El ministro de Economía, Luis Caputo, reapareció en la pantalla de LN+ para intentar inyectar una dosis de optimismo artificial en una sociedad golpeada por un ajuste que no da respiro. En una entrevista marcada por la complacencia, el funcionario renovó sus promesas de bienestar al afirmar que “a partir de mayo, junio, se vienen los mejores meses”. Una repetición agotadora de un guion que ya fracasó anteriormente, debido a que el propio ministro había asegurado que la recuperación comenzaría en abril.
Ante la evidencia de una realidad que no acompaña sus proyecciones, el equipo económico inventa plazos y pide una paciencia que ya casi no existe. La jugada oficialista busca pintar un futuro de bonanza mientras el presente se desintegra bajo el peso de la inflación y la caída vertical del consumo.
El optimismo del ministro se apoya en una lectura sesgada de los datos de marzo donde la industria y la construcción mostraron algunos números positivos. Caputo sostuvo con entusiasmo que la industria en el mes de marzo se recuperó fuertemente y está un 5% por arriba del año anterior. Sin embargo, omite mencionar que ese supuesto crecimiento es apenas un rebote técnico desde el fondo de una crisis profunda provocada por sus propias políticas. No existe una mejora real mientras la industria permanece paralizada y el cierre masivo de persianas en todo el país evidencia el avance de una recesión que arrasa con el entramado productivo. El funcionario ignora, adrede, la película completa del desastre económico para enfocarse en una foto aislada que le permita sostener su relato de éxito frente a las cámaras.
La crueldad del discurso oficial alcanzó niveles escandalosos cuando el ministro se refirió a la situación de pobreza que atraviesa el país. Con un descaro asombroso, Caputo puso en duda las dificultades de las mayorías al señalar que “muchas veces se repite que la gente no llega, pero habría que preguntarse quién es esa gente”. Según su visión distorsionada, quienes estaban bajo la línea de pobreza hoy se encuentran en una situación sustancialmente mejor. Esta afirmación es una burla para los millones que han caído en la pobreza o en la indigencia durante los últimos seis meses por culpa de las consecuencias de su programa.
Para completar su cuadro de irrealidad, el ministro recurrió a la anécdota personal. Caputo aseguró que vio colas en los shoppings (en publicaciones de redes sociales), como si el paseo de una minoría privilegiada fuera el termómetro de la economía real de un país con el empleo por el suelo.
El blindaje ante la corrupción de la casta libertaria
El segundo eje central de la intervención de Caputo fue la defensa cerrada de Manuel Adorni, cuya situación judicial por enriquecimiento ilícito se agrava cada día.
El ministro decidió alinearse con la postura de Javier Milei y ratificó un pacto de protección mutua dentro del gabinete nacional. Al ser consultado sobre el escándalo del patrimonio del jefe de ministros, afirmó que piensa lo mismo que el presidente y que Manuel es una persona honesta. Lo más revelador de su declaración fue el reconocimiento de que este blindaje es una garantía de supervivencia para todo el equipo de gobierno. Caputo admitió que la actitud del mandatario lo deja tranquilo, porque el día de mañana cualquiera de ellos podría estar en esa misma situación de cuestionamiento judicial.
Esta solidaridad corporativa entre funcionarios nacionales desnuda la fragilidad de una estructura política que se desintegra al ritmo de los escándalos patrimoniales. El gobierno elige blindar a sus figuras más cuestionadas porque entiende que cualquier grieta en ese esquema de defensa podría acelerar el derrumbe definitivo de su legitimidad política. Aunque, al mismo tiempo, la falta de respuestas por parte de Adorni es algo que desgasta el gobierno. En relación a esto, mientras la justicia investiga de dónde salieron los dólares para las mansiones y los lujos de Adorni, el ministro de Economía intenta minimizar el impacto político de la corrupción sobre las inversiones. Según sus palabras, “nadie va a dejar de invertir en Argentina por la declaración jurada de Adorni”. El gobierno pretende que la sociedad acepte como normal que sus representantes vivan como millonarios mientras predican la austeridad para el resto de la población.
El presidente ya les comunicó a sus ministros que prefiere perder la elección antes que soltarle la mano a su colaborador más cercano. Este posicionamiento ha despertado ruidos internos y tensiones con figuras como Patricia Bullrich, quien percibe que el costo de sostener al jefe de Gabinete es demasiado alto para la gobernabilidad. Caputo eligió ignorar estas fracturas y se sumó al coro de quienes atacan al periodismo y a la justicia por investigar lo que debería ser información pública. La transparencia se ha convertido en una amenaza para un gobierno que oculta sus papeles mientras reparte miseria.
El Súper RIGI como cortina de humo para un modelo agotado
Ante la falta de resultados concretos en la economía real, el gobierno recurre a anuncios grandilocuentes como la creación de un Súper RIGI. Caputo explicó que este sistema tendrá todavía más beneficios impositivos que el régimen original para captar industrias que hoy no están desarrollándose en el país.
Esta propuesta busca profundizar la entrega de los recursos naturales y la soberanía nacional bajo la promesa de inversiones en sectores como el procesamiento del cobre o la inteligencia artificial. Otro intento de seducir al capital financiero internacional mediante concesiones escandalosas que no garantizan la creación de empleo genuino ni el desarrollo del entramado productivo. El ministro admite que competimos contra países con mayor calidad institucional, pero su única receta es ofrecer mayores exenciones fiscales a las corporaciones.
La fragilidad de los planes oficiales queda expuesta cuando se analizan las proyecciones de inflación para los próximos meses. Aunque el ministro espera una cifra cercana al 2,5% para abril, las consultoras privadas ya advierten sobre el impacto de los nuevos aumentos en combustibles y servicios básicos que se sentirán con fuerza en mayo.
El proceso de desinflación del que se jacta Caputo es una consecuencia directa de la recesión brutal que ha secado el bolsillo de los consumidores. No hay una baja de precios por eficiencia económica, existe un desplome de la demanda porque la gente ha dejado de comprar incluso lo indispensable para alimentarse. El optimismo ministerial es una cáscara vacía que no puede ocultar el fracaso de un modelo basado en la transferencia de riqueza hacia los sectores más concentrados.
En definitiva, la entrevista de Luis Caputo fue una muestra de la desconexión total que existe entre la Casa Rosada y la calle. Mientras el ministro habla de recuperación y de shoppings llenos, la realidad en los barrios es de una angustia creciente por la falta de trabajo y la pérdida del poder adquisitivo. La defensa de Adorni termina de completar un cuadro de descomposición política donde la impunidad se ha vuelto la regla para quienes gobiernan. Es intolerable que se pida más sacrificio a los trabajadores mientras los funcionarios se cubren las espaldas para ocultar sus patrimonios injustificables.
A este gobierno de ajustadores y corruptos solo le queda el camino de la mentira para intentar tapar una crisis que escala cada día más y que amenaza con devorar sus propias promesas de cambio. La única recuperación posible vendrá de la mano de la lucha popular contra este plan de entrega y miseria.

