Panorama político. Escenario complejo y grandes desafíos por delante

Artículo publicado originalmente en el número 863 de la revista impresa Alternativa Socialista.

En la edición pasada abríamos el panorama político con una pregunta: ¿a Milei se lo puede derrotar? Habiendo pasado casi dos meses y algunos hechos contundentes —como la aprobación de la reforma laboral, el avance del Congreso con el tratamiento de proyectos reaccionarios como la Ley de Glaciares, la baja de la edad de imputabilidad y otros— creemos fundamental volver a hacernos aquella pregunta y no ser simplistas a la hora de responderla. Porque la situación es compleja y presenta contradicciones: el gobierno supo aprovechar el triunfo electoral —que sólo pudo darse por el apoyo financiero de Trump y el imperialismo yanqui—, las confusiones en la conciencia de nuestra clase, la defección de las direcciones políticas y sindicales, la ausencia por el momento de desborde de esas direcciones, la necesidad de una alternativa política por izquierda y una recesión galopante como telón de fondo para avanzar con su plan. Intentaremos abordar todos estos elementos para llegar a las mejores conclusiones posibles.

Por Viki Caldera

Esa traidora CGT

Una de las claves para entender la situación actual es el rol de la dirección del movimiento obrero. Frente al mayor ataque a la clase trabajadora en décadas, la CGT se dedicó a rosquear con el gobierno para preservar sus privilegios a costa del conjunto de los trabajadores. Primero llamó a movilizar sin parar, luego se le arrancó un paro pero sin movilización y finalmente ni paro ni movilización. Nos entregan atados de pies y manos mientras ya negociaron la cuota sindical y las obras sociales. 

No es novedad que la burocracia trance, es muy evidente que estamos frente al momento histórico donde la CGT menos refleja a su base. Están tan despegados y desconectados, tan preocupados por sus privilegios burocráticos y actuando más como los empresarios que son que como representantes de la clase obrera, que en este contexto de ataque directo juegan el papel más cómplice y traidor de la historia. Nunca como hoy fue tan claro que para poder avanzar necesitamos superar a esa dirección traidora y poner en pie una nueva central. Y cuando decimos esto no solo nos referimos a renovar a los dirigentes, sino fundamentalmente a transformar de raíz sus métodos. La Central que necesitamos tiene que ser dirigida por laburantes y no por patrones; cortar con todos los privilegios que son la base material de su burocratización; ser independiente de todos los gobiernos y las patronales; discutir todo democráticamente y responder al mandato de la base; articular y unificar todas las luchas y conflictos sociales y ser combativa, estar dispuesta a convocar y pelear por nuestros derechos en la calle.

La cantidad justa de traidores

El rol de la CGT es parte de la explicación de porqué finalmente la Reforma pasó, aunque tuvo que volver al Senado por el famoso artículo 44. Pero este poroto que se anota el gobierno tiene otras causas. Una es que el gobierno de Milei cuenta con el apoyo cerrado de la burguesía y el imperialismo yanqui, lo que le habilita un margen de acción muy grande. A la vez, se manifiesta el atraso en la conciencia de un sector de la población, que asqueado y decepcionado de todo lo anterior giró a la derecha y confía en que Milei va a resolver la situación, incluso creyendo en que esta reforma puede generar trabajo o mejorar las condiciones de contratación. Todas mentiras muy burdas, pero difundidas hasta el cansancio por los grandes medios hegemónicos de comunicación, que son otra de las bases de sustentación del plan.

Pero sin dudas la causa determinante es el apoyo permanente y sistemático del peronismo a cada una de las iniciativas reaccionarias de este gobierno. Seamos claros: sin los votos del peronismo la reforma se caía. Sin embargo, tanto en el quórum como en los 135 afirmativos se cuentan diputados que ingresaron al Congreso con la  boleta de Unión por la Patria en 2023 o por Fuerza Patria en 2025. El peronismo intenta desmarcarse de ellos hablando de “traidores”, lo cual sería plausible si no fuera porque cada vez que las papas quemaron tuvieron la cantidad justa para que Milei pueda avanzar. Lo que demuestra que más que de errores circunstanciales se trata de una política consciente. Y es que el peronismo, como representante de un sector burgués de este país, le tiene mucho más miedo a la clase obrera y los sectores populares organizados que a la ultraderecha. De hecho necesitan que Milei avance con el trabajo sucio a la espera de poder montarse luego sobre el campo arrasado para desde ahí gobernar en un futuro hipotético. 

