En medio de una repentina malvinización libertaria, el gobierno de Milei intenta subirse a las declaraciones de Trump sobre el Reino Unido para imprimir un discurso de soberanía tan oportunista como falso. En un movimiento completamente unilateral y sin coordinación con la Casa Blanca, el presidente se juega un all-in con la denominada “Causa Sagrada” de la Argentina. Es un chiste de mal gusto que este patriotismo de última hora provenga de un autodenominado admirador de Margaret Thatcher, un reivindicador del pinochetismo y un lacayo confeso del imperialismo norteamericano.
El mismo personaje que hace pocos meses tildaba de mononeuronales a los jugadores de la Selección Argentina por festejar con la bandera de Malvinas luego de ganarle a Inglaterra, hoy busca con desesperación tapar el momento complicado del gobierno colgándose de un chantaje geopolítico ajeno, un oportunismo del que ya se hacen eco medios internacionales como The Wall Street Journal. Sin embargo, este relato de cartón contrasta con la realidad económica y los intereses de los sectores que el propio poder político representa. La prueba más rotunda de esta contradicción quedó expuesta cuando el editorialista Jorge Liotti reveló la participación del empresario sionista Eduardo Elsztain como accionista en la Falkland Islands Company (FIC), la empresa británica central que maneja los hilos económicos y políticos de las Islas.
El patriotismo del mercado
El conocimiento público de estas inversiones obligó al experto en especulación inmobiliaria, presidente de IRSA y uno de los empresarios más cercanos a Milei a salir a aclarar los tantos.
A través de una carta, intentó justificar lo injustificable e intentar dejar a salvo su imagen. En su defensa, ensayó argumentos históricos rebuscados (citando los intentos de compra de la FIC por parte de Perón y del empresario metalúrgico César Cao Saravia en los años 70) y apeló a un recuerdo personal sobre su abuelo Isaac para sostener que la participación empresarial era clave para solucionar la cuestión de la soberanía.
Elsztain relató que la idea era comprar la firma (FIC) para aceitar la negociación diplomática con el Reino Unido y que, en 2017, intentó quedarse con el control mayoritario. Sin embargo, en un revés a la supuesta cultura liberal inglesa, el gobierno británico encabezado por Theresa May bloqueó la operación, dejándolo como un accionista minoritario con una tenencia cercana al 2%.
A pesar de estas excusas, el elemento central que se cuela en la discusión es que al empresariado, ya sea nacional o internacional, no le importa el rol que pueda jugar la empresa en la que invierte frente a los intereses de su país. Su accionar se enfila primero por la obtención de ganancias propias; jamás se ordenaría por la verdadera causa que representa Malvinas frente a una potencia imperialista.
El conocimiento de estas inversiones dinamita el posicionamiento pro-Malvinas de Milei, por más que desde el gobierno salgan a defender al magnate que le prestó el Hotel Libertador como búnker presidencial, siendo el canciller Pablo Quirno el primero en brindarle un escandaloso respaldo público.
El prontuario de un especulador
Para entender cómo se mueve este personaje hay que repasar brevemente su verdadera actuación política y económica. Eduardo Elsztain representa la síntesis de un capitalismo parasitario y rentista. Su meteórico ascenso comenzó a principios de los 90, cuando viajó a Nueva York y convenció al especulador financiero George Soros de invertir en el mercado inmobiliario argentino, aprovechando el proceso de desregulación y privatizaciones del menemismo.
A partir de allí, Elsztain construyó un emporio (IRSA y Cresud) estructurado sobre la apropiación privada de bienes comunes y la utilización del Estado como garante de rentabilidad, manteniendo excelentes vínculos con todos los gobiernos de turno, incluyendo fuertes lazos de negocios con la gestión de Horacio Rodríguez Larreta en la Ciudad de Buenos Aires. Su trayectoria se resume en tres grandes ejes de expoliación:
- El dueño del real estate y la gentrificación: Se apropia de espacios urbanos públicos (shoppings, edificios del Estado a precio de remate) y desplaza a los sectores populares mediante la especulación inmobiliaria.
- Agronegocio y desmonte: A través de Cresud, administra cientos de miles de hectáreas en la región con un modelo de monocultivo intensivo, asociado a la deforestación masiva de bosques nativos y el desplazamiento de comunidades originarias en el norte del país.
- Lobby global y paraísos fiscales: Con sociedades offshore en Bermudas o la Isla de Man, y desde su rol como vicepresidente del Congreso Judío Mundial, opera como un engranaje fundamental entre los mandatos del capital financiero internacional y la política local, siendo además el puente que conectó a Javier Milei con las altas esferas del sionismo internacional.
Contradicciones al descubierto
Pero lo de Elsztain no es el único caso donde las supuestas sanciones de Milei colisionan con empresas que hacen negocios bajo el ala colonial británica. Mientras la Cancillería habla, los servicios de internet satelital de Starlink (propiedad del magnate reaccionario Elon Musk, ídolo absoluto del presidente) ya operan libremente en las Islas. Todo esto sucede luego de que el propio Milei le otorgara contratos millonarios y sin licitación a la empresa de Musk para conectar escuelas rurales argentinas. El pasar de los días mostrará la determinación y lo consecuente que pude llegar a ser el mandatario libertario con sus sanciones.
A esto se suma el escándalo alrededor del RIGI. Firmas que hoy participan de las enormes exenciones fiscales y aduaneras de este plan de entrega gubernamental se encuentran metidas de lleno en los negocios extractivistas y de exploración hidrocarburífera que se están realizando en el Atlántico Sur alrededor del proyecto petrolero británico Sea Lion. Estas operadoras demuestran que las políticas de sanciones anunciadas por el gobierno son una farsa insostenible.
Ninguna solución soberana vendrá de la mano de Milei
Toda esta nueva política oportunista del Milei malvinero, que en unos pocos meses cambia de posición de manera radical, tiene un único fin: intentar tapar la profunda debilidad política y económica por la que atraviesa la gestión libertaria.
Casos como el de Elsztain, Starlink o las petroleras del RIGI son la muestra empírica de que es imposible hacer despegar una política de recuperación de soberanía de nuestras Islas por medio del empresariado, sencillamente porque todos están manchados con sus propios negocios y atados al capital transnacional.
Ninguna solución soberana puede venir de la mano de Javier Milei. Con el prontuario político e ideológico que ostenta el presidente, es una ilusión esperar una defensa real del territorio mientras los ingleses sigan usurpando las Islas y mientras el gobierno argentino siga arrodillado, ejecutando a ciegas los designios geopolíticos de Donald Trump.

