La crisis del consumo masivo no da señales de recuperación y en febrero volvió a registrar una fuerte caída. Según un informe privado, las ventas en autoservicios retrocedieron un 10,3% interanual y también bajaron un 10,5% respecto de enero, confirmando que el deterioro del poder adquisitivo continúa golpeando a los hogares.
Más precios, menos compras
El dato surge del relevamiento de la consultora Scanntech, que analiza millones de tickets emitidos en comercios de todo el país. Con la caída de febrero, el sector acumula una contracción cercana al 9% en el primer bimestre del año, en un contexto en el que los precios siguen subiendo mientras el consumo se reduce.
Uno de los datos que expone con más claridad la situación es que, aunque las empresas facturaron más en términos nominales, la cantidad de compras bajó. El ticket promedio fue más caro que hace un año, pero hubo menos tickets y también menos productos por compra. Es decir, la gente paga más pero se lleva menos.
El informe también indica que los precios subieron más del 22% en comparación con febrero del año pasado, mientras que en el último mes aumentaron alimentos básicos como harina, azúcar, leche y aceite. La suba de precios, lejos de impulsar el consumo, está empujando a miles de familias a recortar gastos incluso en productos esenciales.
El impacto en todo el país
La caída no fue uniforme. En el interior del país el consumo cayó casi un 12% interanual, mientras que en el Área Metropolitana de Buenos Aires la baja fue menor, aunque también significativa. Esto muestra que el deterioro del ingreso golpea con más fuerza fuera de los grandes centros urbanos.
Los datos privados, además, van en la misma dirección que los informes oficiales. Según el INDEC, las ventas en autoservicios mayoristas ya venían registrando caídas en los últimos meses, lo que refuerza la idea de que el consumo sigue siendo una de las variables más afectadas por la situación económica.
Un modelo económico que enfría el mercado interno
El derrumbe del consumo no es un fenómeno aislado sino una tendencia que se viene profundizando desde hace meses. Con salarios que pierden frente a la inflación y aumentos constantes en alimentos y servicios, cada vez más familias se ven obligadas a ajustar gastos y priorizar lo indispensable.
Mientras el Gobierno insiste en mostrar señales de recuperación macroeconómica, los datos del consumo reflejan otra realidad: la economía puede estabilizar algunos indicadores financieros, pero si la gente compra menos comida, menos productos básicos y menos bienes cotidianos, la recuperación de la que Milei se llena la boca, no existe.

