¿Cuerpos soberanos o fábricas de capital humano? Aborto, subrogación y la mercantilización de la vida

El repudio feminista a la adhesión del gobierno al Consenso de Ginebra

En su reciente discurso de cierre en el Consejo de las Américas, Javier Milei volvió a explicitar la postura reaccionaria de su programa económico y social. Al atacar directamente la Ley N° 27.610 de Interrupción Voluntaria del Embarazo, el presidente afirmó que “estamos pagando muy caro la locura de los pañuelitos verdes” al referirse a la tasa de población y natalidad, lo que aparentemente destruye el crecimiento económico y al sistema previsional.

Esta caracterización, donde califica la conquista del aborto legal como una “pasión por asesinar niños en el vientre de la madre”, para la lógica del capital que Milei representa, los cuerpos de las mujeres y personas gestantes no son soberanos ni portadores de derechos o deseos; son meros instrumentos de reproducción y fábricas biológicas destinadas a generar fuerza de trabajo barata y futura mano de obra para el mercado.

Este planteo se instaló en el plano diplomático con la firma de la adhesión de Argentina al Consenso de Ginebra, que lejos de ser un tratado para la protección de la salud, constituye una alianza internacional de extrema derecha diseñada para luchar contra la autonomía reproductiva y el derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos.

Parir en la miseria y la hipocresía sobre las niñeces

El discurso oficial que promueve el Consenso de Ginebra sostiene que “el niño necesita salvaguardas y cuidados especiales antes y después del nacimiento”. Sin embargo, la coyuntura de la política económica demuestra una asquerosa hipocresía: las infancias solo importan antes de nacer. En el día a día, el ajuste que ejerce el gobierno golpea de forma criminal a las infancias, en su alimentación, en su salud y educación pública. En un contexto nacional marcado por la precarización y el desabastecimiento, la desnutrición infantil avanza mientras el gobierno utiliza la “defensa de la vida” como una cortina de humo ideológica bajo la excusa de la batalla cultural. Esta ofensiva de la motosierra arremete sobre la educación a través del desfinanciamiento y se complementa también con el ataque ideológico a la Educación Sexual Integral con discursos reaccionarios.

Es el propio capitalismo el que, al precarizar de forma absoluta la existencia y atentar contra las condiciones materiales básicas, destruye toda posibilidad de garantizar un presente y planificar un futuro. La caída de la natalidad es una consecuencia directa de estas condiciones socioeconómicas intolerables, pero en lugar de garantizar salarios dignos, vivienda o salud integral, el sistema evade el resolver las causas estructurales y pretende forzar una vuelta a un paradigma ultraconservador. Quieren obligarnos a parir mientras el propio Estado obstaculiza el acceso a la salud reproductiva desfinanciando y desarticulando programas nacionales como el de Salud Sexual y el Programa Remediar.

La mercantilización de nuestros cuerpos

Cuando la derecha y los sectores de poder promueven discursos que anulan la soberanía de los cuerpos, abren la puerta a que la capacidad de gestar sea tratada como una mercancía en el mercado.

En un sistema donde el control sobre la autonomía reproductiva es absoluto y las mujeres son reducidas a su mera función biológica, la subrogación de vientres bajo el capitalismo no representa un ejercicio de libre elección o de modernidad. Por el contrario, es la mercantilización cruda de los cuerpos donde las mujeres de los sectores más empobrecidos se ven empujadas a alquilar o vender su capacidad gestacional como forma de supervivencia económica frente al hambre. Esto no es más que el mercado legalizando que quienes poseen el poder adquisitivo compren el cuerpo, el tiempo y la biología de los cuerpos gestantes para satisfacer sus propios deseos de ma/paternidad.

El capitalismo no tiene límites éticos, nos despoja del territorio, destruye nuestras tierras, nos privatiza el malestar, y ahora también pretende transformar nuestros úteros en fábricas privadas de bebés para el consumo de los ricos.

¿Qué infancias les importan?

La contradicción de este tipo de discurso pro-vida no se limita a nuestras fronteras. Quienes hoy en Argentina firman el Consenso de Ginebra bajo el pretexto de que “el niño necesita salvaguardas y cuidados especiales antes y después del nacimiento”, son los mismos que apoyan abiertamente el genocidio sionista contra el pueblo palestino.

