Una vez más, la realidad destroza el discurso de la recuperación económica que intenta instalar el gobierno de Javier Milei a diario. El Indec publicó su Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE)[i] correspondiente al mes de febrero y los resultados exponen un escenario brutal.
La actividad económica sufrió un desplome del 2,6% en comparación con el mes de enero. Esta cifra no es un dato menor porque representa la peor caída mensual desde diciembre del año pasado. Al observar el panorama en términos interanuales el retroceso marca un 2,1% y confirma el estancamiento absoluto del aparato productivo nacional. Los datos duros demuestran que el plan libertario sigue asfixiando a la población y destruyendo por completo las bases materiales del país.
Extractivismo en alza, industria en ruinas
El informe oficial deja al descubierto la matriz profundamente desigual y primarizada que fomenta la gestión libertaria. El documento señala que ocho rubros mostraron números positivos frente a siete áreas que cerraron en rojo intenso.
Todo este supuesto crecimiento se concentra de manera exclusiva en los sectores vinculados al extractivismo y la exportación de nuestros bienes comunes. La pesca registró una suba del 14,8% junto a la explotación de minas y canteras que creció un 9,9%. La agricultura y la ganadería también aportaron un avance del 8,4%. Esta dinámica ratifica que el empuje económico beneficia únicamente a un puñado de corporaciones extractivistas mientras el resto del país se hunde en este complicado contexto económico. Además, el crecimiento de estos rubros primarios jamás alcanza para traccionar una recuperación generalizada por su nula capacidad para generar empleo masivo y motorizar el consumo local.
La contracara directa de este modelo primario exportador es la destrucción sistemática del mercado interno y de las fuentes de trabajo genuinas. La industria manufacturera experimentó un hundimiento histórico del 8,7% interanual, situación que desemboca en miles de fábricas al borde del cierre definitivo. El comercio mayorista y minorista también refleja el impacto del ajuste con una caída estrepitosa del 7%. El propio organismo estadístico advierte que la demanda interna insuficiente y la competencia desleal provocada por la apertura indiscriminada de importaciones están aniquilando la producción nacional.
La combinación letal de salarios licuados y tarifas impagables paralizó el consumo doméstico casi en su totalidad. Toda esta masacre sobre las áreas productivas alimenta las noticias cotidianas sobre despidos masivos y explica el estancamiento absoluto de la productividad en los grandes centros urbanos.
El cinismo de Caputo y la catástrofe social
Frente a la contundencia de este derrumbe productivo el gobierno eligió responder con un grado de cinismo repudiable. El ministro de Economía, Luis Caputo, utilizó sus redes sociales para intentar justificar el desastre de su propia gestión y relativizar el sufrimiento de las familias trabajadoras.
El titular del Palacio de Hacienda argumentó de forma insólita que la retracción de la actividad se debió a que febrero tuvo dos días hábiles menos y padeció un paro general. Esta excusa patética busca tapar el fracaso evidente de un plan económico que lleva la firma y el aval de los organismos multilaterales de crédito. Resulta una verdadera burla para los miles de nuevos desempleados tener que escuchar a un ministro culpando al calendario por la destrucción planificada de la industria nacional.
La radiografía económica del mes de febrero marca de manera definitiva el destino hacia el cual nos arrastra el gobierno de La Libertad Avanza. La administración de Milei y Caputo construye paso a paso una economía diseñada exclusivamente a la medida de los pulpos energéticos y los especuladores financieros.
El abandono del mercado local y la aniquilación del poder adquisitivo de los salarios no conforman errores de cálculo ni daños colaterales de un proceso de estabilización pasajero. Estos índices negativos representan el objetivo central de un programa que necesita someter a la clase trabajadora a condiciones de vida paupérrimas para garantizar la rentabilidad de una ínfima minoría privilegiada.
Frente a este escenario de saqueo y desindustrialización la única respuesta válida es frenar en las calles un modelo que nos condena de forma deliberada al atraso y a la pobreza estructural.
[i] https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/emae_04_2625D4351435.pdf