Porque a nadie se le escapa que mientras el Congreso discutía y aprobaba la reforma más regresiva en la historia de los trabajadores argentinos, la principal referente de este espacio, Cristina Fernández de Kirchner, no dijo UNA PALABRA, y por el contrario estaba en un cumple con su militancia (literalmente).

Votarla es fácil, implementarla es otra cosa

Entonces, finalmente 177 políticos privilegiados (135 diputados y 42 senadores) que cobran cerca de 10 palos al mes y viven rodeados de lujos, aprobaron una reforma esclavista que afecta la vida de más de 25 millones de trabajadores. Esa es la foto, pero la película es más compleja para el gobierno, porque el Congreso puede ser un ámbito favorable para sus planes, pero la vida real es otra cosa. Ahí van a empezar a crecer los conflictos judiciales y también la lucha. Porque la implementación no va a ser tarea sencilla y seguramente habrá respuestas contundentes en los distintos lugares donde pretendan llevarla a la práctica. 

Y esta tarea, difícil en sí misma, deben realizarla en un contexto que suma inconvenientes. Pues a dos años de la puesta en marcha del modelo económico de la ultraderecha las consecuencias son cada vez más brutales para la clase obrera y los sectores populares: aquellos que tienen un salario ven cómo pierde mes a mes el poder adquisitivo contra la inflación. Esto se evidencia en el endeudamiento masivo de las familias trabajadoras que tarjetean para poder comer y luego no pueden pagar, así lo revela un estudio reciente que muestra que 1 de cada 4 familias endeudadas está atrasada en los pagos. Es el registro de morosidad más alto desde la Convertibilidad de Cavallo-Menem. Esto explica la caída masiva en el consumo, no ya de bienes durables o entretenimiento, sino de alimentos: estamos frente al mínimo histórico de consumo de carne en 20 años con valores similares a los del 2001. Esta realidad no hay intervención del INDEC que la tape y es un problemón para el gobierno que hizo de la “desinflación” su único -y mentiroso- caballito de batalla.

El otro gran flagelo es el desempleo. Desde que asumió Milei se ha destruido un puesto de trabajo cada 4 minutos. Si además sumamos los despidos en el Estado, llegamos a la conclusión de que se perdieron casi 300 mil puestos de trabajo. En este aspecto el caso de FATE es emblemático, entre otras cosas por la magnitud del golpe: se trata de 920 familias arrojadas a la calle por una patronal mentirosa que aduce pérdidas aunque en realidad quiere beneficiarse de la Reforma Laboral y reconvertirse al rubro energético, como muestran sus planes de instalar en parte del predio de FATE (San Fernando) un parque de baterías estacionarias de litio para el almacenamiento energético.

Todo este contexto no hará más que incentivar las luchas que debemos apoyar, articular y unificar para que triunfen. Por el momento deberemos desarrollarlas contra un gobierno envalentonado, tal como se lo vió en la apertura de sesiones del Congreso, mintiendo y provocando en la misma medida, mientras mostraba la hoja reaccionaria que quieren implementar: una reforma estructural de nuestro país con más de 90 iniciativas legislativas en menos de 6 meses que incluyen reformas del Código Civil, Comercial, Penal, Aduanero, cambios en el esquema impositivo y una reforma política antidemocrática. 

Para poder hay que querer

Arrancamos este artículo reformulandonos una pregunta clave: ¿a Milei se lo puede derrotar? Desarrollamos hasta aquí los motivos que aseguraron su avance y los factores contrarrestantes de su ofensiva. En ambos podemos obtener las pistas que nos permiten dar una primera respuesta: sí, se lo puede derrotar. Pero a condición de superar a las direcciones tanto sindicales como políticas que vienen siendo un obstáculo para esta tarea, fundamentalmente al peronismo. Y en este aspecto desde la izquierda tenemos una responsabilidad enorme. 

Lo primero a decir es que si bien el plano sindical y el plano político presentan cada uno especificidades y particularidades, no podemos entenderlos como compartimentos estancos. Por el contrario, es en la articulación de ellos donde radica tanto la crisis actual del peronismo como las posibilidades de éxito de la izquierda. Esta es una primera definición importante, porque dentro de la izquierda no todos sostenemos esta concepción. Hay algunos como el Partido Obrero e Izquierda Socialista que tienden a separar de manera tajante estos dos espacios, con una lógica de que para las luchas está lo sindical y para las elecciones lo político. En concreto, esta política deriva en un ocultamiento de la izquierda frente a los principales hechos de la lucha de clases. 

