Pompeyo Audivert es poseído por los personajes de la obra de Shakespeare mientras sus sombras hablan en silencio. “La realidad es un campo ficcional alienado”, advierte.
El Teatro Metropolitan es solo un punto de encuentro. Una referencia entre el ruido de la Ciudad. Las personas llevan el calor de la tarde a la sala. Pero dura poco. El frío cala en lo más profundo de la materia. El paisaje se convierte en un “páramo de huesos”. Una luz roja predice la sangre. Un hombre (Claudio Peña) entra cargando un violonchelo y empieza a tocar. La identidad se suspende por un rato. Un ser aparece junto a una luz blanca. Su aspecto es cadavérico. La atmósfera se taja. El edificio queda olvidado. Todo queda olvidado. Ese cuerpo-habitación abre la puerta y deja entrar a los personajes de la tragedia: sus voces, sus gestos, sus actos. Como si fuese una experiencia metafísica. Se agranda, se achica; llora, ríe, susurra, grita. Anda a caballo. William Shakespeare escribió en una de sus obras que el mundo era un escenario. En Habitación Macbeth, Pompeyo Audivert es el escenario. Por lo tanto, el mundo. Uno lleno de fantasmas.
“Nada es sino lo que no es” (Macbeth)
“El único teatro en pie era mi cuerpo”, recuerda. Eran épocas de pandemia. Los seres humanos clausurados en sí mismos. Solo quedaba refugiarse en el cuerpo. Derribar esa estructura unidimensional. “Romper el espejo”, como le gusta decir. Develar que somos más que un simple “yo”. Hacerlo mediante una obra de hace más de 400 años era un desafío. Aunque su argumento esté cada vez más vigente. Macbeth es un ser normal abducido por el poder. Eso lo lleva a una sucesión de traiciones y muerte. “Acabas de nacer”, le dice Lady Macbeth en una parte de la obra cuando, luego de asesinar a Duncan, aparece con sangre en la cara y las manos. “Al fin eres Macbeth”. Cargar con toda esa tragedia en un solo cuerpo es para pocos. Lo hizo posible mientras caminaba por las playas de Mar del Sud en pleno confinamiento. Trabajó la composición de los siete personajes que interpreta. Tuvo que moldear su vida al proyecto. Cuidar su cuerpo-habitación de manera obsesiva: descanso, alimentación, concentración. Hoy ya lleva seis temporadas consecutivas en cartelera. “Hay una responsabilidad ideológica en la creatividad. Somos una zona de resistencia ante un frente histórico peligroso”.
“La vida no es más que una sombra ambulante” (Macbeth)

Pompeyo Audivert se crió en un departamento oscuro de Retiro. Su padre y su abuelo trabajaban como grabadores. Eran artistas de esta técnica de impresión en relieve que es la más antigua. Las paredes estaban llenas de xilografías en blanco y negro. Él encontraba en ellas un misterio revelador. La casa se teñía de un arte sombrío. La composición espacial de Habitación Macbeth trae esto a escena. No solo contar en la penumbra sino contar con la penumbra. “Evidentemente estoy influido. Uso luces que cortan el negro del blanco de la luz de una forma muy tajante. El grabado es un arte de la iluminación desde el fondo negro. El teatro también sale en un fondo negro para que aparezcan esas rajas de luz, esos contrastes, esas sombras”. Las siluetas crecen o se disuelven al ritmo del relato. Como sucede con el fantasma de Banquo. Su sombra se proyecta gigantesca como en la cabeza de Macbeth. O como dice uno de los poemas de Jorge Enrique Ramponi que le leía su madre: “Porque compacta sombra, o soledad, perpetua soledad a plomo”.
