Reunión de urgencia y conferencia reciclada. El gobierno busca contener el “Adornigate”

Mientras el gobierno intenta ordenar su interna en una reunión clave de la mesa política, Manuel Adorni prepara una nueva conferencia de prensa atravesada por las denuncias sobre sobresueldos y el crecimiento de su patrimonio. En plena crisis, la Casa Rosada busca contener un escándalo que ya golpea el corazón del relato “anticasta” de Javier Milei.

El escándalo en un callejón

La crisis política que atraviesa el gobierno de Javier Milei sumará este martes un nuevo capítulo con la reunión de la mesa política oficialista, convocada en medio del escándalo por las denuncias sobre presuntos sobresueldos, movimientos financieros sospechosos y el crecimiento patrimonial de Manuel Adorni. Mientras el Ejecutivo intenta ordenar una interna cada vez más visible, el vocero presidencial volvería a encabezar una conferencia de prensa para intentar recuperar la iniciativa política tras el traspié de la semana pasada.

La escena expone el momento defensivo que atraviesa la Casa Rosada. Lejos de poder instalar la agenda económica o mostrar fortaleza política, el oficialismo quedó atrapado en las preguntas sobre corrupción, privilegios y manejo discrecional de fondos. La incomodidad del propio Adorni, de Luis Caputo y de otros funcionarios al ser consultados por los supuestos sobresueldos terminó amplificando un escándalo que el Gobierno no logra cerrar.

Según trascendió, la reunión de la mesa política se realizará sin la presencia de Milei, otro dato que alimenta las versiones de tensiones internas y aislamiento presidencial. Mientras tanto, el círculo más cercano al mandatario apuesta a blindar a Adorni, pese al deterioro de su imagen pública y al avance de investigaciones judiciales sobre su patrimonio y presuntas operaciones vinculadas a criptomonedas.

La estrategia oficial parece repetirse: más conferencias, menos explicaciones. En sus últimas apariciones públicas, Adorni evitó responder de manera concreta sobre el origen de los fondos con los que habría realizado compras inmobiliarias y reformas millonarias. Incluso llegó a justificar parte de su situación patrimonial con frases que generaron todavía más rechazo social.

El problema para el Gobierno es que el llamado “Adornigate” ya dejó de ser un caso aislado. Las sospechas sobre sobresueldos, contratos opacos y enriquecimiento acelerado empiezan a golpear el corazón del discurso libertario contra “la casta”. La narrativa anticorrupción que Milei utilizó para llegar al poder hoy se enfrenta a denuncias que involucran a sus propios funcionarios y que muestran prácticas históricas del poder político y empresarial argentino.

Mientras el Gobierno aplica un ajuste brutal sobre jubilados, trabajadores estatales, universidades y hospitales públicos, altos funcionarios aparecen vinculados a gastos de lujo, propiedades y posibles mecanismos de financiamiento irregular. La contradicción empieza a erosionar incluso a aliados circunstanciales del oficialismo, que observan con preocupación el costo político del escándalo.

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