A pesar del relato. La economía cae en el segundo trimestre

La caída del PBI en el segundo trimestre y el retroceso de la economía argentina

De acuerdo a las estimaciones de varias consultoras privadas, el Producto Bruto Interno (PBI) argentino registró una caída desestacionalizada de entre el 0,5% y el 1% durante el segundo trimestre de 2026 respecto a los primeros tres meses del año. Estos números contrastan con las expectativas previas del mercado, que en el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) pronosticaban una expansión del 0,6% para ese mismo período. Lejos de consolidar el crecimiento del 0,7% que se había observado en el primer trimestre, la economía real muestra signos de un claro retroceso.

El desplome generalizado está fuertemente anclado en la destrucción de sectores estratégicos del país. La contracción productiva se explica, fundamentalmente, por el severo deterioro en rubros clave que dinamizan la economía, como la industria, la construcción y la actividad comercial. En esta misma línea, la demanda interna se encuentra completamente frenada, acompañada por un escenario donde se destaca la fuerte caída tanto del consumo como de la inversión.

Frente a esta debacle, el gobierno se aferra a los únicos números positivos que arroja su modelo. Si la caída de la economía no resulta ser aún más profunda, es pura y exclusivamente porque está siendo amortiguada por el crecimiento de las exportaciones, impulsadas por sectores extractivistas como el agro, la minería, el gas y el petróleo. Sin embargo, este supuesto auge extractivista, al que también se suman sectores como la intermediación financiera, termina primarizando la producción argentina, genera pasivos ambientales altamente contaminantes, se apropia de los territorios y no deja ganancias tangibles para el desarrollo del país.

A su vez, esta matriz productiva no representa ninguna solución para la crisis que atraviesa el universo del trabajo, dado que las actividades extractivistas que pican en punta no necesitan de gran cantidad de mano de obra. Mientras el grueso de las actividades económicas languidece, el mercado laboral entra en una fase crítica. El empleo privado formal de calidad se sigue destruyendo por goteo constante. Los únicos puestos que florecen en este desolador paisaje económico son aquellos ligados a la informalidad o al monotributo, caracterizados por ingresos mucho menores a los que tenían los puestos formales que hoy desaparecen. Estos empleos precarizados, sin aportes ni derechos laborales, raras veces consiguen alcanzar siquiera el valor de la canasta alimentaria, en un contexto donde se estima que la desocupación abierta rondará el 7,7%.

Es en este preciso escenario de estancamiento, destrucción del entramado productivo y precarización laboral donde el discurso oficial choca contra la realidad. “Los próximos 18 meses van a ser los mejores que Argentina haya visto en las últimas décadas”, prometió hace unas semanas el ministro de Economía, Luis Caputo.

Los datos que se vienen publicando desestiman brutalmente el relato libertario y ese horizonte de bonanza prometido. Queda claro que en este rumbo no habrá ningún tipo de progreso ni de mejora para las mayorías populares. Mientras no exista una verdadera discusión democrática sobre la producción necesaria en el país, planificada y realizada por el conjunto de los trabajadores, y mientras tengamos un gobierno que solo priorice los negocios y las ganancias de los capitales concentrados, el resultado final siempre será el mismo: la riqueza para unos pocos y el ajuste permanente para el resto.

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