El presidente Javier Milei protagonizó un nuevo estallido en sus redes sociales, en esta ocasión para revivir un muerto, es decir, volver a defender al ex diputado José Luis Espert.
La desesperada reacción surgió apenas se conoció el acuerdo que Federico “Fred” Machado negocia con la justicia de los Estados Unidos. Una negociación que estalla de lleno en el tablero político local porque este empresario financió la campaña electoral de Espert y terminó extraditado por graves delitos internacionales. Frente al peso de las pruebas en su contra, el acusado decidió cambiar su estrategia judicial y negociar con la fiscalía norteamericana. El arreglo consiste en declararse culpable por los delitos de lavado de activos y fraude financiero para lograr que se le retire el cargo por narcotráfico internacional.
Entre el acceso privilegiado y la ignorancia total
El mandatario libertario se apuró a festejar el pacto judicial e intentó instalar la idea de que la inocencia de Machado ya es un hecho consumado. Esta afirmación resulta por lo menos extraña porque el arreglo todavía debe ser homologado por un juez federal del estado de Texas. El nivel de certeza que maneja el Ejecutivo sobre un fallo extranjero no emitido genera sospechas sobre los accesos y los intereses que se mueven detrás de esta causa.
El presidente argumenta que la caída del cargo por narcotráfico limpia automáticamente la imagen de Espert. Esa lectura omite un detalle fundamental al ignorar que Machado está admitiendo su culpabilidad en maniobras de lavado de dinero y estafas millonarias.
Lejos de despejar las dudas, la confirmación de estos delitos oscurece aún más el vínculo patrimonial con el actual diputado. En medio de esta argumentación endeble, el jefe de Estado aprovechó para lanzar un nuevo ataque violento contra el periodismo al calificar a los comunicadores de “basuras humanas” y acusarlos de orquestar “operaciones mediáticas infames”.
Un gabinete acorralado por escándalos propios que nadie sale a defender
Este comportamiento irascible del presidente refleja el estado de debilidad por el que atraviesa su gestión. Todo este tembladeral político se potencia de una crisis económica profunda que golpea de lleno los ingresos populares y se agrava con un descontento social que avanza al mismo ritmo que los escándalos de corrupción del Ejecutivo. La muestra más obscena de estas irregularidades lleva el nombre de Manuel Adorni. La figura del jefe de Gabinete suma fuertes críticas por dilatar la presentación de su declaración jurada en el mismo momento en que salen a la luz bienes ocultos y negocios diseñados para beneficiar a su esposa y a su hermano.
Mientras la impunidad del clan Adorni sigue desatando rebeliones internas y reclamos airados de figuras como Patricia Bullrich, las peleas en la cúpula del poder sumaron un nuevo capítulo escandaloso durante el fin de semana. El nivel de estas disputas libertarias quedó expuesto de forma descarnada al trascender que el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, manejaba la cuenta anónima @PeriodistaRufus.
El objetivo de este perfil era pegarles a los funcionarios alejados de la línea de mando trazada por Karina Milei, Lule Menem y el propio jefe de la cámara baja. Esta maniobra en las redes sociales desató un choque frontal contra el sector del asesor Santiago Caputo, desnudando una feroz guerra de facciones en el corazón del oficialismo.
Impunidad para los amigos y ajuste en las calles
El gobierno se encuentra totalmente paralizado y es incapaz de brindar una sola explicación sobre los negociados turbios que involucran a sus funcionarios más cercanos. El silencio cómplice frente al escándalo de Adorni contrasta de forma grotesca con la rapidez de Milei para defender al entorno corrupto de Espert. Resulta un acto de cinismo absoluto que el presidente se proclame del lado de la verdad en sus redes sociales mientras encubre sin pudor a su propia casta política.
Toda esta puesta en escena intenta desviar la atención del verdadero drama nacional. La promesa libertaria de mejorar la calidad de vida de las mayorías trabajadoras se consolida todos los días como una estafa imperdonable ejecutada por una gestión dedicada a proteger sus propios privilegios.

