A 50 años del golpe. Villarruel fue recibida en La Rioja

La vicepresidenta negacionista participó de actividades en la provincia invitada por legisladores y fue recibida institucionalmente. El hecho expone las contradicciones del peronismo riojano, que dice enfrentar a Milei pero habilita gestos de convivencia política con una de las principales figuras del negacionismo.

La visita de Victoria Villarruel a La Rioja en el marco de la Chaya no fue un acto protocolar ni una simple agenda institucional. Se trata de una de las principales referentes del negacionismo en Argentina: ha relativizado el terrorismo de Estado, reivindicado la teoría de los dos demonios y cuestionado la cifra de los 30.000 desaparecidos.

Su presencia en una provincia atravesada por una memoria histórica profunda no es un dato menor. La Rioja es tierra de mártires de la dictadura como Enrique Angelelli y Wenceslao Pedernera. A pocas semanas del 50° aniversario del golpe del 24 de marzo de 1976, el gesto político de recibir a una dirigente negacionista tiene un peso simbólico y político evidente.

Un discurso contra la derecha y una foto con Villarruel

El gobernador Ricardo Quintela y el peronismo provincial construyen su discurso en oposición al proyecto de Javier Milei, al que caracterizan como una derecha ajustadora, negacionista y regresiva en derechos.

Sin embargo, fueron legisladores provinciales quienes invitaron a Villarruel, y posteriormente fue recibida por el propio gobernador. En política, los gestos no son inocentes. La institucionalidad no es neutral.

Mientras se denuncia mediáticamente al gobierno nacional, en la provincia se vienen aplicando políticas de ajuste sobre médicos, estatales y docentes desde 2019. Se reprimieron reclamos de colectiveros, se profundiza el extractivismo minero con riesgo sobre el agua y se avanzó en negociaciones con Mekorot, cuestionada por organizaciones de derechos humanos por su rol en políticas de apartheid hídrico en Palestina.

La pregunta es inevitable: ¿La derecha se combate o se administra?

Memoria histórica y coherencia política

El 50° aniversario del golpe encuentra al gobierno provincial hablando de memoria y derechos humanos, pero habilitando al mismo tiempo la normalización institucional de una dirigente que relativiza los crímenes de la dictadura.No alcanza con homenajes formales si, en la práctica, se legitima a quienes cuestionan el consenso histórico construido durante décadas de lucha por Memoria, Verdad y Justicia.

Reivindicar a Angelelli mientras se recibe a una dirigente que sostiene la teoría de los dos demonios implica una contradicción política profunda.

La memoria no puede reducirse a actos conmemorativos. Es una definición política cotidiana.

El rol de la Iglesia

También resulta contradictorio el posicionamiento del obispo Dante Braida, quien semanas atrás reclamaba mayor asistencia frente al crecimiento de la pobreza, pero ahora recibió institucionalmente a una dirigente que acompañó el plan de ajuste nacional.La figura de Angelelli no puede despolitizarse. No fue simplemente un pastor cercano a su pueblo: denunció las injusticias estructurales y enfrentó a los poderes económicos y militares de su tiempo. Vaciar ese legado y convertirlo en una referencia abstracta mientras se habilita el negacionismo es parte de la disputa política actual.

La Rioja necesita una alternativaLa recepción de Villarruel expone una contradicción más amplia del peronismo provincial: un discurso opositor frente al gobierno nacional, pero una práctica política que convive con figuras centrales del proyecto negacionista.

A 50 años del golpe, el debate no es solo histórico. Es actual. Se trata de definir si la memoria será una bandera coherente o un recurso retórico.La crisis social que atraviesa la provincia —con salarios deteriorados, conflictos estatales y avance extractivista— no se resuelve con gestos ambiguos ni con dobles discursos.

La Rioja necesita una alternativa independiente de los gobiernos que, con distintos matices, han administrado el ajuste, la entrega de bienes comunes y la precarización social durante décadas.Frente al negacionismo y al ajuste, la coherencia política no es un detalle: es una necesidad.

Francisco Narváez

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