La segunda definición es que necesitamos la mayor unidad de acción en las calles con todos los sectores que quieran enfrentar el plan de Milei, o que se vean forzados por las circunstancias a hacerlo. Esto siempre es clave, pero lo es mucho más con la ultraderecha gobernando y con un peronismo en crisis que no logra ser lo que su base necesita, y es en el terreno de la calle donde a la vez que pegamos como un solo puño podemos desnudar sus dilaciones.

Ahora tenemos un desafío por delante que es muy importante. Se acerca un nuevo aniversario del golpe genocida más terrible que vivió nuestro país. Es importante por donde se lo mire: se cumplen 50 años, ocurre con un gobierno de ultraderecha envalentonado que es apologista de la Dictadura y viene a cumplir con las tareas inconclusas de la misma. Aunque este tema va a tener mayor desarrollo en otra de las notas de esta edición, sí queremos decir aquí que la movilización del 24M va a ser un hecho contundente que puede golpear a Milei y todo su plan a condición, una vez más, de abandonar todo sectarismo y articular en unidad en las calles entre los distintos sectores que históricamente nos movilizamos. Una política sectaria, como la que tuvieron el PTS, PO e IS en el aniversario 49, solo es funcional al gobierno. Realmente esperamos que este año cambien esa posición tan equivocada y vengan a una marcha unitaria, sin bajar ninguna de nuestras banderas y críticas pero con la claridad de que, para pegar con fuerza, debemos golpear todos los Organismos de DD.HH. juntos.

Superar a las viejas direcciones por izquierda 

Finalmente, lo fundamental es construir una salida política de los de abajo. Porque la resistencia a los planes y el triunfo de las luchas es una pieza muy importante, pero también tenemos que poder poner en pie otra Argentina, completamente opuesta a la de Milei y también a la de quienes gobernando le abrieron la puerta a este engendro, por las decepciones que generaron, y que como oposición dejan correr y son cómplices. Una Argentina que ante el flagelo de los salarios por el piso y el acceso a cada vez menos cosas establezca un salario mínimo, jubilaciones y planes sociales que superen la canasta básica. Que ponga fuertes impuestos a los ricos y elimine el IVA de los productos de primera necesidad. Que reparta las horas de trabajo existentes, reduciendo la jornada laboral y manteniendo el salario. Que prohíba por ley despidos y suspensiones, y estatice a toda empresa que no cumpla y además desarrolle la industria nacional estratégica y genere planes de obras públicas necesarias, como planes de vivienda, rutas, escuelas y hospitales que además de generar trabajo genuino, resuelven problemas crónicos como el déficit habitacional. Que rompa todo vínculo de dependencia con el imperialismo yanqui, empezando por dejar de pagar la deuda con el FMI para volcar esos recursos en el país. En resumidas cuentas un país que tenga como prioridad las necesidades más urgentes de nuestro pueblo y no la ganancia de un  puñado de vivos. 

Y eso solo puede ser realizado por un gobierno de los trabajadores y la izquierda. Y para eso la izquierda tiene que tener vocación de gobernar, y el FITU -que es una conquista importante habiendo logrado unir a gran parte de las fuerzas de izquierda en el plano electoral- tiene hoy un desafío mayor e insoslayable: convertirse en un gran movimiento político que dé lugar a los miles que quieren hacer mucho más que solo votarnos, que quieren organizarse y participar. Desde el MST insistimos mucho con la necesidad de que nuestro Frente de Izquierda avance hacia conformarse en un gran partido único de toda la izquierda, con libertad de tendencias para que las diferencias se expresen, se discutan, se sinteticen y nos permitan tener políticas comunes para los grandes hechos de la lucha de clases. Desde las otras fuerzas que integran el espacio se nos responde: “no se puede unificar porque tenemos diferencias”. ¿Qué conclusión deberíamos sacar de esto? ¿que sólo podemos unirnos con los que piensan exactamente igual a nosotros? Nadie que de verdad quiera dirigir el destino de los trabajadores hacia la revolución puede pensar así. Es en esa diversidad, con principios y un programa claro que nos une, que está la fortaleza para poder dar vuelta de raíz las prioridades en nuestro país. De nuestra parte seguimos insistiendo con esta perspectiva y te invitamos a que lo hagamos juntos. 

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