“Lo bello es feo y lo feo es bello” (Brujas)
Marina Briones era una poeta santiagueña muy reconocida en el ambiente. Además de dejar algunos bellos poemas, se ocupó de difundir otras obras. “Mi casa se llenaba de reuniones de poetas que leían en voz alta y eso me producía mucha fascinación. Me hizo entrar en una experiencia poética vinculada al automatismo de los surrealistas”. Cuando empezó a hacer teatro llevó ese acerbo poético que había desarrollado como recurso para las improvisaciones. Pero en esa época, los lenguajes eran más de corte realista. Recién pudo incorporar toda la poética desbocada cuando empezó a dar clases. “Le propuse a los alumnos que desataran sus chorros verbales descontrolados y fue muy revelador. Como una técnica asociativa para que disparen su zona poética en la palabra, no solo en los cuerpos”. Desde hace más de 30 años es director del Teatro Estudio El Cuervo, un espacio artístico cultural experimental que impulsa nuevos modos de expresión. “Las dramaturgias eran unidimensionales en términos de lenguaje, no había ninguna ruptura. Sentía que al teatro le faltaba eso”. La dimensión poética de la textualidad de la obra de Shakespeare sumada a esta idea provocadora de creación hace de Habitación Macbeth un evento conmocionante.
“Los instrumentos de la oscuridad nos dicen verdades” (Banquo)

Alejandra Boero lo acercó a la obra del dramaturgo inglés. Fue en sus primeras clases de teatro. Pompeyo traía todo ese bagaje artístico familiar y se encontró con una dimensión poética “extraordinaria”. Lo medieval se mezclaba con lo contemporáneo. El lenguaje expuesto con un alto grado de exaltación. Interpretó a diferentes personajes de Otelo hasta que le llegó Hamlet. Fue en una obra de Ricardo Bartis que se estrenó a principios de la década del ’90 en la sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín. La tragedia de hace 400 años atrás era el parangón de los tiempo que corrían. Una lucha descarnada por el poder que se cargaba a millones de personas en el mundo. En Argentina, el neoliberalismo y los sentimientos humanos más devastadores. “El mundo es un teatro”, planteaba Shakespeare. “La realidad es un campo ficcional. La verdadera naturaleza humana yace tras la ficción de la realidad, tras el espejo que hemos erigido que es compulsivo y criminal. La dimensión poética del ser está siendo lapidada. El teatro debe ser un piedrazo en el espejo que revele las fuerzas originarias de lo humano que son de naturaleza poética, conectiva, metafísica y multidimensional”, analiza Audivert.
“¿Quién puede movilizar el bosque?” (Macbeth)
Hécate, diosa de la brujería y la magia, mediante las tres brujas es quien se encarga de enredar a Macbeth. Sus prácticas oscuras intervienen para desatar en él una escalada de muertes interminable. El poder como una fuerza compulsiva y convulsiva. Parecido a lo que se vive hoy en día. “Creo que hay algo inconsciente que se está viviendo, en este momento, donde hay una suerte de anestesiamiento social a través de la redes sociales parecido a Hécate. La forma en que esos poderes intervienen, parasitan y abducen la cabeza de la gente y la confunden. Hay que desembarazarse de esas brujas, de esas ficciones, de esas cuestiones sobrenaturales que digitan la mente”. La profecía de las brujas decía que Macbeth sería invencible hasta que el bosque se moviera. Algo imposible desde la perspectiva del tirano. El ejército de Malcolm se camufló con ramas del bosque y lo derrotó. Surge la misma pregunta que se hace Macbeth: ¿Quién puede movilizar el bosque? “En esta época, el bosque va a ser todo el levantamiento popular que va a haber contra la política neoliberal que se está llevando adelante cuando se entienda que es todo una mentira, una ficción que la gente ha comprado. El poder va a encontrarse con ese bosque que va a venir por él, con esa sombra ominosa y deforme que va a contraatacar. Como un reflujo, va a volver por lo suyo”, resalta Audivert.
El actor, director, dramaturgo y docente argentino presenta “Habitación Macbeth” los sábados 18 hs. y los domingos 21 hs. en el Teatro Metropolitan. También está por reestrenar “Unidad básica” en el Centro de la Cooperación y sigue de gira con “Edipo en Ezeiza”, obras de su autoría. Como director, estrenará este año “Hamlet, el piedrazo en el espejo” con un grupo de 15 actores.
Sebastián Comadina

