Casa Rosada. Milei reúne a su Gabinete para cerrar filas y tapar el escándalo Adorni

El gobierno de Javier Milei busca retomar la iniciativa política con una reunión de Gabinete en medio del escándalo que salpica a Manuel Adorni. Entre denuncias y falta de explicaciones, la gestión intenta cerrar filas mientras crecen las dudas sobre su discurso anticasta y transparencia.

Un intento por retomar la agenda

En medio de un desgaste político que ya lleva semanas, el presidente Javier Milei convocó a su Gabinete para el próximo lunes con un objetivo evidente: intentar recomponer la agenda oficial y dejar atrás el escándalo que envuelve a su jefe de ministros, Manuel Adorni. Sin embargo, lejos de disiparse, la crisis expone las contradicciones de un gobierno que prometía terminar con los privilegios de la “casta” mientras enfrenta denuncias por posibles irregularidades y enriquecimiento.

El encuentro, que se presenta como una instancia de coordinación de gestión, no tiene lugar desde los últimos días de febrero y aparece en este marco como un movimiento defensivo. Desde hace semanas, el oficialismo no logra salir del eje mediático marcado por las denuncias contra Adorni con cuestionamientos por su patrimonio, operaciones inmobiliarias poco claras y el uso de recursos que no cierran con sus ingresos declarados. Ahora incluso con un posible viaje a Hawaii siendo investigado. 

A pesar de la gravedad de las acusaciones, la estrategia del Gobierno ha sido cerrar filas. Milei sostuvo públicamente a su jefe de Gabinete, al que en la Casa Rosada califican como “inamovible”, incluso mientras avanzan investigaciones judiciales y crecen las sospechas sobre su evolución patrimonial.  Esta defensa política contrasta con el discurso oficial contra la corrupción y los privilegios, uno de los pilares con los que el oficialismo llegó al poder.

Lejos de ofrecer explicaciones detalladas, Adorni optó por minimizar el escándalo y evitar precisiones sobre los puntos más sensibles. Ya había ensayado esa estrategia al afirmar que “no tiene nada que esconder”, mientras esquivaba preguntas sobre viajes y propiedades bajo sospecha.  La lógica parece repetirse ahora a nivel de todo el Gobierno: desplazar el foco, acelerar anuncios y apostar al desgaste mediático.

Pero el problema de fondo persiste. El caso Adorni no es un episodio aislado sino parte de una cadena de crisis que golpean al oficialismo, desde el escándalo de la criptomoneda $LIBRA hasta cuestionamientos por manejo de fondos y falta de transparencia. En ese contexto, la convocatoria al Gabinete aparece más como un intento de contención política que como una respuesta institucional.

Mientras tanto, el Gobierno enfrenta un dilema: avanzar con cambios que impliquen reconocer la crisis o sostener a sus funcionarios a cualquier costo. Por ahora, la decisión parece ser la segunda. La reunión del lunes buscará ordenar la tropa, pero difícilmente logre disipar las dudas de fondo.

En un escenario de creciente desgaste, la pregunta ya no es si el escándalo puede taparse, sino cuánto más puede resistir un gobierno que empieza a mostrar grietas en su propio relato.

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