Mendigando ayuda. Caputo en el G20 y su encuentro con Bessent

El viaje de Luis Caputo al G20 en busca de fondos y apoyo financiero

El gobierno necesita mostrar que todavía tiene crédito político entre los dueños del mundo. En medio de un escenario interno donde las presiones del establishment ya empiezan a exigir esas señales de reactivación económica que tanto les prometieron, el ministro de Economía, Luis Caputo, armó las valijas rumbo a Estados Unidos. El destino es Asheville, Carolina del Norte, donde participará de la cumbre de Finanzas del G20. Pero detrás de los paneles protocolares y las fotos de rigor, el verdadero objetivo de esta excursión es sostener la ficción libertaria frente a los mercados y suplicar nuevos apoyos, con el costo que estos pueden llegar a tener.

La comitiva oficial, integrada por el presidente del Banco Central, Santiago Bausili; el viceministro de Economía, José Luis Daza; y el vicepresidente de la entidad monetaria, Vladimir Werning, aterrizó en el lujoso Omni Grove Park Inn. Allí, Caputo tendrá su momento estelar como orador principal en un panel sobre “crecimiento y desregulación“. Sin embargo, la verdadera rosca se dará en los pasillos, donde el titular del Palacio de Hacienda buscará desesperadamente dos encuentros clave: uno con la jefa del FMI, Kristalina Georgieva, y otro (el más importante) con el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent.

El factor Bessent: crónica de una entrega financiera

Que Caputo ande desesperado por cruzarse otra vez con Bessent es totalmente lógico si miramos un poco para atrás. Este multimillonario ex inversor de fondos buitre, devenido en el hombre fuerte de las finanzas de Donald Trump, es uno de los arquitectos de la dependencia que hoy ata al gobierno de Javier Milei con Washington. El historial de Bessent en el país es una muestra obscena de cómo el imperialismo yanqui utiliza la economía argentina como su propio casino para venir a timbear a lo grande.

La relación de este personaje comenzó en abril de 2025, cuando Bessent viajó a la Argentina en una visita exprés para dar el aval político necesario ante los organismos internacionales. Ese encuentro fue la llave que destrabó el visto bueno del Tesoro de EE.UU. para que el Fondo Monetario Internacional firmara un nuevo programa con el gobierno libertario, consolidando el tutelaje económico.

Meses después, en octubre de 2025 y acorralado antes de las elecciones legislativas de medio término, el oficialismo recibió un salvataje político orquestado directamente por Bessent: un swap por US$ 20.000 millones. El Tesoro inyectó divisas, frenó la corrida y habilitó la timba de Wall Street utilizando bancos como Santander, Citi y JP Morgan para comprar letras en pesos a precio de remate.

Finalmente, en la etapa post-elecciones, con el panorama político ya definido, la fuga y la usura quedaron garantizadas. Los especuladores desarmaron sus posiciones en pesos y recompraron dólares baratos, llevándose una ganancia estimada del 10%. Esa maniobra le costó al Banco Central el pago de casi US$ 18 millones solo en intereses, transformando una supuesta ayuda en una deuda soberana completamente turbia. Mientras Bessent se jactaba en redes sociales de haber generado ganancias para el pueblo estadounidense, el BCRA sumaba un pasivo brutal a su balance. Fue la demostración perfecta de cómo, para el gobierno de Milei, regalar la soberanía nacional es el precio a pagar para recibir favores políticos.

Con todos los problemas de Trump, Argentina no es la primera en la fila

A pesar de la genuflexión de la Casa Rosada, el G20 queda muy lejos de transformarse en un paseo triunfal para Caputo. La administración de Bessent llega a esta cumbre con dolores de cabeza mucho más urgentes que el destino del modelo libertario.

