Piratería, cultura y negocios. El juicio de Zoowoman

En estos días en España se lleva adelante el juicio al youtuber, del canal la Filmoteca Maldita, Fernando conocido como el “Feo” por infringir las leyes de derecho de autor con una página, sin fines de lucro, de difusión de películas descatalogadas e independientes llamada Zoowoman. El caso tomó relevancia porque el sitio web es usado como filmografía en muchas carreras universitarias y por un debate de fondo que genera.

¿La propiedad de los derechos de distribución de una película van por encima del derecho a visualizarla por parte del público cuando ya superó con creces su época de circulación mainstream? ¿Cómo se enfrentan el derecho a cobrar por crear con el derecho al disfrute?

Propiedad Privada contra derecho social

El caso empieza en Octubre de 2021, cuando un grupo de cinco policías, vestidos como si fueran a allanar un bunker de drogas, aparecieron en la casa de el feo, junto a varios miembros de la Brigada de Delitos Digitales y una delegada judicial, amparados por una orden impulsada por el magnate Enrique Cerezo, que llegaron al domicilio con la intención de incautar todos sus dispositivos de trabajo y almacenamiento: discos duros, teléfonos y ordenadores.

Enrique Cerezo es dueño de EGEDA, FlixOlé o Video Mercury Films que son una de las productoras de cine más importante de España, una distribuidora que tiene el 80% del catálogo del cine Español y una plataforma que brinda el mayor catálogo de cine Español con 4000 películas.

Es decir, la obra de Zoowoman no se enfrentaba con los creadores sino con un monopolio del cine Español que muestra y deja de mostrar las películas en base a su propio deseo y criterio económico.

Una relación con historia

La reproducción ilegal de piezas de arte o cultura no es algo nuevo, desde la fotocopia de libros, lala copia de cassettes, VHS, luego cds o dvds fueron formas de acercar contenidos culturales a las masas y para sectores populares una forma de hacer una pequeña suma de dinero que les permitiera subsistir.

Las campañas publicitarias contra los VHS truchos en los 90 o el locutor hablando encima de una canción, generando una marca de agua, son historias clásicas de quienes copiamos algún contenido de manera análoga.

La irrupción de internet masificó las formas en que se difunde material artístico primero con programas persona a persona o p2p su sigla en inglés como Napster, Emule y otros. Frente a esta novedad la industria discográfica alzó la voz contra el ataque a sus ganancias y Metallica llevó a juicio a los creadores de Napster.

Aunque la reacción de los artistas fue ambigua ante la capacidad de difusión del internet, la amplitud de acceso que daba y la crisis que generaba a la industria. Ale Sergi, de Miranda, defendió a quienes consumen música de manera “ilegal” al afirmar que se la pasaba en los 2000 firmando discos truchos porque la gente los tenía para escuchar su música. Trent Reznor, Nine Inch Nails, decidió dar discos en alta calidad digital de manera gratuita, Sistema of a Down sacó “steal this álbum” cuya estética era la de un disco copiado mostrando que no les molestaba la piratería, NOFX festejaba la muerte de las disqueras en “Dinosaurs Will die” y había reacciones de varios artistas en caminos similares.

¿Por qué sucedió esto? Porque el artista se llevaba muy poco de lo que eran las ganancias del disco y en general su entrada estaba, y está, en el show en vivo y la venta de merch. Ya que según un informe elaborado en 2010 de U$S 1000 ganados 23 corresponden a la banda. En las plataformas como Spotify el ingreso de los artistas es todavía menor.

¿Cuál es la situación del cine?

El cine es un arte industrial con una necesidad de equipo técnico que no tiene otro tipo de arte, con una cantidad de personal que dependiendo el tipo de obra puede pasar de un grupo chico a cientos o superior a las mil personas. La mayoría de las producciones requieren de un financiamiento previo para costear la vida de quienes trabajan en su realización y pocas veces quienes trabajan en la misma ven más dinero luego de ser finalizada la producción.

Rodrigo Moreno en una nota publicada en otros cines contaba que la distribución en DVD nunca le daba dinero a los productores y realizadores independientes sino solo pérdidas.

Por otro lado, la  Encuesta Federal de Producción Audiovisual 2023 mostró que solo un 2,9% de las productoras ganaban más de 50 millones al años y el plan de subsidios del INCAA era uno de los mayores impulsores de esas producciones.

A la vez, el streaming paga por comprar los derechos de distribución pero no hace públicos los datos de reproducción por lo que no se puede exigir regalías por reproducción.

Todos estos elementos nos hacen discutir ¿Cuándo se crea una página que difunde películas a quién perjudica? A directores, trabajadores audiovisuales y actores no porque ellos vuelven a ver valorado su trabajo y algunos vuelven a tener oportunidades gracias a las mismas.

Las personas que se quejan no son quienes realizan la obra sino quienes se benefician económicamente de ella, quienes compran arte como activo de refugio económico capaz de dar un extra monetario al funcionar algunas veces como burbuja.

El valor de Zoowoman

El cine como arte a tenido mucho material perdido en distintas épocas que gracias al esfuerzo de distintas personas, sin intención de ganar dinero, han vuelto a poder ver la luz como Metrópolis, un clásico del cine alemán que reapareció gracias a una copia encontrada en Argentina. Lo que intentaba Zoowoman era garantizar que está situación no sea lo que sufrieran las obras del cine Español.

A la vez, como sucede, con mucho cine de distintos directores clásicos, el cine histórico no tiene rédito económico para las distribuidoras y por lo tanto no lo muestran, internet es la única forma de que quienes son cinéfilos, realizadores o críticos puedan acceder a esas obras.

Por eso, exigir que se declare inocente a “El Feo” y que se restituya Zoowoman es garantizar el derecho social al arte de todos.

El arte no debería ser propiedad de un grupo de ricos sino un elemento de disfrute colectivo, la propiedad privada de las obras es una demostración de la distorsión y perversión de este sistema. Defendamos a quienes luchan por permitir la socialización del arte y cuidan nuestro patrimonio colectivo.

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