El “éxito” del Gobierno. Menos argentinos pueden viajar

El déficit del turismo internacional cayó un 27% durante el primer semestre de 2026. Sin embargo, lejos de responder a un auge del turismo receptivo, la reducción se explica principalmente porque cada vez menos argentinos pueden costear un viaje al exterior. La caída del salario real y el encarecimiento del dólar para las familias modificaron el flujo de viajeros, reflejando el impacto del ajuste sobre el consumo.

El ajuste también cambia las vacaciones

El déficit de la balanza turística mostró una disminución del 27% interanual en los primeros seis meses del año. También descendió la cantidad de argentinos que viajaron fuera del país, reduciendo la salida de divisas. Para el Gobierno, el dato representa una mejora en el frente externo. Sin embargo, el propio análisis económico señala que detrás de esa reducción aparecen dos factores centrales: un tipo de cambio menos favorable para el turismo emisivo y el deterioro del poder adquisitivo de los salarios.

En otras palabras, el “mejor” resultado no responde a que Argentina haya logrado atraer masivamente visitantes extranjeros ni a un fortalecimiento del sector turístico nacional. La explicación principal es que viajar al exterior se volvió inaccesible para una parte creciente de la población.

Durante los últimos meses, los ingresos de los trabajadores quedaron rezagados frente al aumento del costo de vida y al encarecimiento de numerosos bienes y servicios. A eso se sumó un esquema cambiario que volvió más costosos los viajes internacionales para quienes cobran sus ingresos en pesos. El resultado fue una retracción de la demanda turística. Muchas familias que hasta hace pocos años podían planificar vacaciones en países limítrofes o destinos más lejanos directamente dejaron de viajar o redujeron sus días de descanso. Lejos de ser una decisión voluntaria, la menor salida de turistas expresa una pérdida de capacidad de consumo.

Un superávit que nace de la crisis

Desde el oficialismo suelen celebrarse este tipo de indicadores porque implican una menor salida de dólares. Sin embargo, es necesario preguntarse de dónde proviene esa mejora.

No se trata de un crecimiento de la producción nacional ni de una expansión del turismo receptivo capaz de generar más empleo y divisas. Se trata, en buena medida, de que millones de trabajadores perdieron capacidad para acceder a consumos que antes formaban parte de su horizonte.

Es la misma lógica que explica la caída del consumo de carne, el aumento de la morosidad de las familias y el crecimiento del cuentapropismo: las cuentas macroeconómicas mejoran, pero a costa de un deterioro de las condiciones de vida de la mayoría.

La otra cara del “orden económico”

El Gobierno presenta la estabilidad cambiaria y el equilibrio de algunas variables externas como señales del éxito de su programa económico.

Sin embargo, detrás de esos números aparecen salarios deprimidos, consumo estancado y familias que resignan gastos para llegar a fin de mes. Que disminuya el déficit turístico porque menos argentinos pueden viajar al exterior difícilmente pueda considerarse una buena noticia.

El dato vuelve a reflejar una característica central del modelo de Milei: los indicadores macroeconómicos pueden mostrar cierta mejora, pero esa estabilidad se sostiene sobre una transferencia permanente del costo del ajuste hacia los trabajadores. Cuando las familias dejan de viajar, consumir o acceder a bienes básicos para equilibrar las cuentas nacionales, el problema ya no es el turismo: es el modelo económico que convierte derechos y consumos populares en privilegios para unos pocos.

Otras noticias

Somos un medio de y para los trabajadores
No tenemos pauta ni aportes de empresarios

Si valorás nuestra voz, sumate a bancarla

Colaborá con nosotros