Análisis económico. De mal en peor

Este artículo fue publicado en la edición número 864 de la revista impresa Alternativa Socialista.

Los escándalos de corrupción que rodean al gobierno no logran tapar la inestabilidad económica que se ha intensificado en los primeros meses del año. Cierre de 22.600 empresas, más de 300.000 despidos, caída récord del consumo, pérdida del poder adquisitivo del salario y servicios por las nubes completan un cuadro de terror. Las críticas del PJ sobre lo que denominan industricidio y su propuesta de poner en marcha un plan productivo que derramaría sobre los sectores populares, no solo es insuficiente sino directamente falsa. Solo la izquierda tiene propuestas anticapitalistas de fondo para cambiar de raíz este plan de entrega, de destrucción del empleo y de reformas reaccionarias.

En las últimas semanas los escándalos de corrupción de Adorni por un lado, y el propio Milei con $Libra por el otro, parecen haber colocado en un segundo plano la crisis económica que atravesamos. Pero para todos los economistas mínimamente serios, en este 2026 la misma se ha intensificado con respecto a la ya mala performance de 2025. Solo en la cabeza y en el discurso de Milei y Caputo puede caber la idea que están domando la inflación y que han bajado la pobreza. Diversos informes muestran que la crisis económica que atravesamos tiene múltiples aristas, pero las más graves pasan por la baja de la actividad productiva, que ya venía cayendo fuerte en 2025, pero que siguió profundizándose en estos primeros 3 meses del año. Sólo en 2025 se cerraron más de 10.300 empresas, y si contamos desde que asumió Milei la cifra se eleva a más de 22.500, siendo el comercio el rubro más afectado. Solo ver el mapa que contabiliza la diferencia entre empresas que cierran y las que abren a nivel nacional es más que elocuente: todas en rojo, con la excepción de Neuquén a expensas de Vaca Muerta, ya que prácticamente sólo el sector energía/hidrocarburos presenta aumento del número de empresas (7 nuevas) mientras que el 90% de las actividades desde comercio, transporte, servicios y manufacturas tiene todas saldo negativo. La breve recuperación de enero impulsada por el agro, los hidrocarburos y el sector financiero, dieron paso a una nueva contracción en febrero.

Al cierre de empresas lo acompaña, como no podía ser de otra manera, una pérdida brutal de puestos de trabajo como no se había visto en décadas, sumando más de 66.000 en Estatales y de 300.000 en el Privado. Mientras que los que conservan su trabajo ven descender sus ingresos comparados con la inflación, fundamentalmente por el cierre de paritarias a la baja generalizado y monitorizado por un gobierno que es liberal para con los empresarios pero intervencionista para con los trabajadores.

Pero también está en crisis el comercio exterior, al contrario de lo que pronosticaba Milei en sus inicios, cuando decía que la apertura económica traería ingresos de capitales y la posibilidad de importar lo que uno quisiera o necesitara. Pues bien, a más de 26 meses de gobierno, la realidad muestra que tanto las exportaciones (en casi todos los rubros) como las importaciones (sobre todo de bienes de capital) han caído en estos meses de 2026, producto sin duda de la caída de la actividad industrial y productiva, pero también porque el poder adquisitivo en general no para de caer.

El poder de compra de los salarios, que es lo que nos preocupa a todos los laburantes, no se explica solamente por las paritarias a la baja, donde la pérdida frente a la inflación real oscila entre el 10% en los sectores menos perjudicados hasta más del 50% en  sectores estatales, trabajadores informales y monotributistas. También influyen de manera importantísima el aumento de los servicios y tarifas en general, que tuvieron con Milei aumentos que superan el 200% y hasta 300%, por nombrar sólo transporte, electricidad, gas y agua. Bajado a tierra, la denominada “canasta de servicios” (alquiler, tarifas, transporte, educación y conectividad) subió un 57,5% por encima de la inflación si contamos desde noviembre pasado a marzo, pero llega a un  593% total desde que asumió Milei a la fecha.

Ahora con esta nueva “crisis del petróleo”, ocasionada por la agresión de los EEUU e Israel sobre Irán, que ha llevado el precio del barril a más de 120 dólares, ha servido de justificación para que las petroleras nacionales aumenten más del 20% el precio de los combustibles, lo que llevará, como ya sabemos, a una nueva aceleración de la inflación por encima del 3% de los últimos meses.

