Los negocios con Estados Unidos siguen en pie y la entrega del territorio nacional al país que gobierna Donald Trump continúa profundizándose a diario. Lo que sucede actualmente con el Mar Argentino es una muestra alarmante de esta política de sumisión. El gobierno nacional firmó un acuerdo con el Comando Sur norteamericano disfrazado bajo el nombre de “Programa para la Protección de los Bienes Comunes Globales”. Semejante pacto le otorga facultades de patrullaje y monitoreo a la armada estadounidense sobre nuestras aguas soberanas durante los próximos cinco años.
La gravedad del contenido de este arreglo se potencia con la forma humillante en que fue comunicado a la sociedad. El presidente Javier Milei y el Ministerio de Defensa guardaron un silencio absoluto sobre esta decisión. La noticia fue anunciada directamente por la Embajada de los Estados Unidos en Argentina mediante una publicación en sus redes sociales oficiales. La oficina dirigida por el embajador Peter Lamelas y el propio Comando Sur se encargaron de promocionar esta intromisión extranjera como un éxito conjunto. El oficialismo libertario permitió que una sede diplomática foránea anuncie los planes de nuestra defensa nacional.
El programa diseñado por Washington incluye la instalación inmediata de una cámara especializada a bordo de una aeronave de patrullaje marítimo de nuestro país. El Comando Sur confirmó que la iniciativa sumará equipamiento avanzado y entrenamiento de élite para interceptar presuntas amenazas en el Atlántico Sur. Toda esta transferencia de tecnología disimula la imposición de una vigilancia extranjera permanente sobre un área vital de nuestra plataforma continental.
Una puerta abierta al imperialismo
Este tipo de acuerdos significa regalarle a Estados Unidos la llave de acceso directo para concretar cualquier intromisión sobre nuestro territorio soberano. El gobierno de Javier Milei le abre la puerta al Pentágono y presta nuestro espacio marítimo para que el imperialismo norteamericano intente sumar capital en su disputa por la hegemonía global contra China. Washington utiliza a nuestro país como un simple instrumento para alejar a sus rivales de una zona estratégica que funciona como puerta de acceso a la Antártida y a recursos naturales invaluables.
Toda esta subordinación oficial ya tuvo un antecedente escandaloso semanas atrás mediante la realización de diferentes ejercicios navales conjuntos. En aquella oportunidad la armada nacional se rindió ante la visita del imponente portaaviones nuclear USS Nimitz para realizar operaciones combinadas en el mar argentino. Las autoridades locales celebraron esa presencia extranjera como un hito histórico de cooperación militar. El alineamiento automático de la Casa Rosada transforma nuestras aguas en un campo de entrenamiento libre para las potencias del norte.
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Mientras las fuerzas extranjeras operan libremente en nuestra Zona Económica Exclusiva, los negocios corporativos avanzan con total impunidad sobre nuestros bienes y riquezas. La entrega se consolida de forma descarada con las exploraciones petrolíferas proyectadas alrededor de las Islas Malvinas. El consorcio que pretende explotar la Cuenca Malvinas Norte agrupa a la compañía canadiense Eco Atlantic junto a la israelí Navitas y la británica Rockhopper. Toda esta avanzada extractivista cuenta con el interés directo de empresas estadounidenses y avanza frente a la inacción absoluta de las autoridades libertarias. Esta pérdida de autoridad sobre el Atlántico Sur se suma a otros atropellos en curso para beneficiar al capital privado, entre los cuales se destacan la licitación fraudulenta de la Vía Navegable Troncal del Río Paraná y la intervención privatizadora en los puertos patagónicos.
El silencio del gobierno argentino frente al robo de nuestros bienes comunes demuestra que el apoyo político y financiero de la administración Trump nunca fue gratis. Las ayudas celebradas por el presidente en el terreno económico ahora se cobran exigiendo un control total sobre nuestros recursos y territorios. El país entrega su capacidad de decisión soberana a cambio de sostener un relato de supuesta inserción en el mundo occidental.
El precio del saqueo
El maquillaje que utiliza el Comando Sur en sus comunicados es para ocultar una maniobra de carácter totalmente colonial. Llamar bien común global a nuestro mar funciona como un invento del imperialismo para justificar el robo de nuestros recursos estratégicos. Las aguas del Atlántico Sur albergan reservas pesqueras y petroleras incalculables que deben ser resguardadas de los intereses de los capitales internacionales. Con esta capitulación vergonzosa, el gobierno de Milei confirma su rol de virreinato moderno dispuesto a regalar el patrimonio argentino para favorecer a la potencia del norte.
Hay que salir a denunciar y enfrentar esta política de entrega sistemática que subordina nuestra soberanía a los intereses directos del imperialismo. La defensa de la soberanía exige rechazar cualquier pacto militar que nos subordine a los mandatos imperiales. La única salida real frente a tanta entrega exige frenar este modelo de saqueo integral y evitar a toda costa que nuestro país termine convertido en una estrella más de la bandera estadounidense.

