Este artículo fue extraído del sitio web de la Liga Internacional Socialista
El 7 de enero de 2026 el presidente Gustavo Petro logró llamar y conversar con Trump horas antes de las masivas movilizaciones que él mismo había convocado. En esas manifestaciones decenas de miles de personas expresaban su indignación y disposición de lucha contra la agresión imperialista a Venezuela el 3 de enero. Sin duda se abría una crisis profunda en las relaciones con EE.UU.
Más allá de lo que hablaron, lo fundamental fue el viraje político de Petro en su discurso en la Plaza de Bolívar de Bogotá, al definir como “cordial” su conversación telefónica con el comandante del imperialismo, quien acababa de bombardear un país latinoamericano y secuestrar a su presidente y esposa. En los meses anteriores Petro había denunciado el asedio militar de la flota yanqui en el mar Caribe y el bombardeo de lanchas con pescadores, ejecutados de manera vil. Se había escalado así la confrontación verbal, con mutuas acusaciones y medidas draconianas contra el gobierno de Petro, quien fue incluido, junto con su familia, en la “Lista Clinton”, acusado de ser cómplice de narcotraficantes. En la plaza Petro confesó que tenía preparado otro discurso, tal vez altisonante y radical, pero que entendió que Trump había sido “mal informado”. Después de semejante lavada de cara del agresor, cerró la concentración con la frase: “ya el pueblo puede ir a dormir tranquilo”.
Lo que se puso en evidencia en la Plaza de Bolívar es que, a pesar de la retórica antiimperialista de Petro, desde hacía varios meses se venía gestionando en secreto la llamada personal a Trump. El ataque a Venezuela fue el momento para concretarla y que el gobierno de Colombia rinda cuentas ante el gobierno yanqui. La visita de Petro a la Casa Blanca se hace en esas condiciones defensivas y de subordinación a la agenda imperial para nuestro hemisferio, la que impone Marco Rubio, Secretario de Estado y cabeza del trumpismo contra América Latina. Atrás van a quedar los desacuerdos sobre Venezuela y se proponen pasar página para centrarse en el combate al narcotráfico y el cerco contra el ELN y las disidencias de las FARC.
El plan del imperialismo
La agenda de EE.UU. incluye completar la “captura” de Venezuela y mantener la colaboración de Colombia en el combate a la delincuencia transnacional, que es el pretexto para utilizarla coma base de agresión militar contra toda Latinoamérica. Ya el ministro de Defensa Pedro Sánchez asumió los contactos con el Pentágono y la administración Trump. No es extraño al enfoque fronterizo para que se erradiquen de manera forzada los cultivos de coca en el Catatumbo, implementando la orden de aspersión con glifosato y la definitiva reducción de las guerrillas que actúan allí; mientras el ejército venezolano debe garantizar romper toda colaboración con el ELN en la frontera.
Luego del fracaso de su “Paz Total” Petro acusa a las guerrillas de transformarse en delincuencia común narcotizada. Se trata de un retroceso en el diagnóstico de esta economía que hunde sus raíces en la desposesión de tierras por terratenientes, y el vuelco de miles de colonos a economías más rentables. Se reintroduce un trato policial y militar a la crisis social que sufren los campesinos atrapados en la demanda de hoja de coca para el narcotráfico del que se lucra EE.UU.
Es la hora de la resistencia antiimperialista
La llamada “Doctrina Donroe” (en alusión a la Monroe de “América para los americanos”) de agredir a nuestros pueblos y administrar nuestros recursos a través de gobiernos tutelados, exige el más amplio rechazo de los trabajadores y los pueblos en Colombia y toda Latinoamérica. La avanzada sobre Venezuela deja evidencia del trato que pretenden dar a los gobiernos para ejercer un control directo de recursos y violentar la autodeterminación de los pueblos y naciones que se rebelen contra el imperialismo. Luego de la agresión militar contra Venezuela, el asesinato de cientos de militares y pobladores y el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa, el nuevo de gobierno, encabezado por Delcy Rodríguez y la cúpula del chavismo, está implementando las órdenes de la Casa Blanca, hipotecando sus riquezas petroleras y minerales y aceptando que los ingresos por exportaciones sean administrados directamente por el gobierno yanqui. Ese es el futuro que nos espera si no nos unimos para resistir la ofensiva colonial imperialista.
Por eso Petro debe dar una respuesta a EE.UU. que ratifique nuestra soberanía y autonomía económica, política y social. Desde la Unidad Obrera y Socialista ¡UNIOS!, nos oponemos a la visita de Petro a Trump. Es imposible acordar una agenda “común”. Colombia y América Latina deben reivindicar la lucha anticolonial de Bolívar y escalar la lucha contra el capitalismo y el imperialismo, hasta lograr la Segunda Independencia de América Latina. Se debe convocar a la más amplia movilización de los trabajadores contra toda agresión militar de las potencias imperialistas, en todo el mundo, unificando nuestras luchas con las que el propio pueblo estadounidense viene librando contra ICE, el ejército con que Trump persigue a los migrantes en EE.UU. y asesina impunemente a sus propios ciudadanos.
Exigimos que Petro anuncie el retiro de todas las bases militares de EE.UU. en Colombia, y el fin de toda colaboración con la OTAN. A ello sumar la ruptura total con Israel, desconociendo su Estado y exigiendo el derecho del pueblo palestino a ocupar toda la Palestina histórica. Suspender el pago de la deuda externa y expropiar a las empresas transnacionales con sede en Colombia. Extender al pueblo venezolano toda la solidaridad para que defienda su autodeterminación nacional y defina los mecanismos democráticos para elegir su gobierno alejado del tutelaje colonial que impone EE.UU.
Unidad Obrera y Socialista ¡UNÍOS!

