Milei en el Foro de Davos. De rodillas ante el capital y Trump

En la noche de este lunes, Javier Milei parte nuevamente hacia Suiza para participar en el Foro Económico Mundial de Davos. Este evento, que desde 1971 reúne anualmente a la élite financiera y política en los Alpes, vuelve a ser el escenario elegido por el mandatario argentino para intentar vender el país al mejor postor.

Mientras el Congreso se prepara para un febrero de sesiones extraordinarias donde se debatirá la reforma laboral, Milei viaja con una agenda cargada de reuniones con los dueños del capital concentrado. El Foro de Davos funciona históricamente como un club exclusivo de multimillonarios y mandatarios donde se delinean las políticas de ajuste global que luego padecen los pueblos. Por sus pasillos han pasado representantes de todas las variantes del sistema, desde Sergio Massa hasta el actual mandatario libertario, demostrando que para los partidos del capital esta cumbre es una escala obligatoria en su búsqueda de legitimidad internacional.

La agenda oficial del presidente se concentra el miércoles 21 de enero, cuando expondrá en el anfiteatro principal bajo la consigna de cómo cooperar en un mundo disputado. Antes de ese momento, Milei tiene previsto un maratón de encuentros privados con los directivos de los principales fondos de inversión y bancos del planeta. Entre los nombres confirmados figuran Jamie Dimon del JP Morgan, Larry Fink de BlackRock y David Solomon de Goldman Sachs, además de las cúpulas del Santander y el BBVA. El objetivo es claro: ya que el gobierno necesita desesperadamente atraer capitales frescos para sostener el precario esquema económico de Luis Caputo. Mientras el ministro intenta parchear la situación con promesas de rentabilidad financiera, Milei busca dar garantías políticas a estos inversores sobre la sustentabilidad de su plan de ajuste y la desregulación total de la economía argentina.

Este viaje ocurre en un marco de altísima tensión geopolítica y alineamiento incondicional con la administración de Donald Trump en Estados Unidos. Milei se ha posicionado como el seguidor más fiel del líder republicano en el Cono Sur, apoyando activamente la reciente intervención militar estadounidense en Venezuela. En un intento por sobreactuar este alineamiento, el gobierno argentino, como un guiño a la situación en Irán y las amenazas del presidente estadounidense, declaró recientemente como organizaciones terroristas a la Hermandad Musulmana y a las Fuerzas Quds iraníes. Estos movimientos tienen una orientación definida, ya que forman parte de una estrategia para conseguir el aval político de Trump que facilite una nueva ayuda económica. Milei se desvive por una foto con su referente norteamericano en Suiza, esperando que los halagos públicos se traduzcan en el oxígeno financiero que su gestión no logra generar de manera genuina.

El prontuario reaccionario y la provocación ideológica

Para entender qué se puede esperar de la intervención de Milei este año, es necesario recordar su actuación en la cumbre de 2025. En aquella ocasión, el presidente utilizó Davos no para hablar de economía, sino para lanzar un discurso cargado de odio contra la diversidad sexual. Sus declaraciones calificando a la ideología de género como un cáncer, e incluso vinculando a la comunidad LGBT con la pedofilia, generaron un repudio internacional masivo. En Argentina, este discurso de odio tuvo una respuesta contundente en las calles con marchas antifascistas que denunciaron el carácter reaccionario y violento del gobierno. Aquella provocación fue una clara muestra de su batalla cultural contra lo que él denomina el wokismo, intentando erigirse como el faro de una nueva ultraderecha global.

Las especulaciones para el discurso de este año apuntan que Milei podría intentar una versión un poco más lavada o centrada en lo económico para no espantar por completo a los inversores que exigen estabilidad. Sin embargo, su necesidad de mostrarse como el mejor alumno de Trump lo empujará probablemente a ratificar su postura anti-ecologista y su rechazo a los organismos internacionales. Mientras la Patagonia argentina sufre incendios devastadores, Milei insiste en que el ambientalismo es un invento socialista para frenar el desarrollo. Este negacionismo climático se suma a su desprecio por los derechos de las mujeres y las minorías, configurando un programa que busca retrotraer las conquistas sociales a niveles del siglo XIX para maximizar la tasa de ganancia de sus amigos empresarios.

