Jorge Sola, Cristian Jerónimo y Octavio Argüello encabezaron la conferencia de prensa en la sede de Azopardo para ratificar que la principal central obrera del país finalmente convocará a un paro total de veinticuatro horas el mismo día en que la reforma laboral se trate en la Cámara de Diputados. Esta medida anunciada por la conducción de la CGT no contempla ninguna movilización ni se inscribe en un plan de lucha, elementos que resultan necesarios y fundamentales para enfrentar de manera directa el ataque que representa la reforma de Milei contra la clase trabajadora.
Durante el anuncio, que tuvo lugar en el Salón Felipe Vallese, los integrantes del triunvirato estuvieron acompañados por una nutrida presencia de dirigentes como Héctor Daer, José Luis Lingeri y Juan Carlos Schmid, además de una delegación de trabajadores de la empresa Fate que recientemente sufrieron un golpe brutal con el cierre de la planta y el despido de casi mil familias.
En sus declaraciones, Jorge Sola afirmó que la central ha decidido que cuando se empiece a tratar este proyecto de ley se llevará adelante una huelga sin ninguna actividad que cumpla su función, al tiempo que calificó la iniciativa de Milei como inconstitucional y lamentó la falta de respuestas al diálogo por parte del Poder Ejecutivo. Por su parte, Cristian Jerónimo disparó que la Argentina va a estar parada de punta a punta porque se enfrentan a un proyecto regresivo que solo tiene una carga ideológica en contra de las organizaciones sindicales, haciendo un llamado de atención a los legisladores para que prioricen la dignidad del pueblo por sobre la disciplina partidaria.
A pesar de la contundencia de las palabras y de los datos alarmantes sobre la pérdida de trescientos mil puestos de trabajo formales y el cierre de miles de pymes en los últimos dos años, la medida anunciada por la cúpula de la CGT vuelve a pecar de una pasividad que resulta funcional a los tiempos del gobierno. La decisión de convocar a un paro sin movilización es una señal de extrema tibieza frente a una reforma esclavista que pretende dinamitar conquistas históricas como la ultraactividad de los convenios y el derecho a cobrar el salario completo durante las licencias médicas.

Mientras sectores del sindicalismo combativo y desde el MST en el FIT-U, planteamos la necesidad de rodear el Congreso para quebrar la voluntad de los gobernadores que negocian por caja, los jefes cegetistas optan por una huelga pasiva que deja las calles vacías en el momento en que más presencia física se requiere. En este sentido, habrá algunas acciones por la mañana y habrá además una movilización desde las 12hs en Av. de Mayo y 9 de Julio, del Garrahan, el Cabildo y otros sectores sindicales como UOM, CTAs, sociales y políticos. Para luego confluir en la Plaza Congreso con otros sectores. La estrategia cegetista parece ignorar que el oficialismo y sus aliados dialoguistas se sienten mucho más cómodos sesionando a puertas cerradas con una ciudad paralizada desde las casas que enfrentando una multitud decidida a frenar el saqueo en las puertas del Parlamento.
Este paro aparece, como una respuesta tardía e insuficiente que no se inscribe dentro de ningún plan de lucha real y sostenido que busque algo más que una demostración testimonial de descontento. Es contradictorio que se hable de un modelo agotado y de una transferencia violenta de recursos hacia las patronales mientras no se organiza la fuerza de los trabajadores para intervenir directamente en el proceso político mediante la movilización de los trabajadores.
La última sesión en el Senado dejó en claro que la rosca parlamentaria se nutre de la ausencia de presión popular, y que la única forma de torcerle el brazo a un Ejecutivo es superando el esquema de medidas aisladas y sin continuidad. Mientras el gobierno utiliza la represión y la criminalización como herramientas de disciplinamiento, la CGT elige una retirada que solo debilita la posición de quienes ya están en lucha, como los obreros de Fate o los trabajadores de la salud pública. En este contexto, el paro de veinticuatro horas sin presencia en las calles no es la herramienta que la gravedad de la situación demanda, sino más bien un recurso para descomprimir la bronca interna sin comprometer la comodidad de una dirigencia que parece haber renunciado a la batalla política por los derechos laborales en Argentina.

