El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) dio a conocer este martes el índice de precios al consumidor (IPC) correspondiente a enero de 2026, con un aumento mensual de 2,9% medido con la fórmula tradicional que el Gobierno decidió mantener. La lectura oficial se conoció en medio de una fuerte controversia por la renuncia del titular del organismo y la postergación de un nuevo método de cálculo, que había sido destacado por especialistas como más fiel a la realidad cotidiana de precios.
Sigue aumentando
El INDEC publicó este martes el dato de inflación de enero de 2026 con la metodología de siempre, que utiliza la encuesta de hogares de hace más de dos décadas, y registró una suba del 2,9 % mensual. Este primer dato oficial del año llega en un contexto de crisis de credibilidad del organismo estadístico, tras la renuncia de Marco Lavagna, quien promovía la actualización del índice de precios al consumidor (IPC) con una nueva fórmula más representativa de los patrones de consumo actuales.
La decisión de no implementar la nueva metodología —defendida por técnicos y académicos para reflejar con mayor precisión variaciones en servicios esenciales y bienes cotidianos— fue anunciada por el gobierno y gestionada por el ministro de Economía, Luis Caputo, quien sostuvo que se mantendría el sistema antiguo “hasta que la desinflación esté consolidada”.
La diputada del MST en el FITU, Vilma Ripoll, estuvo presente en la radio abierta que se realizó en las puertas del organismo, llevando su saludo y solidaridad a los trabajadores que denuncian la injerencia de Caputo.
Polémica y divergencias entre datos oficiales y expectativas
La publicación de este dato se produjo bajo un fuerte debate público. En la previa, consultoras privadas estimaban una inflación de enero por encima del 2 %, con especial incidencia de alimentos, bebidas y tarifas reguladas. Un relevamiento de mercado anticipó un rango de entre 2,2 % y 2,6 % para el mes, incluso antes de la difusión oficial.
En la Ciudad de Buenos Aires —donde se utiliza una medición local con metodología actualizada— la suba de precios en enero fue del 3,1 %, un reflejo de cómo los rubros cotidianos golpean más fuerte que el promedio general publicado por el INDEC.
La controversia por la fórmula y la publicación de los datos se da además en paralelo a tensiones políticas sobre la independencia del organismo estadístico y su relación con el Ejecutivo, que postergó la actualización del índice y generó cuestionamientos sobre el rol del Estado en la producción de estadísticas clave para la economía y la vida cotidiana.
Implicancias para la vida cotidiana
Aunque el 2,9 % puede parecer una desaceleración respecto de los niveles más altos de inflación de años anteriores, para millones de hogares argentinos sigue representando una fuerte pérdida del poder adquisitivo, especialmente en rubros esenciales como alimentos, transporte y servicios. El uso de una fórmula más antigua tiende a atenuar esas variaciones, lo que profundiza la brecha entre los datos oficiales y lo que las familias experimentan día a día en sus compras.
La tensión entre cifras oficiales, expectativas privadas y experiencias de consumo real refleja no solo una disputa técnica, sino un debate sobre qué inflación se mide, cómo se mide y para quién se construyen esos indicadores, en un país donde los precios continúan siendo un elemento central de la vida social y económica.

