Homenaje. A 50 años del secuestro y asesinato de Juan Carlos Scafide, militante del PST

Cincuenta años nos separan de aquella noche que marcó para siempre la memoria del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) y del actual Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST). Medio siglo después, el asesinato de Juan Carlos Scafide, perpetrado por la Concentración Nacional Universitaria (CNU), organización parapolicial de extrema derecha que actuó como brazo armado del terror durante los gobiernos peronistas previos al golpe de Estado de 1976, permanece como un testimonio brutal de una época en la que la violencia política convirtió universidades y calles en verdaderos campos de batalla.

La muerte de Scafide no fue un hecho aislado ni producto del azar, sino parte de una estrategia sistemática de eliminación física de opositores políticos, un oscuro preludio de lo que poco después se consolidaría como una de las dictaduras más sangrientas de América Latina. Hoy, al recordar su trayectoria militante y su trágico final, no solo rendimos homenaje a una vida abruptamente interrumpida, sino que también iluminamos un capítulo fundamental para comprender las raíces de la violencia estatal y paraestatal en la Argentina contemporánea.

El terror como herramienta del capitalismo

El capitalismo, especialmente en sus momentos de crisis, necesita que cada ser humano permanezca aislado, aun cuando viva en un pueblo pequeño o en una gran aglomeración urbana. Se trata de una forma de soledad en masa que permite extraer cada vez más valor del trabajo, al mismo tiempo que dificulta la organización colectiva y la resistencia del pueblo trabajador.

Para sostener ese aislamiento, el sistema recurre de manera creciente a la violencia estatal y paraestatal como mecanismo de control social. Las dictaduras que asolaron nuestro continente fueron una expresión extrema de esta lógica, del mismo modo que hoy asistimos al resurgimiento de distintas formas de autoritarismo en diversas regiones del mundo.

Modificar esta dinámica resulta imposible sin una transformación radical de la estructura social y económica. Carlos Scafide, al igual que tantos otros militantes asesinados por la CNU y la Triple A, luchaba precisamente por eso: por una sociedad justa, en la que las necesidades reales de la mayoría estuvieran por encima de la ganancia de una clase minoritaria. La lucha continúa porque, aunque la CNU y la Triple A ya no existan y no vivamos bajo una dictadura genocida, la lógica que permitió y fomentó su aparición sigue vigente.

Al cumplirse este doloroso aniversario de 50 años, su compañera de entonces escribió las siguientes palabras:


En la noche del 13 de enero de 1976, el accionar de las bandas fascistas de la CNU y Triple A, amparadas por el gobierno peronista de Isabel Perón, secuestran a Carlitos, como todos lo llamábamos, de su casa materna de Ensenada.

Carlitos era trabajador de Propulsora Siderúrgica en Ensenada, formaba parte del gremio ASIMRA, de Supervisores metalúrgicos. Esto no le impedía un total compromiso con la lucha del conjunto de los trabajadores afiliados a la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) que enfrentaban a la conducción burocrática, encabezada por Rubén Diéguez, entregador de sus compañeros y aliado a las patronales metalúrgicas.

Carlitos era un reconocido y querido militante del PST dentro de la fábrica. El nivel de organización de los trabajadores de Propulsora Siderúrgica (actualmente Techint) era un dolor de cabeza para la UOM regional porque se resistían a la conducción burocrática. Dieron grandes peleas como la Huelga Grande de 1974 con más de 100 días de duración, que comenzó con una toma de fábrica de 35 días y autodefensa ante las amenazas del Ejército y la Policía. Obtuvieron importantes conquistas y el reconocimiento de hecho a la Comisión Interna Combativa.

La noche del 13 de enero, después de cenar, Carlitos decide ir a su casa materna para acompañar a su madre, ya mayor, porque había tormenta y sudestada.

En la mañana del 14, Jorge Ávila, trabajador de Propulsora y también militante del PST, me llama al trabajo para informarme que un grupo de tareas lo había secuestrado.

Su madre me contó días después; que ya se había acostado cuando llegó un grupo que se identificó como policías, que intentó escapar por el fondo donde también había encapuchados que lo detuvieron y metieron en la casa. Encerraron a su madre y hermana en el baño.

Al mismo tiempo estaban secuestrando a otro trabajador de Propulsora, también activista, Salvador De Laturi.

Ambos fueron hallados al día siguiente en la localidad de Ignacio Correas, con sus cuerpos acribillados y dinamitados. Tuvimos que velarlo a cajón cubierto.

Por sus características personales, no solo era reconocido y querido por sus compañeros de Propulsora, también lo era por el vecindario donde se había criado.

La Coordinadora de Gremios en Lucha llamó a un paro en repudio del brutal asesinato; una línea de ómnibus de la zona puso colectivos a disposición para su sepelio y varios comercios de la zona no abrieron sus puertas. Unos 600 trabajadores de su fábrica, del Astillero y otras de la región acompañaron el cortejo. En el acto de despedida, en el cementerio, habló José Páez, dirigente del Cordobazo, por la Dirección Nacional del PST.

Carlitos tenía 28 años, era alegre, lindo, un entusiasta militante socialista, lleno de planes y de vida. Lo asesinaron hace 50 años; no olvido, no olvidamos, no perdonamos, continuamos exigiendo justicia.

¡¡Querido compañero siempre presente!!

Mabel Formigo (Pareja de Carlos Scafide)

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