El debut de Morena Beltrán como comentarista en la Liga Profesional abrió una vieja herida: la disputa por quién decide el relato del fútbol. Las frases de Horacio Pagani en Bendita —y el intento posterior de matizarlas— no son un error aislado sino la reacción defensiva de un poder patriarcal mediático que quiere conservar sus privilegios y de una cultura deportiva concreta: la estructura que históricamente reservó la voz del deporte para varones.
Lo que esconde el debate: la disputa de los machos por el microfono
Cuando Morena Beltrán ocupó la cabina para comentar el partido entre Argentinos Juniors y Sarmiento no fue solo una llegada individual: fue la puesta en escena de una disputa histórica por la autoridad narrativa del fútbol. Pocas horas después, en Bendita, Horacio Pagani dijo que “el fútbol es masculino” y sostuvo que “no se metan las mujeres que no juegan al fútbol”, declaraciones que se viralizaron y generaron un rechazo masivo en redes y en el propio ambiente deportivo; Beltrán respondió públicamente y el episodio abrió un debate mayor sobre el lugar de las mujeres en las transmisiones y sobre las reacciones de un statu quo que se siente amenazado. Estos comentarios no son casuales, ni un “mal chiste” son el claro ejemplo de estructuras y concepciones instaladas estructuralmente en la sociedad.
Las mujeres y el periodismo deportivo
El periodismo deportivo argentino construyó durante décadas una distribución del poder que mantuvo a las mujeres al margen de los espacios donde se fabrica la agenda. Las cronistas y comentaristas que entraron al campo de juego o a las mesas de debate no llegaron por una concesión espontánea de las redacciones: lo hicieron tras abrir grietas en prácticas de selección, promoción y reconocimiento profundamente masculinas. Las primeras que hicieron micrófono y relato se enfrentaron no solo a la incredulidad del público conservador sino a un circuito profesional que las relegaba a coberturas “blandas”, notas de color o secciones que no decidían la línea editorial. Que hoy haya periodistas que relatan, comentan y producen partidos de alto perfil es fruto de décadas de trabajo y de una visibilidad que se logró a fuerza de insistencia; sin embargo, esa visibilidad muchas veces se celebra como excepción.
Mujeres en el deporte
Decir que las mujeres “siempre jugaron” no elimina una realidad crucial: el lugar que la sociedad y las instituciones les asignaron. Figuras como Jeanette Campbell, primera medallista olímpica argentina en natación en 1936, simbolizan tanto el talento como la manera en que a las mujeres se las encasilló en “estilos” de deporte considerados apropiados; ya sea para practicarlos como relatarlos —natación, gimnasia, ciertas disciplinas atléticas— mientras se les negó sistemáticamente la centralidad en deportes masivamente masculinizados, como el fútbol. Esa fractura cultural y organizativa explica por qué el reclamo por la profesionalización del fútbol femenino fue, y sigue siendo, también una pelea por reconocimiento laboral y por recursos para que la práctica deportiva sea realmente profesional y en condiciones.
La profesionalización
La visibilización del reclamo por condiciones de trabajo dignas tuvo en Macarena Sánchez una figura emblemática: su demanda y su activismo pusieron la cuestión en el centro y presionaron a la AFA hacia la formalización que en 2019 reconoció avances en la profesionalización. Pero la institucionalización fue solo el comienzo: la apertura legal no disolvió las desigualdades materiales. Contratos insuficientes, falta de infraestructura, salarios que no permiten la profesionalidad plena y la persistencia de prácticas que re victimizan o precariza a las jugadoras muestran que la conquista fue parcial y que la pelea continúa dentro y fuera de la cancha.
El avance y la reacción conservadora
Lo que escenifica el cruce entre Beltrán y Pagani no es solo una cruzada personal: es la dinámica habitual que enfrenta toda mujer que ocupa un micrófono o una tribuna de poder. A las mujeres se les exige una demostración adicional de pericia; sus errores son expuestos como prueba de incapacidad mientras que los errores masculinos suelen ser normalizados. A la vez, las burlas y el sarcasmo funcionan como herramientas de disciplinamiento: cuando la visibilidad crece, vienen los intentos por devolverla al lugar de excepción con discursos que apelan a la “tradición” o a la “naturaleza” del juego. Por eso el repudio inmediato, las declaraciones de condena y las matizaciones posteriores no bastan: hacen falta cambios en las reglas que rigen quién contrata, quién promueve y quién decide qué se emite.
Si la llegada de mujeres a estos espacios se entiende como un acto simbólico sin recorrido institucional, queda sometida a la volatilidad de la agenda pública y al humor del mercado. El cambio real exige que las redacciones y las señales asuman medidas que garanticen trayectorias: contratación con contratos dignos, formación sostenida, plazas en puestos de producción y decisión, y sanciones concretas frente a discursos delegitimadores.
Una pelea que continua
Morena Beltrán no llegó a la cabina como fenómeno aislado: representa un tramo de una pelea colectiva que incluye periodistas, trabajadoras de prensa y fotoperiodismo, jugadoras y activistas. Las frases de Pagani funcionan como un termómetro de la resistencia de quienes prefieren que el micrófono siga teniendo dueño. Repudiar esas palabras es necesario, pero no suficiente. Para que el micrófono deje de tener género hace falta que el poder se redistribuya: no como gesto simbólico, sino como política que garantice acceso, trabajo digno y decisión. Mientras eso no ocurra, cada debut será a la vez una conquista y una prueba que recuerda cuánto falta por cambiar.
La realidad es que las mujeres cada vez más levantamos nuestra voz y accedemos a más espacios de visibilidad en el deporte; en especial en el fútbol. Y eso hace que se resientan todos los esquemas misóginos y patriarcales dentro del deporte con el único objetivo de conservar los privilegios del poder machista.
Desde Periodismo de Izquierda seguiremos dando batalla en este sentido, sin falsas neutralidades y contra la dominación mediática patriarcal.