Inflación que, aunque Milei diga que la está demoliendo, es la que nos horada el salario mes a mes. Y que al estar el dólar planchado se traduce en una “inflación en dólares”, como la que hemos vivido en la época de la dictadura y el menemismo, llevando a que en el país de las vacas, un kilo de carne supere los 15 dólares, cuando no hace muchos años no superaba los 2 dólares.

Sin embargo, no a todos les va mal con la gestión de Caputo en Economía. Hay sectores claramente beneficiados por el plan actual y por condiciones externas también. Ya hablamos del sector de hidrocarburos, donde con los precios internacionales en alza del crudo que exportan y los aumentos que autoriza Milei para el mercado interno están haciendo ganancias extraordinarias. Lo mismo se puede decir del sector minero, con un desarrollo progresivo y enormes ganancias (la mayoría no declaradas, y ayudados por las facilidades del RIGI y la promesa de aprobación de la Reforma a la Ley de Glaciares). El sector de los grandes exportadores también se ha visto beneficiado, entre otras cosas por los altos precios internacionales (por ejemplo el trigo aportará unos U$S 2.000 millones más que la cosecha anterior). Ni qué hablar del sector financiero, que con este plan sigue siendo de los más beneficiados, con el juego de siempre que empezó con el carry trade estimulado por el propio Caputo, y también con las altas tasas de interés, los préstamos y los bonos en el exterior en un marco conveniente para ellos de “estabilidad cambiaria”, aunque no se sepa cuánto durará. Estos sectores son los que justifican que en el 2025 los números de la macroeconomía arrojaron un leve crecimiento, mientras se acompañaba de una destrucción acelerada del empleo, dado que éstas ramas no son tomadores de mano de obra intensiva. Por el contrario, en el sector de los hidrocarburos se observó un crecimiento de las ganancias (por Vaca Muerta que ya mencionamos) acompañado de destrucción neta de empleos (a costa del sector convencional del petróleo, por ejemplo en Santa Cruz, Mendoza, etc.). 

Así las cosas, estamos transitando una crisis económica que afecta a la inmensa mayoría del pueblo trabajador con desempleo creciente, caída salarial y una inflación que como siempre impacta más en los sectores bajos y medios bajos, que se acompaña del crecimiento de unos pocos, en este caso claramente tendientes a la primarización de la economía (producción en minería, hidrocarburos y exportaciones agrícola-ganadera) y la timba financiera. Todo esto inscrito en una economía mundo por ahora digitada por Trump que nos asigna este rol, pero que se empieza a complicar cada día más con la guerra en Medio Oriente, la suba del petróleo y un panorama mundial inflacionario y probablemente recesivo.

Perspectiva en el mediano plazo

Al contrario de lo que anuncia desde hace ya más de dos años el gobierno, las perspectivas del plan son oscuras. En primer lugar, por lo que ya mencionamos de la economía mundo en general. Pero también, debido a las contradicciones internas del plan, aún sigue la desconfianza de los grandes inversores en el plan de Milei. Por ello, a más de dos años de un gobierno que les promete de todo, les otorga beneficios impositivos, financieros y de inversión únicos en el mundo a través del RIGI, las inversiones no llegan (incluso se dio por primera vez en la historia que se van del país más inversiones de las que ingresan), y por eso también el riesgo país sigue rondando los 600 puntos muy por encima de lo necesario, hasta para el propio equipo económico, para atraer inversiones del mundo. 

Otro punto es ver cuánto durará este “veranito” de estabilidad cambiaria y de acumulación de divisas que le ha permitido al gobierno comprar dólares (proveniente como dijimos de los ingresos internacionales del agro, los hidrocarburos y la minería) y recomponer en algo las reservas internacionales. El panorama se complica en la segunda mitad de este 2026 y 2027 cuando los vencimientos de intereses y capital de la deuda crecen de manera significativa. 

Esto puede llevar a una apreciación del dólar, con el consecuente rebrote inflacionario. La mayoría de los analistas burgueses opinan que si la inflación se dispara al 4,5% o 5% mensual el plan perdería por completo el único logro que a la fecha puede mostrar, y estaría acabado. Es que la baja significativa de la inflación lograda se hizo a expensas de todo lo que ya hemos descrito, en cuanto al parate de la economía y sobre todo a la gran contracción del gasto público del Estado, desde obras de infraestructura en general, giros a las provincias, recortes en Salud y Educación, etc. Lo que hace que los que pronostican directamente el derrumbe del plan si se dispara la inflación tengan una cuota importante de razón.