Nos preguntamos entonces ¿Qué infancias les importan? Porque mientras Milei ataca la ley de aborto en nombre de la “reposición” de la población, el Estado de Israel bombardea hospitales, escuelas y masacra niños y niñas todos los días. Para los defensores del capital, los niños palestinos asesinados no merecen cuidados ni compasión alguna; no son más que vidas despojadas con el fin de borrar todo indice cultural, étnico, símbolos de pertenencia y memoria que vincule a este pueblo con su territorio. Es en este sentido, que el asesinato de mujeres, niños y niñas adquieren una expresión atroz; es un plan sistemático para que Palestina no pueda ponerse de pie.

Esa es su verdadera cara: por un lado, una ideología conservadora y reproductiva para obligar a parir a las mujeres vulnerables y proveer mano de obra precarizada al mercado y por otro, una indiferencia cruel frente a la masacre de las infancias de los pueblos oprimidos.

Santa cruz y el vaciamiento de la salud reproductiva

La mentira de los discursos oficiales no es exclusiva del gobierno nacional, sino que en la provincia de Santa Cruz se replica bajo las ideas de orden y eficiencia fiscal. El gobernador Claudio Vidal junto con Lorena Ross, actual ministra de salud de la provincia, festejaron una licitación centralizada de medicamentos con el fin de cumplir un histórico ahorro y abastecimiento. Pero la ministra admitió que esta entrega solo representa un suministro para cubrir dos o tres meses de abastecimiento.

Esto demuestra la vulnerabilidad a la que exponen al sistema de salud público, porque se traduce en desabastecimiento paulatino: al llegar los medicamentos en periodos tan espaciados si una salita, dispensario u hospital de la provincia se queda sin stock de insumos, esto no es repuesto atentando así contra los elementos fundamentales para la salud de la población.

La situación es crítica porque en un contexto de profunda crisis social esta provisión a cuentagotas es una bomba de tiempo. Este tipo de estrategias ignora y no responde a una demanda en la salud pública que se dispara constantemente y de manera exponencial. La cuenta es simple: a mayor desempleo y recortes en las obras sociales, mayor es la demanda en un sistema de salud que ya está saturado.

A raíz del colapso en obras sociales, hay un incremento de afiliados que acuden a la atención en hospitales o centros de atención primaria porque los consultorios privados suspenden la atención o exigen aranceles de altísimo costo. Sumado a esto, la alta tasa de desempleo o los numerosos empleos informales que no generan cobertura médica, dejan desamparadas a muchísimas familias santacruceñas. Es en este escenario donde la salud pública se vuelve trinchera de supervivencia.

Obligar a la provincia a depender de cargamentos en periodos espaciados cada dos o tres meses es el proceso perfecto para el desabastecimiento sistemático de insumos claves, en especial de anticonceptivos y de Misoprostol. No es un uso eficiente de los fondos; es descargar el costo de la crisis sobre nuestros cuerpos y sobre nuestros derechos.

Nuestra respuesta: infancias libres, cuerpos soberanos

Frente a esta avanzada ultraderechista que pretende volver a la sumisión doméstica y tratar a las niñeces como capital de reposición, debemos plantarnos como claros polos de resistencia.

Sostenemos que las infancias no son objetos ni de diseño ni de intercambio ni recursos demográficos para sostener las ganancias a los dueños del poder: las infancias son sujetos de derecho, de deseo, de juego y de futuro.

Tampoco creemos que la única salida sea adaptarnos a retroceder en nuestras conquistas colectivas. La Ley 27.610 de Interrupción Voluntaria del Embarazo está vigente y fue arrancada con años de movilización en las calles.

Por todo esto, nuestra apuesta debe ser inmensa: construir un feminismo que sea internacionalista y de clase, que dé la pelea a fondo contra la violencia a nuestros cuerpos y a nuestros territorios. Defender nuestras infancias, nuestra salud y nuestra autonomía reproductiva es la mejor rebelión contra un sistema capitalista y patriarcal que pretende ponerle precio a nuestras vidas.

Por un futuro socialista donde el deseo sea el único motor para decidir parir o no parir; donde el juego y la alegría no sean el privilegio de unas pocas infancias, sino el suelo firme para que cada niñez que pise esta tierra tenga garantizado el derecho a una vida digna.

Por Mara Espinosa

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