Con un gol agónico de Agustina Maldonado, la Selección venció 1-0 a Venezuela y aseguró su lugar en el Mundial de Marruecos 2026. Un logro histórico que vuelve a poner sobre la mesa el crecimiento del fútbol femenino y también las deudas estructurales que todavía persisten.
La Selección Argentina femenina Sub 17 escribió una página histórica para el fútbol argentino. En Paraguay, el equipo dirigido por Christian Meloni derrotó 1-0 a Venezuela en semifinales del Sudamericano y consiguió, por primera vez, la clasificación a una Copa del Mundo de la categoría.
El gol llegó cuando el partido se moría. A los 88 minutos, la capitana Agustina Maldonado cambió por gol un penal generado por Mercedes Diz y desató el festejo de un plantel que viene construyendo este sueño desde hace años. Argentina jugará ahora la final continental y además estará en Marruecos, donde se disputará el Mundial entre octubre y noviembre de este año.

Un triunfo que no cayó del cielo
La clasificación no es casualidad ni producto de una generación aislada. Es el resultado de años de pelea de futbolistas, entrenadoras, familias y movimientos que empujaron el crecimiento del fútbol femenino en un país históricamente atravesado por el machismo deportivo.
Mientras millones se destinan al negocio del fútbol masculino, las pibas todavía entrenan muchas veces en condiciones desiguales, con menos difusión, menos recursos y salarios que siguen estando lejísimos de garantizar una verdadera profesionalización. Incluso así, siguen rompiendo techos.
Esta Sub 17 mostró personalidad, intensidad y una idea de juego clara durante todo el torneo. Terminó primera en su grupo y llegó a semifinales como uno de los equipos más sólidos del campeonato.
La imagen de Maldonado festejando el penal que selló la clasificación resume mucho más que un resultado: expresa el esfuerzo silencioso de cientos de pibas que juegan en clubes donde todavía faltan canchas, presupuesto y reconocimiento.
Un logro histórico
Cada avance del fútbol femenino argentino fue conquistado peleando contra estructuras conservadoras que históricamente relegaron a las mujeres y disidencias al margen del deporte. Desde el reclamo por contratos profesionales hasta las denuncias por violencia y discriminación, el crecimiento nunca fue un regalo de dirigentes ni sponsors: fue una conquista colectiva.
Por eso esta clasificación tiene un valor enorme. Porque ocurre en un contexto donde todavía existe una enorme desigualdad en infraestructura, cobertura mediática y apoyo institucional. Y porque demuestra que, aun así, las pibas siguen compitiendo al máximo nivel.
La clasificación al Mundial Sub 17 también confirma algo que hace tiempo viene ocurriendo: el fútbol femenino argentino ya no es una excepción ni una novedad pasajera. Es una realidad construida desde abajo, con talento, organización y lucha.
Ahora, por el título
La selección femenina disputara el próximo 9 de mayo la final del Sudamericano ante el ganador de Brasil y Chile.
Pero más allá del resultado que venga, esta camada ya quedó en la historia. Porque mientras muchos todavía discuten si vale la pena invertir en el fútbol femenino, las pibas siguen demostrando que el problema nunca fue la falta de talento, sino las barreras que tuvieron que enfrentar para poder jugar.
Seguí a las pibas por Periodismo de Izquierda