En la perspectiva también está el tema del humor social: todas las encuestas muestran que caen las expectativas en el gobierno y el futuro del plan, y por supuesto en la figura presidencial. Arrojan que crece la bronca entre los trabajadores por los despidos y los bajos salarios que se mantienen en el tiempo. Con la única salida posible de las aplicaciones, tipo Rappi o Uber, y la consiguiente pérdida de beneficios y de ingresos, ya que son estos sectores informales de las apps en uno de los que más cayeron los ingresos, por la saturación del mercado y la caída de la actividad en general. La hipótesis del Gobierno de que los trabajos perdidos en el sector industrial/manufacturero se iban a compensar en el de servicios no sólo no se viene dando, sino que dentro de este sector cada vez caen más los ingresos. La reforma laboral recientemente votada y festejada por Milei, aunque todavía no aplicada, es de esperar que multiplique la bronca y la resistencia de los trabajadores. Por lo que a todas las dificultades inherentes al plan hay que agregarle una perspectiva de mayores luchas obreras y conflictividad social.

El PJ y una receta que no va más

Después del revés electoral que sufrieron en octubre de 2025 y la consiguiente crisis de atomización, divisiones internas, pases de facturas y falta absoluta de algún liderazgo creíble hacia 2027, el PJ intenta rearmarse con algunas propuestas refritadas del peronismo tradicional con agregados kirchneristas. 

De la mano del sector de Kicillof se refuerzan las críticas al plan económico del Gobierno, centrándose fundamentalmente en la destrucción de la industria nacional. Por supuesto que muchas de estas críticas tienen una base real en todo lo que describimos. Pero el problema del PJ no está ahí, aún obviando el hecho de la complicidad política y sindical del peronismo en la aprobación de todas las leyes y decretos que permitieron a Milei llegar hasta aquí, sino que el problema es más profundo todavía.

Dentro de los márgenes del sistema capitalista como siempre, el PJ propone volver a poner en marcha un plan productivo, con eje en la reactivación de la industria nacional (hoy con una capacidad ociosa superior al 50-55%). Según su lógica, este plan productivo redundaría en crecimiento económico, y éste en una redistribución de las ganancias hacia los sectores populares y de trabajadores. Si a esto le sumamos un poco de Keynesianismo del que Kicillof es afecto, tendríamos que la intervención estatal en la economía, a través de reactivación de la obra pública y otros sectores, terminaría en un derrame hacia el pueblo. El problema es que no sólo esto no pasó en ningún lugar del mundo en forma real, sino principalmente que cuando el PJ estuvo en el poder, incluyendo los largos años del período kirchnerista, tampoco pasó. Lo que sí pasó es que seguimos pagando la deuda mientras la misma se incrementó, y el pago de intereses y capital nos hizo cada vez más pobres y dependientes. Su apuesta de plan apoyando a los industriales solo nos llevó a empresarios cada vez más ricos y salarios de pobreza con inflación galopante de la que se aprovechó Milei para hacer su campaña y ganar la presidencia. La intervención del Estado, en lugar de potenciar la economía, solo les aseguró súper ganancias a empresarios amigos como Lázaro Baez, Cristobal López y tantos otros, mientras se potenciaba la corrupción capitalista.

Ni el PJ ni Kicillof explican por qué esta vez habría de ser diferente, ya que se trata de la misma receta, en las mismas manos. Y ésa es precisamente una de las fortalezas del Gobierno actual, que se aprovecha de la memoria del desastre pasado para desacreditar cualquier intento de propuestas para el futuro.

La salida es por izquierda

Desde el MST en el Frente de Izquierda Unidad venimos insistiendo, desde la asunción de Milei y en estos más de dos años de desastre y crisis, que el culpable directo de que hoy estemos sufriendo este plan de ultraderecha, que no solo nos trajo más crisis y desocupación sino mayor represión y pérdida de derechos laborales y sociales a través de leyes reaccionarias, es el PJ y el kirchnerismo. Fueron ellos los que con su desastre en el gobierno y la economía incentivaron el odio de un sector y el hartazgo o decepción de millones que terminaron abriéndole la puerta a Milei. Por eso decimos que no pueden ser alternativa ni de gobierno ni económica al actual.

