A 143 años de la muerte de Karl Marx, Javier Milei volvió a invocarlo para acusarlo de “satanista” y responsabilizar al marxismo por los males del mundo. Con citas sacadas de contexto, interpretaciones conspiranoicas y ninguna discusión seria sobre la obra del revolucionario alemán, el Presidente evita debatir sobre las contradicciones del capitalismo que Marx desnudó hace más de un siglo. Mientras Milei busca demonizar a la izquierda, sus verdaderos “demonios” siguen siendo quienes enfrentan en las calles su ajuste contra la clase trabajadora.
Un exorcismo imposible
Un 14 de marzo de 1883 falleció en Londres uno de los ideólogos más importantes del socialismo científico, Karl Marx. Han pasado 143 años y las ideas de Marx lo traen constantemente a la actualidad, como un espectro al que no pueden enterrar.
En un reciente discurso en el colegio ORT, Javier Milei volvió a invocar el espíritu de Marx para debatir con él. El problema con el que se encontró el Presidente es el de quien quiere citar a un autor sin haber leído sus obras.
En este nuevo capítulo de la política argentina, el mandatario define al capitalismo como el sistema de Dios y, por el contrario, sostiene que Karl Marx profesaba una suerte de satanismo: “El marxismo no es simplemente una teoría económica alternativa con errores técnicos corregibles; es algo mucho más serio. Se autodeclara como una teoría satánica. Marx era satanista, sus propios textos de juventud lo revelan”, sostuvo Milei.
Para sostener este argumento, se remontó al texto Oulanem, una obra de teatro poética, escrita de forma fragmentaria por Marx en 1839, donde uno de sus personajes sostiene: “Pronto abrazaré la Eternidad y aullaré la gigantesca maldición de la Humanidad en su oído”.
El texto, en sí, atraviesa debates filosóficos y diferentes posturas acerca de la moral, la religión, el honor y la muerte, entre otras cosas. Confundir una obra literaria, sea del autor que fuere, con un manifiesto político o religioso habla de los análisis sesgados y conspiranoicos de un gobierno que, en vez de hablar del aumento del desempleo, prefiere satanizar fantasmas.
Por supuesto, no hay evidencia histórica alguna que sostenga que Marx fuera parte de un culto a Satán. Él sostenía que “la religión era el opio de los pueblos”, sin distinguir entre los diferentes cultos.
En su discurso, Milei continúa afirmando que “no es una acusación retórica, es una descripción de la cosmovisión que es la raíz del sistema, y esa cosmovisión engendra el conjunto de valores morales que son exactamente opuestos a los valores judeocristianos”.
¿Pero de qué se tratan estos valores? Aquí es donde podemos observar la verdadera razón por la cual el Presidente elige apuntar hacia Marx. Luego de sostener —sin dato alguno— que las ideas de Marx apuntaban al “exterminio físico de individuos” y que provocaron “más de 100 millones de muertos” por “ocupar el lugar del creador”, cabe preguntarse: ¿Cuál es ese lugar que balbucea Milei?
Prosigue su discurso sosteniendo que el socialismo pone al “Estado como dios sustituto”, bajo un ambicioso intento de “reemplazar el orden divino sobre el orden humano”.
¿Qué establece el “programa satánico” de Marx?
La capacidad del líder libertario para analizar textos podría llevarlo a decir que Nietzsche asesinó a Dios o que Harper Lee lo estafó al nunca enseñarle cómo matar a un ruiseñor. Pero no. Por algo apuntó hacia Marx y, casi al final, nos lo revela.
La verdadera razón por la cual Milei se enfrenta a Marx es para “satanizar” —difícilmente encaje mejor otra palabra— a la teoría que desnuda el funcionamiento del capitalismo, donde los patrones se enriquecen a instancias de los trabajadores. “El orden divino” que invoca Milei no es más que la divinidad detrás de la cual se escondían los reyes en la Edad Media para condenar a la pobreza a millones de campesinos.
Trotsky sintetizaba muy bien la postura de los revolucionarios ante la religión cuando, en su testamento, sostuvo: “Moriré siendo un revolucionario proletario, un marxista, un materialista dialéctico y, en consecuencia, un ateo irreconciliable”. Pero el ateísmo que encarna el marxismo no tiene nada que ver con ninguna adoración a diablos u otros dioses, sino todo lo contrario.
La demonización de Milei hacia el marxismo —aun con sus rudimentarias herramientas teóricas y falseando la verdad— es una respuesta ante el crecimiento de la visibilidad de la izquierda frente al fracaso rotundo de su gestión.
Somos los marxistas los únicos que cuestionamos los engranajes principales de este sistema que perpetúa la opresión y la explotación. Milei evoca a Marx, pero no debate sobre la teoría del valor, la gestación del plusvalor ni la caída tendencial de la tasa de ganancia. El Presidente elige algunos fragmentos aislados de una obra literaria de Marx para llamarlo satanista. Prefiere enfrentar enemigos imaginarios antes que a un adversario al que sabe que no le puede ganar.
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Los demonios que ve Milei
Por otro lado, Milei ve demonios cada vez que mira al marxismo porque somos quienes lo enfrentamos desde el primer momento. Cuestionamos el Protocolo Antipiquetes en 2023, luchamos contra el DNU 70/23 y la Ley Ómnibus, contra la reforma laboral y el ajuste en la salud, la educación, las universidades, la ciencia y la tecnología. Estuvimos en las calles denunciando los despidos y movilizándonos junto a los jubilados. Fuimos parte de la marea que desbarató la modificación de la Ley de Tierras y volveremos a convertirnos en la peor pesadilla de Milei este 19 de septiembre, en la Marcha de la Bronca, para levantar nuevamente todos los reclamos de la clase trabajadora.

