Reconquistar lo invisible
Tomás Marilef fue asesinado en 1932 y su familia despojada de sus tierras. Casi cien años después, tres bisnietas, revelan su caso en una obra teatral en la que también reflexionan sobre su identidad.
Cielo está en cuclillas. Juega con piedras. Intenta ordenarlas. Cuenta siete. Valle la sigue. Hace la misma cuenta pero en mapudungun. “Kiñe, epu, küla, meli, kechu, kayu, regle”. Luciana se suma e imagina lo que podrían llegar a ser. “7 chapas, 7 ovejas, 7 hijos”. También los nombres de los integrantes de la familia. Se incluyen a ellas mismas. Hasta que llegan a Tomás, su bisabuelo. Un poblador mapuche de la Línea Sur de la Provincia de Río Negro que fue asesinado por defender sus tierras. Le dispararon mientras buscaba a sus animales. Su caballo salió espantado. Ya en el suelo, lo remataron. Después, escondieron su cuerpo en el lecho de un arroyo. Lo taparon con yuyos para que nadie lo viera. Se había quejado porque le robaban sus tierras. El alambrado estaba cada vez más cerca. A partir de este hecho trágico, las tres mujeres de la familia hacen un recorrido histórico hasta llegar a la actualidad. En el medio del caso policial, se interpelan. Se hacen muchas preguntas. Aunque una cruce todo: ¿Cómo hablar de ser mapuche viviendo en la Ciudad?

Cielo y Valle Chaina son hermanas. Luciana Wiederhold su prima. Las tres viven en la Ciudad de Buenos Aires y tienen descendencia mapuche aunque ese apellido alemán lo discuta. “Es que los mapuches y los alemanes tuvieron un fuerte vínculo… y no solamente comercial”, dicen en una parte. Se unieron para escribir su propia historia. La excusa fue el descubrimiento de una fotocopia con la reconstrucción del crimen. Aunque cada una, por separado, ya venía queriendo contarla. “Quedamos impactadas. Queríamos hacer algo en relación a nuestra identidad. El poder hablar de ser mapuche desde la urbanidad y la vergüenza que podríamos transitar al respecto”, cuenta Cielo. Para poder plasmar un tema tan complejo, optaron por la realización biodramática. Algo relacionado al teatro documental. Para eso, acudieron a Catalina Krasnob que participó en la escritura y dirige la obra. La puesta en escena se mezcla entre lo vivencial y lo documental. La atmósfera te lleva hacia las ventosas tierras del sur mientras de fondo una pantalla dispara fotos, paisajes, testimonios, pruebas. La música en vivo de Pablo Salzman calma un poco el drama.

“Estuvimos más de 6 años para hablar de ciertas cosas, para no tener miedo de que el mundo mapuche nos rechace. Porque hay algo de no sentirse ni suficientemente blanca ni suficientemente mapuche”.
En una parte de la obra, Cielo cuenta algo que le sucedió a los 10 años en la escuela. Fue en un acto del 25 de Mayo. Siempre hacía del cacique principal que recibía a Colón. Le ponían un chaleco y una vincha. Estaba cansada de eso. Quería ser dama antigua y se lo exigió a la maestra. La misma accedió. Era cuestión de pedirle a su mamá que le hiciera un vestuario acorde. Pero cuando se vio en el espejo con ese vestido tan llamativo, se desconoció. Se dio cuenta de que “ni su piel ni su pelo” encajaban con ese personaje. “La obra es una conversación sobre la encrucijada, la contradicción; sobre los límites, los propios y los del otro; sobre el que está afuera y el que está adentro”, destaca Cielo. Más allá de la dificultad que comprende llevar adelante una obra de tal magnitud, y de cómo podrían recibirla las comunidades, la recepción fue muy buena. Se puede sentir el “newen” (energía vital) de los espectadores. Hasta llevaron piñones para compartir. Esta semilla andina es altamente nutritiva y sale de la araucaria, árbol sagrado para el pueblo mapuche. Para hacer más ameno el tratamiento de un tema complejo que sigue latente a pesar del paso del tiempo.

“Veo a Tomás siempre muriendo, tiene otro nombre. Tomás muere ahogado. Tomás muere de un disparo en la espalda. Tomás muere quemada. Tomás muere de hambre hoy, mañana. Y nosotros memoria corta. Y nosotros memoria larga. Ti ufiza kimi. Fey fey fey”, claman las protagonistas. La referencia es clara: Santiago Maldonado, Rafael Nahuel, Julia Chuñil. Casi 100 años después del asesinato de Tomás Marilef, el avasallamiento y los crímenes siguen sucediendo. Algunos tienen la posibilidad de darse a conocer. Muchos otros quedan en la oscuridad total. Más aún en tiempos de una información selectiva que confunde y desune. “Participé de una ceremonia de invierno en una agrupación mapuche. Recién había sido madre. Era la primera vez que estaba viviendo eso porque a mi padre le costó mucho llevarnos. Le implicaba mucho dolor. Esa noche hubo una reunión alrededor del fuego. Hubo relatos. Hubo cuentos en lengua. Había reflexión. Se escuchaba al otro. Me conmovió mucho. Pensé en cómo hablarle de esa energía a mi hija. La purificación que tiene el solo hecho de reunirse alrededor del fuego. Recuperar a nuestros ancestros incluso después de la pérdida de los cuerpos”, cierra Cielo.
EL ALAMBRADO. BIODRAMA DE UNA FAMILIA MAPUCHE se puede ver este Sábado a las 19.30 hs. en EL GALPÓN DE GUEVARA, Guevara 326, Chacarita CABA
Jorge Sebastian Comadina