Para salir de este desastre lo que hace falta es implementar un plan económico opuesto por el vértice al del liberfacho, pero también diametralmente distinto de todos los que se han aplicado hasta ahora. Porque más allá de diferencias en los sectores más beneficiados, lo que siempre tuvieron en común estos planes aplicados hasta la actualidad es que se trataban de planes de ajuste para las masas trabajadoras y de grandes beneficios para los distintos sectores burgueses.

Y todos, a partir de la dictadura del 76, tuvieron como eje el beneficio de la gran burguesía internacional, representada por el imperialismo yanqui y europeo, a través del pago de la deuda externa fraudulenta. Es la mayor causa de empobrecimiento del país y del pueblo que, a pesar de haberse pagado más de dos veces, hoy asciende a más de 400 mil millones de dólares y nos hace cada vez más dependiente de las decisiones del Imperio, cosa que podría haber estado un poco disfrazada durante el kirchnerismo (aunque Cristina tuvo el sincericidio de declararse “pagadora serial”), pero que ahora es más que evidente con Milei en el poder que con todo descaro festeja endeudarse y estar arrodillado ante todas las decisiones y políticas de Trump. Por eso nosotros sostenemos que no hay plan económico que pueda hacernos salir de la crisis y que permita al pueblo recuperar lo que le robaron que no empiece por dejar de pagar la fraudulenta deuda externa. Con los miles de millones de dólares que tenemos que pagar tan solo en el próximo semestre y año 2027 se podría duplicar el presupuesto en salud, incrementar los salarios y poner en marcha un plan de obras públicas y viviendas populares que reduzca significativamente la desocupación creando más de dos millones de puestos de trabajo.

Paralelo a esto, en los tiempos de timba financiera que vivimos, en donde un Macri pide 50.000 MDD al FMI un mes y a los 3 meses sus amigos empresarios, de la mano de Caputo hoy ministro, ya habían fugado más de las ¾ partes, se impone una nacionalización del comercio exterior y la banca, para que seamos los trabajadores y el Estado el que controle el flujo de capitales, impidiendo la fuga, la especulación financiera y las maniobras de facturación de los grandes exportadores/importadores, sean estos del sector agrícola, petrolero o minero. Son todos iguales y lo demuestra que mientras el país se fundía ellos acumularon en el exterior una cifra similar a toda la deuda externa, según todas las estimaciones de los economistas.

El plan que proponemos también implica un aumento generalizado de salarios, jubilaciones y planes sociales, para recuperar lo que nos robaron, y que alcance a la canasta básica que hoy supera el $1.400.000, y que actualmente solo lo consiguen sectores muy puntuales del movimiento obrero como los petroleros, aceiteros y bancarios, mientras el resto estamos por debajo de la línea de pobreza.

Contra la Reforma Laboral esclavista de Milei, votada con la complicidad de los siempre bienvenidos “traidores” del PJ, proponemos una reforma al servicio de los trabajadores, que empiece por la reducción de la jornada laboral a 6 horas con mantenimiento del salario, lo que permitiría la creación de más de un millón de puestos de trabajo nuevos, solamente cubriendo los turnos que haría falta por la reducción de la jornada.

Estamos por la duplicación o más del presupuesto de salud, para que puedan ser atendidos no sólo la discapacidad, sino todos los trabajadores y sectores medios que hoy han perdido su obra social o prepaga. En este sentido estamos por un sistema de salud único estatal y gratuito en contra del curro de las obras sociales en manos de la burocracia sindical y el de las prepagas en manos de los buitres del sector privado como Belocopitt y sus socios.

Proponemos no sólo el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, sino la duplicación del presupuesto de educación para que los docentes puedan tener un salario digno y las escuelas no se caigan a pedazos como sucede desde hace décadas.

Sólo con medidas de este tipo, al servicio de los de abajo y en dirección socialista, podremos salir de esta crisis crónica a la que nos llevaron los sucesivos gobiernos, que siempre gobernaron al servicio de los grandes capitales y las corporaciones, en contra de los trabajadores y el pueblo.

Lógicamente un plan como el que proponemos nunca podría ser llevado adelante ni por Milei y los liberfachos, pero tampoco por el PJ en cualquiera de sus variantes. Sólo un gobierno de los trabajadores como el que proponemos desde el MST y el Frente de Izquierda Unidad puede llevar consecuentemente adelante estas medidas.

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