La publicación de los datos oficiales del Índice de Precios al Consumidor (IPC) correspondientes a diciembre de 2025 marca el cierre de un ciclo económico donde la única constante ha sido el retroceso brutal de las condiciones de vida de las mayorías trabajadoras.
Con los números que el organismo estadístico publicó esta tarde, se confirma que la variación mensual de diciembre fue del 2,8%, lo que empujó la inflación acumulada de todo el año 2025 a un total del 31,5%. En paralelo a este índice, la difusión de los valores de la Canasta Básica Total (CBT) y la Canasta Básica Alimentaria (CBA) termina de trazar el mapa de la exclusión en la Argentina libertaria, indicando que una familia tipo necesitó la escandalosa cifra de $1.308.713 para no caer bajo la línea de la pobreza.
Este dato de diciembre trae, además, una particularidad técnica que no debe pasar desapercibida, ya que representa la última medición realizada bajo la metodología que tomaba como referencia la encuesta de gastos de los hogares de 2004/2005. A partir de enero, el gobierno implementará una nueva canasta de referencia basada en datos de 2017/2018, lo que constituye un maquillaje estadístico peligroso diseñado para licuar el impacto real de los alimentos sobre el índice general en un contexto de carestía extrema.
Asimismo, el número inflacionario de hoy adquiere una relevancia central para el esquema financiero de Luis Caputo, dado que a partir de este mes el IPC pasado será el indicador que determine el movimiento de las bandas de flotación del dólar oficial. Este mecanismo genera un círculo vicioso de retroalimentación donde el aumento de precios empuja el techo de la divisa, encareciendo los costos de producción que luego vuelven a trasladarse a las góndolas, un movimiento que castiga el bolsillo del trabajador mientras los exportadores festejan con un dólar cada vez más caro.
El IPC de diciembre
El informe[i] del INDEC sobre la dinámica de precios en el último mes del año muestra una variación mensual del 2,8%, lo que sitúa la inflación interanual en el 31,5%. El dato es alarmante porque rompe con la tendencia a la baja que el oficialismo intentaba vender como un éxito rotundo: se trata de la variación más alta registrada desde abril de 2025.
Según el desglose por divisiones, los rubros que lideraron las subas fueron Transporte con un 4,0%, Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles con un 3,4% y Comunicación con un 3,3%, demostrando que la presión se mantiene concentrada en los servicios esenciales.
En cuanto a la evolución del IPC núcleo, que excluye los valores estacionales y regulados para observar la tendencia de fondo del mercado, la cifra se ubicó en un sólido 3,0%, confirmando que el proceso de desinflación que el gobierno tanto pregona ha encontrado un piso muy alto y difícil de perforar. Los valores estacionales registraron un aumento del 0,6%, mientras que los precios regulados, impulsados por los constantes ajustes en tarifas y combustibles, avanzaron un 3,3%.
Esta inercia de precios desmiente cualquier intento oficial de hablar de una “inflación controlada” y expone que, a pesar de la brutal recesión y la caída del consumo, los formadores de precios mantienen intacta su capacidad de fuego sobre los ingresos populares.
Canastas básicas: el umbral de la supervivencia
En simultáneo con el índice general, los datos referidos a la Canasta Básica Alimentaria y la Canasta Básica Total[ii] exponen la profundidad de la emergencia social que atraviesa el país, con aumentos que corren muy por encima del nivel general de precios.
La CBA, que mide exclusivamente los alimentos necesarios para que una familia no caiga en la indigencia, sufrió un incremento mensual del 4,1%, alcanzando un valor de $589.510 para un hogar de cuatro integrantes. Este salto del 4,1% es uno de los más altos registrados en todo el año, evidenciando que lo que más sube es, precisamente, lo que la gente necesita para no morir de hambre.
Por su parte, la CBT, que suma a los alimentos otros bienes y servicios mínimos para definir la línea de la pobreza, también registró una variación del 4,1%, situándose en los $1.308.713.
La variación anual acumulada de ambas canastas durante 2025 cerró con incrementos del 31,2% para la CBA y del 27,7% para la CBT, cifras que certifican el encarecimiento prohibitivo de la vida. Para una familia trabajadora, la brecha entre los ingresos reales y estos valores de referencia se ha ensanchado de manera dramática, ya que hoy se necesitan casi cuatro Salarios Mínimos Vitales y Móviles —ubicados en $334.800[iii]— para cubrir apenas una Canasta Básica Total, lo que demuestra que tener empleo ya no garantiza escapar de la pobreza en la Argentina de Milei y Caputo.
La estafa de la desinflación
El análisis de estos números nos obliga a denunciar la trampa con la que el oficialismo intentará capitalizar estos datos para ocultar el desastre social. Seguramente saldrán a festejar que la inflación acumulada del 31,5% es la más baja desde 2017, pero la realidad es que ese número esconde una masacre sistemática de los salarios, que han perdido por goleada frente a la carestía de la vida. El caballito de batalla de la “inflación cercana a cero” que el presidente prometía se derrumba por completo ante este 2,8% mensual que marca un rebote peligroso. Estamos ante una estabilización en la miseria, donde los precios parecen desacelerar solo porque la capacidad de compra de la gente ha sido aniquilada.
La relación de estos números con las nuevas bandas cambiarias es un ejemplo claro de la sumisión al capital financiero, donde el gobierno garantiza que cualquier aumento de precios hoy se convierta en una devaluación mañana, alimentando un espiral que beneficia a los especuladores. Si contrastamos el valor de la CBT con el trabajo[iv] de la Junta Interna de ATE INDEC, que estimaba ya en septiembre que un hogar necesitaba casi dos millones de pesos para satisfacer necesidades mínimas, queda claro que este gobierno solo pretende profundizar el abismo social. Este saqueo se agrava con los tarifazos que ya rigen en enero de 2026, con subas en luz, gas, agua y transporte que asfixian cualquier posibilidad de recuperación para el bolsillo de los trabajadores.
No hay respiro posible mientras la ofensiva patronal se prepara ahora para imponer una reforma laboral que busca legalizar la precarización y abaratar aún más el despido. Tenemos que denunciar este plan sistemático de hambre y exigir un aumento salarial de emergencia que equipare de inmediato los ingresos de los trabajadores y de las jubilaciones mínimas al valor de la canasta básica, junto a una indexación mensual obligatoria para frenar la licuación de nuestras vidas. Mientras sigamos bajo los designios del FMI y los intereses de Estados Unidos, seremos la variable de ajuste de una timba financiera que solo ofrece miseria y represión. La única salida es la ruptura con el Fondo y un plan económico al servicio de quienes realmente sostienen el país con su trabajo diario.
[i] https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/ipc_01_266741F036E8.pdf
[ii] https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/canasta_01_2683CC2471E4.pdf
[iii] https://www.argentina.gob.ar/trabajo/consejodelsalario
[iv] https://drive.google.com/file/d/1VBPNXTzJg0LVdk55zDg9fuuCspex_LIr/view?fbclid=PAc3J0YwZhcHBfaWQMMjU2MjgxMDQwNTU4AAGnDPZ90T8lrpDGKZSy3ovr4MErWmayQ4HkWdD3kNvBqMhh_4DFd00kCi9NLaA&brid=G6mtwagTyAzFp0D-rRMVew

