar esta realidad. Desde la capital francesa, donde se pasea acompañado por su gabinete, un séquito de gobernadores aliados y empresarios de primera línea en busca de inversiones para lavar la deteriorada imagen del gobierno, el presidente se enfocó en un discurso cargado de un optimismo impostado de cara al futuro.
Ante unos 1000 asistentes al coloquio, Milei aseguró que “no vamos a cesar en reformas estructurales” y prometió que “si ganamos [las elecciones de 2027], la velocidad será única e irrepetible“. En su intervención, el mandatario afirmó que “los procesos de crecimiento no son instantáneos” y que el país necesita “volver a crecer”tras “100 años de decadencia“. No hay que leer mucho entre líneas para entender que esta declaración funciona como una burda excusa. El presidente le pide a la gente que soporte el hambre, la desocupación y la pérdida del poder adquisitivo en el presente, a cambio de un supuesto derrame de riqueza futuro que en este tiempo se ha demostrado que jamás llega a las bases.
El nivel de caradurez alcanzó su punto máximo cuando, a pesar de los brutales recortes al presupuesto universitario y el ataque sistemático a la ciencia, Milei sorprendió al afirmar: “Nuestra gran apuesta es al capital humano y la apertura“. Como si viviera en una realidad paralela, expresó su deseo de que Argentina se convierta en “un hub de la inteligencia artificial“, prometiendo “salarios enormes y caída de la pobreza fabulosa por efecto riqueza“. No existe desarrollo tecnológico posible confiable y sustentable, cuando se desfinancia la educación pública y se empuja a los docentes e investigadores bajo la línea de pobreza. Es un discurso armado exclusivamente para seducir a las corporaciones tecnológicas internacionales, totalmente desconectado del desastre productivo nacional.
Para poder sostener todo este discurso cargado de fantasías, su intervención incluyó sus habituales críticas a la prensa y a la oposición. Ante el periodista José Del Rio, Milei cuestionó: “Usted tiene colegas que se ponen mal cuando salen datos buenos y celebran los datos malos“, acusando de reproducir datos oficiales de contracción económica de forma “maliciosa“. En cuanto a sus adversarios políticos, los tildó de “energúmenos que tratan de romper todo y que no tienen ningún problema en hacerlo“. Al ser consultado sobre el crecimiento de figuras opositoras, respondió de manera tajante y soberbia: “No me importa. Mi rival soy yo mismo“. Este tipo de ataques, además de ser presentados como algunos de sus ya comunes exabruptos, lo que en realidad esconden es la necesidad de dar explicaciones sobre los problemas reales. Hoy, por ejemplo, si existen 15 millones de personas en la pobreza, no es por lo que puedan decir los medios o algún opositor. Si suceden estas cuestiones es lisa y llanamente producto del programa libertario de este gobierno.
Reformas a medida, complicidad judicial y el temor de los dueños del poder
El núcleo duro de la presentación de Milei estuvo dirigido a ratificar su lealtad absoluta al programa del Fondo Monetario Internacional. En este sentido, adelantó que, si las condiciones económicas lo permiten, el año próximo se avanzaría con una nueva reforma previsional. Fiel a su estilo de culpar a los sectores más vulnerables, explicó que “el 75% del gasto público en Argentina es gasto social que tiene que ver con las jubilaciones y los programas sociales“, argumentando que dicha reforma requiere “un mercado laboral que avance en la formalización“. Lo que Milei llama “formalización” es, en el idioma del establishment, la precarización laboral absoluta. Y su advertencia sobre el gasto social confirma que el objetivo sigue siendo exprimir a los jubilados para garantizar el pago de la deuda fraudulenta.
Este desastre social que viene realizando el gobierno cuenta con el aval de distintos poderes del Estado. Hace dos días, la Corte Suprema de Justicia emitió un fallo bochornoso que habilita la compra de tierras por parte de extranjeros sin ningún tipo de limitaciones, barriendo con los topes de la Ley de Tierras Rurales y regalando la soberanía sobre nuestros bienes comunes, reservas de agua dulce y minerales estratégicos. Al ser consultado sobre este tema, Milei evitó posicionarse y se lavó las manos apelando a una supuesta división de poderes: “Estamos en una república. Hay división de poderes y funciona… lo que dice la Corte es decisión de la corte y no tengo por qué estar metiéndome en lo que decida. De eso se trata el republicanismo… Me parece fantástico que falle acorde a lo que le parece correcto“. Detrás de este repentino respeto republicano se esconde una complicidad evidente. A Milei le parece “fantástico” porque tres jueces le acaban de hacer el trabajo sucio, despejando el camino para el remate del territorio argentino al mejor postor extranjero, en sintonía con las “oportunidades” que él mismo fue a ofrecer a París.
Frente a todo este escenario, el sector empresarial representado en IDEA juega su propio partido. Fabián Kon, presidente del coloquio y CEO del Grupo Financiero Galicia (una de las entidades con la mayor cartera de deuda del país), expresó sin titubeos: “Apoyamos todas las medidas y reformas que el país está haciendo“. Es lógico que el círculo rojo celebre la reciente reforma laboral, que el propio Milei destacó con orgullo reaccionario afirmando que “ni los militares se animaron a hacerla“, ya que les permite abaratar despidos y pisotear conquistas históricas del movimiento obrero.
Sin embargo, detrás de los aplausos se esconde una profunda preocupación por la estabilidad a largo plazo. Cuando los empresarios, en boca de Kon, señalan que “estabilidad son contratos que se cumplen“, no están pidiendo paz social ni el fin de la pobreza. Están exigiendo garantías institucionales. Como, por ejemplo, que el saqueo legalizado a través del RIGI no será revertido por un futuro gobierno si la paciencia popular se agota. Temen que la brutalidad de la recesión y el descontento en las calles dinamiten la estructura política de La Libertad Avanza antes de las elecciones de 2027.
La presentación de Milei en el Coloquio de IDEA expone con crudeza las tensiones de un gobierno que busca sostener su relato frente a una realidad que cruje. Mientras el presidente promete un futuro próspero condicionado a su reelección, el gran empresariado exige blindaje para sus ganancias extraordinarias en medio de un clima de incertidumbre total.
Ante la alianza explícita entre un gobierno ajustador, una Justicia cómplice que remata nuestras tierras y un poder económico que busca maximizar su rentabilidad a costa del hambre de las mayorías, la salida no puede ser la pasividad. Por eso, la invitación es a organizarnos de manera urgente y ganar las calles para movilizar contra del escandaloso fallo de la Corte Suprema. Esta pelea tiene que funcionar como el trampolín ideal para seguir motorizando toda esa fuerza que ya se vio movilizada y organizada durante la Marcha de la Bronca. La movilización y la organización resultan más indispensables que nunca para enfrentar las políticas de ajuste, defender nuestra soberanía territorial y frenar este saqueo sistemático contra la clase trabajadora


