El Fondo Monetario Internacional volvió a marcar la cancha de la política económica argentina
En su primera conferencia de prensa del año, la vocera del organismo, Julie Kozack, no ahorró elogios para el plan de ajuste que ejecutan Javier Milei y Luis Caputo, confirmando que el organismo ve en la miseria de los trabajadores la “base robusta” necesaria para sus objetivos financieros. Esta sintonía entre la Casa Rosada y Washington es un respaldo explícito a la política de acumulación de reservas y a la reciente sanción de un presupuesto de déficit cero que solo cierra con trabajadores bajo la línea de pobreza.
Al referirse a la estrategia del Banco Central para aspirar divisas del mercado, Kozack fue tajante al afirmar que “nos alientan mucho las medidas que están tomando las autoridades para reconstruir reservas. Estas medidas se ven respaldadas por los recientes ajustes a los marcos monetario y cambiario, incluyendo la introducción de un programa de compra de reservas de divisas previamente anunciado“.
La vocera del organismo destacó con entusiasmo que “la acumulación de reservas ha comenzado el año a un ritmo más rápido de lo previsto“, puntualizando que “las compras de reservas del Banco Central han superado el 5% del volumen diario de divisas en la mayoría de los días“. Sin embargo, este festejo esconde una realidad crítica para el país porque, a pesar de este ritmo acelerado, el Gobierno terminó el 2025 con un incumplimiento masivo de las metas originales. Con reservas netas que arrastran un saldo negativo de U$S14.000 millones, el desvío respecto a lo pactado con el Fondo supera los U$S10.000 millones, lo que obligará al equipo económico a mendigar un perdón (waiver) oficial en las próximas semanas.
En este contexto, se confirmó que en algún momento de febrero llegará al país una nueva misión técnica del organismo para auditar las cuentas de diciembre y destrabar un desembolso de U$S1.000 millones que el Gobierno necesita como oxígeno para pagar los propios intereses que el Fondo reclama.
Kozack evitó dar definiciones sobre el otorgamiento de un waiver, pero aclaró que “recién cuando la misión técnica del organismo esté en Buenos Aires habrá discusiones sobre metas y waivers“. Esta demora en el desembolso y la acumulación de vencimientos, que solo en febrero suman 825 millones de dólares, demuestran que el país sigue atrapado en una calesita de deuda donde se toma crédito nuevo de bancos privados o swaps para pagarle a los usureros multilaterales.
La advertencia del FMI sobre la necesidad de profundizar las reformas estructurales también fue directa. Kozack señaló que “una implementación más sostenida y generalizada del programa económico de las autoridades será clave para consolidar la estabilidad que hemos observado“. Este pedido de mayor sostenibilidad no es otra cosa que la exigencia de que el Senado apruebe la reforma laboral en febrero, una iniciativa que el organismo saludó por su objetivo de aumentar la flexibilidad. Para el Fondo, la estabilidad se construye eliminando derechos laborales y garantizando un ancla de equilibrio fiscal general cero, mientras la inflación de diciembre volvió a dar un salto al 2,8% mensual, demostrando que los precios no dejan de subir mientras los salarios permanecen planchados por decreto.
Este acuerdo, celebrado por la burocracia de Washington, es un plan de guerra contra los trabajadores. Mientras Kozack pide que el programa se aplique “de manera que se equilibren los objetivos de desinflación, estabilidad externa, crecimiento y empleo“, el día a día muestra que el único equilibrio que le interesa al Fondo es el de la balanza comercial para asegurar el cobro de la deuda usurera. No puede haber crecimiento ni empleo genuino bajo la bota de un organismo que exige flexibilización y ajuste perpetuo. La única salida soberana es la ruptura con el FMI y el no pago de una deuda ilegítima que solo sirve para financiar la fuga y el saqueo de nuestras reservas.