La economía estadounidense atraviesa turbulencias severas: el aumento de la deuda pública llevó las tasas de los bonos del Tesoro a niveles récord en los últimos 20 años. Al mismo tiempo, la agenda de Washington está secuestrada por la geopolítica. Bessent tiene como prioridad endurecer la “Operación Paria Económica” (las sanciones financieras contra Irán) y alinear a sus socios en la guerra comercial y arancelaria contra China.

Sumado a esto, el gobierno de Donald Trump se encuentra a escasos meses de las elecciones legislativas de noviembre de 2026, donde los republicanos se juegan el control del Capitolio. En este tablero, Argentina es apenas un peón periférico. Las posibilidades de que Caputo vuelva con fondos frescos de la administración norteamericana son complicadas cuando las prioridades del imperio están enfocadas en su supervivencia política y económica.

Georgieva y el espejismo de los dólares frescos

La otra carta que busca jugar el ministro es forzar un encuentro con Kristalina Georgieva. Aunque la titular del FMI visitó recientemente la Argentina (con paseo incluido por Vaca Muerta) y repartió elogios sobre la baja de la inflación, su mensaje fue bastante claro: no hay plata.

Georgieva ya dejó en claro que no habrá ampliación de financiamiento hasta que el gobierno no muestre un esquema de crecimiento equilibrado. Sin embargo, acorralado por la sequía de reservas reales y la presión del establishment, Caputo sigue mendigando un parche que le permita sostener el esquema cambiario un par de meses más.

La economía real frente a la fantasía del G20

Es indignante observar el contraste entre la agenda internacional del ministro y la realidad que sufren millones de familias. Mientras Caputo disertará sobre los éxitos de la desregulación económica frente a los banqueros del mundo, el país cruje bajo el peso de un ajuste salvaje.

El relato que el gobierno busca vender en el G20 contrasta violentamente contra los números reales y el padecimiento diario de la clase trabajadora. Cuando se paran frente a los micrófonos y celebran la estabilidad macroeconómica, en Argentina hay 6 millones de personas asfixiadas por la morosidad, incapaces de pagar las tarjetas y los créditos básicos que usaron para comprar comida. Mientras exportan el espejismo del crecimiento y la desregulación, puertas adentro la realidad golpea con una destrucción masiva de empleo, persianas de fábricas cerradas y un mercado laboral dominado por la precarización absoluta. Y cuando festejan la supuesta confianza de los mercados, omiten que esos números se sostienen sobre la base de salarios pulverizados que ya ni siquiera logran cubrir una canasta básica de alimentos cada vez más inalcanzable.

Romper las cadenas para frenar la decadencia

El tour financiero de Luis Caputo por Carolina del Norte es la radiografía de un modelo agotado que solo se sostiene entregando el país a los designios de Washington y Wall Street. Este tipo de cumbres solo se centran en garantizar que la rueda de la usura internacional siga girando a costa del hambre de la clase trabajadora.

No hay salida posible dentro de los marcos que dictan el FMI o el Tesoro estadounidense. Para evitar que nuestro país siga funcionando como el casino privado de especuladores como Scott Bessent, es fundamental romper de forma definitiva con estos organismos.

La única manera de frenar el saqueo es nacionalizar el sistema bancario y el comercio exterior bajo el control democrático de los trabajadores. Solo mediante la expropiación sin indemnización de la banca privada y las grandes exportadoras, se podrá evitar la fuga de capitales y centralizar el ahorro nacional. Esos recursos, que hoy se destinan a pagar intereses usureros, deben ser reasignados de urgencia para reactivar la industria, generar empleo genuino y recomponer los salarios. Mientras no enfrentemos en las calles a este gobierno ajustador y no rompamos las cadenas del imperialismo, las deudas seguirán siendo nuestras y las ganancias, siempre, se las llevarán ellos. Por eso, el próximo 19 de septiembre tenemos que salir a copar todo en la Marcha de la Bronca. Es el puntapié ideal para empezar a construir desde abajo, en la calle, esa fuerza que realmente necesitamos para terminar de una vez por todas con el gobierno de Milei.

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