La comitiva que acompaña al presidente, integrada por Karina Milei, Luis Caputo y Federico Sturzenegger, tiene la misión de asegurar que Argentina sea vista como un territorio de sacrificio para todos los presentes. El anuncio de que el país abandonará más de cuarenta organismos internacionales vinculados a la ONU deja a la vista de todo el carácter de la gestión libertaria. Aunque estas instituciones han demostrado sobradamente sus limitaciones y su incapacidad para resolver las crisis estructurales que afectan a los pueblos, el retiro impulsado por Milei busca eliminar cualquier marco de regulación mínima. Su objetivo es consolidar un Estado que se desentiende de toda función social para operar exclusivamente como una oficina de negocios al servicio del capital transnacional. Para Milei, la soberanía nacional es una molestia que debe eliminarse para permitir que Trump y las corporaciones dispongan de los bienes comunes del país sin restricciones, tal como se refleja en su apoyo a la pretensión estadounidense de intervenir en lugares tan diversos como Irán o Groenlandia.

De rodillas ante el capital financiero global

El contexto económico en el que Milei llega a Suiza es de una fragilidad extrema que los discursos triunfalistas del gobierno no pueden ocultar. La inflación de diciembre de 2025 volvió a mostrar un alza preocupante y la capacidad instalada de la industria nacional se encuentra en su nivel más bajo de los últimos ocho meses. El gobierno apuesta todo al ingreso de divisas por la vía financiera, mientras los indicadores de la economía real muestran un desplome del consumo y un aumento de la desigualdad que incluso los propios CEOs que asisten a Davos señalan como un riesgo para la estabilidad del país.

La firma del tratado entre el Mercosur y la Unión Europea es otra de las banderas que Milei llevará al foro como prueba de su vocación de apertura absoluta. Este acuerdo amenaza con destruir lo que queda del entramado productivo local para favorecer la importación de productos industriales europeos a cambio de exportar materias primas sin valor agregado. Es una política de reprimarización económica que nos devuelve a un modelo colonial.

La obsesión por coincidir con Trump en Davos es la muestra más patética de esta sumisión. Mientras el mandatario estadounidense agradece el apoyo de Milei desde Washington, en Argentina la mayoría de la población sufre el recorte de subsidios y la carestía de vida. El alineamiento con Trump no es una estrategia de crecimiento para el país, sino un salvavidas político para un gobierno que sabe que su plan económico no cierra sin el apoyo del Tesoro estadounidense y el FMI. Por esta razón, Milei está dispuesto a aceptar cualquier condición, incluso participar en los consejos de guerra creados por Trump para administrar territorios ocupados en Oriente Medio.

Una salida independiente frente al foro de los saqueadores

Tenemos que denunciar esta nueva edición del Foro de Davos como una puesta en escena del capitalismo más salvaje. El hecho de que la ciudad suiza se transforme en una fortaleza protegida por cinco mil militares para que sesenta mandatarios y ochocientos empresarios discutan el futuro del mundo demuestra el miedo que le tienen a la movilización popular. Esta cumbre no busca soluciones para el hambre o la crisis climática, sino que es el espacio donde se acuerdan los planes de ajuste que luego ejecutan gobiernos como el de Milei. La supuesta colaboración que promueven es en realidad un pacto de saqueo entre las grandes potencias y las burguesías locales para seguir exprimiendo a la clase trabajadora y destruyendo el medio ambiente.

Hay que rechazar de manera tajante el viaje de Milei y su pretensión de convertir a la Argentina en un protectorado de los intereses de Trump. El camino de la entrega de los bienes comunes, la precarización laboral y el odio ideológico solo conducen a una mayor miseria para las mayorías. La verdadera alternativa no se encuentra en el lujo de los Alpes suizos, sino en la organización y la lucha de los trabajadores en las calles. Es urgente unificar las resistencias contra la reforma laboral, los tarifazos y la política extractivista que este gobierno representa. El ejemplo de las marchas antifascistas del año pasado debe ser el punto de partida para una gran movilización nacional que le ponga un freno a este plan de guerra contra el pueblo.

El gobierno de Milei intenta ocultar el fracaso de su gestión económica con giras internacionales y discursos ruidosos que solo convencen a una minoría de especuladores. Sin embargo, la realidad de las fábricas despidiendo gente y los salarios de pobreza son mucho más potente que cualquier foto en Davos. Debemos construir una salida propia y soberana, que rompa con el FMI y ponga los recursos del país al servicio de las necesidades sociales, no de la timba financiera de Wall Street. La soberanía de un pueblo no se mendiga ante los multimillonarios del mundo, se conquista con la fuerza de la clase trabajadora organizada.

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