jueves, 3 abril 2025 - 18:58

Inteligencia Artificial y automatización. Su rol en los procesos de trabajo

Este artículo fue publicado originalmente en la edición impresa de marzo de Alternativa Socialista.

Con un mayor grado de tecnificación, se suponen mejores condiciones de vida. No obstante, en el orden capitalista esta relación no se desarrolla de manera automática.

La irrupción de la Inteligencia Artificial (IA) en la cotidianidad de las sociedades trae consigo desafíos y debates en los ámbitos educativo, social, cultural y, por supuesto, en el mundo del trabajo. Dentro de este universo, limitado por los márgenes capitalistas, existe un “impulso incesante por ampliar y perfeccionar la maquinaria, por un lado, y por disminuir al trabajador, por otro”.1

Hoy, el trabajo está disociado de sus ejecutores. Los capitalistas no solo tienen la propiedad de los medios de producción y de las mercancías generadas, sino que también controlan el propio proceso laboral. Es aquí
donde la lógica del capital ha intervenido plenamente en nombre de una eficiencia no solo deseable para el patrón, sino también promocionada culturalmente como necesaria.

La ‘religión de la eficiencia’ adquiere nuevos horizontes con la introducción de la IA. La gestión algorítmica del proceso laboral trae consigo la intensificación de los ritmos de producción, convirtiéndose así en una herramienta más al servicio de la explotación de la clase trabajadora. Hace unos meses, en una entrevista para la revista Jacobin, Craig Gent 2 sostiene que una de las principales problemáticas es que “veremos una degradación en cuanto a la forma en que podemos esperar ser tratados en el trabajo, lo que tiene implicaciones políticas para la lucha de clases en general, más allá del lugar de trabajo”.

Esta perspectiva señala que el mayor riesgo de la intervención de la IA en los lugares de trabajo no es el temor al reemplazo de la mano de obra humana por máquinas, sino una profundización de la deshumanización en el propio proceso laboral. Mientras que el reemplazo masivo de trabajadores por máquinas aún enfrenta grandes dificultades, la deshumanización se confirma cada día como una realidad.

De hecho, la experiencia con la IA en los lugares de trabajo ya ha comenzado a mostrar sistemas de premios y castigos basados en puntuaciones de productividad, un refinado mecanismo de competencia entre las y los trabajadores donde la cultura de la eficiencia y la productividad gana terreno sobre las condiciones laborales.

No obstante, es necesario descubrir el fantasma que a menudo se esconde detrás de la gestión algorítmica y la orientación de la IA. No hablamos de elementos independientes de las relaciones de clase; al contrario, están atravesados e imbuidos por ellas, desde su propiedad y uso hasta su ideología. Como señala Nick Seaver 3: “Presiona sobre cualquier decisión algorítmica y encontrarás muchas decisiones humanas”.

Ahora bien, esas decisiones humanas no pueden desvincularse de los propios procesos de la lucha de clases. Internet posibilitó dar un salto en las telecomunicaciones y en algunos procesos de luchas de este siglo, como la Primavera Árabe, cumplió un rol positivo; en general, al ser un campo de dominación burguesa, estas herramientas son utilizadas para seguir los ‘nobles’ deseos de la burguesía.

Limitación artificial o rienda suelta

La implementación de la IA no fue silenciosa; al contrario, su llegada generó una serie de debates que incluso atraviesan el seno de la sociedad burguesa. Tucker Carlson 5, al ser preguntado sobre la automatización en el mundo laboral, sostuvo: “Si yo fuera presidente, le diría al Departamento de Transporte: ‘No vamos a permitir que los camiones sin conductor circulen por las carreteras, y punto’. ¿Por qué? Muy sencillo. Conducir para ganarse la vida es el trabajo más común para los hombres con estudios secundarios en este país”.

Esta respuesta condensa una especie de ludismo reaccionario5, que prefiere limitar la tecnificación para evitar sus efectos secundarios. El límite para Carlson no son los puestos de trabajo en sí, sino el posible impacto en uno de los núcleos de votantes de Trump.

Asimismo, la posición del excomentarista de Fox no es la mayoritaria. Al contrario, prima la carrera entre empresas y países por el desarrollo de la IA y la automatización, con el mercado como amo y señor que impone esta lógica a quienes no deseen quedarse obsoletos.

Estas miradas, aunque disímiles, se enmarcan en los parámetros del capital, donde el avance tecnológico se traduce en mayores niveles de explotación para los trabajadores.

El desarrollo tecnológico no es lo que pone en riesgo los puestos de trabajo, sino su utilización desde la perspectiva de la voracidad capitalista. Es así como, aun teniendo aumentos exponenciales en los niveles de producción, las jornadas laborales siguen siendo punitivamente largas. La preservación del beneficio del capitalista necesita indudablemente de la explotación de los trabajadores.

Es así como en ofrenda al dios de la eficiencia, cada vez el trabajador produce más y más. Mientras que en paralelo se abstrae con la misma intensidad del proceso de producción y del producto de su trabajo. La tecnología al servicio de ello no va a traer más desarrollo, sino que lo limitará a las ganancias que se puedan extraer de su utilización.

Salida en clave socialista

Pensando fuera de los marcos de este sistema, la IA y sus derivaciones, como todo desarrollo tecnológico, tienen una potencialidad enorme, no solo dentro del proceso productivo, sino para el resto de las áreas de interés humano.

Las perspectivas de ocio universal gracias a la automatización siguen siendo utópicas en comparación con el trabajo socializado, donde se pueda dirigir la totalidad del proceso de producción con su ayuda.

En ese sentido, la lógica del socialismo de “trabajar menos, trabajar todos, producir lo necesario, distribuir todo” se convierte en la mejor opción para optimizar el avance tecnológico, en una ‘eficiencia’ al servicio de la humanidad y no al revés, donde las máquinas estén al servicio de los trabajadores y no a la inversa. Para ello,
se hace indispensable organizarse en la lucha por una sociedad distinta, una sociedad socialista.

  1. Braverman, Harry. Trabajo y capital monopolista.
  2. Escritor, editor e investigador. Autor de Cyberboss: el auge de la gestión algorítmica y la nueva lucha por el
    control en el trabajo.
  3. Antropólogo, profesor de Tufts University, autor de Computing Taste
  4. Comentarista político conservador estadounidense, impulsor de teorías conspiranoicas de la extrema
    derecha.
  5. Concepto expresado por Luke Savage, autor de The Dead Center: Reflections on Liberalism and Democracy
    After the End of Histor

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