jueves, 3 abril 2025 - 18:56

Del fascismo de ayer a la ultraderecha de hoy. Historia y estrategia socialista

Este artículo fue publicado en la edición impresa de Alternativa Socialista de marzo.

La irrupción de una enorme movilización nacional el pasado 1F, bajo consignas contra el fascismo y el racismo, oxigenó la calle canalizando la bronca de miles con el gobierno. A la vez, se reabrieron debates en torno al fascismo y antifascismo, sobre qué es Milei, dónde puede llegar y cómo enfrentarlo. Sobre su relación con Trump y otros ultraderechistas y fachos del mundo. Se debate todo esto y se traen al presente comparaciones históricas. Abordamos todos estos temas desde una perspectiva anticapitalista y socialista.

Un poco de historia: el surgimiento del fascismo

En las primeras décadas del siglo XX -luego del triunfo de la Revolución Rusa, hacia el final de la 1° Guerra Mundial, y en medio de posteriores intentos revolucionarios en Alemania, Italia y otros países- fueron emergiendo las primeras formaciones que, ante la crisis del capitalismo y sus fuerzas políticas, comenzaron a plantear un proyecto y una salida política de ataque brutal contra todas las formaciones de izquierda, contra las minorías y contra los derechos obreros y populares. Se apoyaban en la organización masiva de sus seguidores como fuerzas de choque y paramilitares. Y en la medida que más adelante fueron ganando peso político y representación institucional, se hicieron con el control de las fuerzas armadas que conducidas desde nuevos regímenes fueron sustento de sus planes políticos.

Lo que rápidamente sería conocido como fascismo tuvo sus primeras expresiones en la Italia de Mussolini. Ya en 1922 se realizó la famosa Marcha sobre Roma, impulsada por otros líderes fascistas, la cual fue una movilización y demostración de fuerzas para afianzar su poder político.

Tras este hecho y otros de los años siguientes, a mediados de la década del veinte Mussolini toma finalmente el control político y militar total del Estado italiano y la conducción del partido fascista. Avanzó así en su plan de consolidación de un nuevo régimen dictatorial el cual fue avanzando hasta la década del treinta y hasta la Segunda Guerra Mundial, combinado con políticas de exterminio en países como Etiopía, Libia y los Balcanes. Finalmente, tras la derrota fascista, Mussolini intentó huir. Pero fue atrapado, asesinado, colgado de una viga y lapidado por la población.

En un texto de 1931, Trotsky recordaba sus orígenes y escribía: “El movimiento fascista italiano fue un movimiento espontáneo de grandes masas, con nuevos dirigentes surgidos de la base. Es de origen plebeyo y está dirigido y financiado por las grandes potencias capitalistas. Se formó en la pequeña burguesía, en el lumpen-proletariado y hasta cierto punto también en las masas proletarias; Mussolini, un ex socialista, es un selfmade man producto de este movimiento”.

Paralelamente, en Alemania surgía Hitler, como el Führer del Partido Nacionalsocialista desde 1920. Luego de su fallido intento de golpe militar de1923 y tras su liberación luego de cinco años de cárcel, fue ganando peso político y desarrollando el Partido Nacionalsocialista hasta ser nombrado Canciller Imperial en 1933. Y un año después, asumió la totalidad del poder político y construyó un régimen nazi fascista. Desde ese poder conquistado avanzó en sus planes expansionistas y de exterminio llegando a ocupar varios países a inicios de la década del cuarenta, unos años antes de su derrota final y la del régimen de terror que había levantado.

También en España avanzaron fuerzas fascistas, con el general Franco dando un golpe de Estado en 1936 contra la Segunda República española y dando inicio así a una guerra civil de la cual saldría victorioso, ocupando el poder central y conduciendo el Partido Falange Española tradicionalista y las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista, que posteriormente serían el Partido Nacional. Fue aliado de Hitler y Mussolini en la guerra mundial sin involucrar directamente a su país, pero actuando en secreto con sus tropas en diferentes escenarios. Tras la derrota del fascismo en la Segunda Guerra Mundial, tuvo que convivir con el nuevo mundo de posguerra e ir adaptándose a esta situación, hasta su muerte en 1975 que abrió paso a un cambio de régimen en España, negociado entre los distintos sectores burgueses.

Todas estas experiencias fascistas no fueron solamente un cambio de gobierno. En la medida que pudieron derrotar a la población en la lucha de clases, fueron instaurando otros regímenes políticos totalitarios y dictatoriales, diferentes a las democracias burguesas, que solo pudieron restablecerse en la medida que iban cayendo los regímenes fascistas. El fascismo y el nazismo, no surgieron como algo ajeno al capitalismo imperialista, fueron su cara más brutal en el intento de resolver una crisis capitalista de carácter mundial, tanto en lo económico como en la lucha por la hegemonía del mundo.

La política de los revolucionarios y el desastre del estalinismo

En el plano de la izquierda anticapitalista y socialista, organizada en la Tercera Internacional bajo conducción de los bolcheviques, pero con fuertes partidos cada vez más desarrollados en Europa Occidental, comenzó a analizarse la perspectiva de este nuevo fenómeno político desde inicios de la década del ’20. Y comenzaron a delinearse las primeras definiciones políticas para enfrentarlo, en un momento donde todavía no tenía de su lado el poder político estatal de varios países.

En los Congresos de la Tercera Internacional comienzan a desarrollarse tesis y para 1922 se define y difunde la política del Frente Único, una táctica que en primer lugar se impulsó para disputarle la dirección a los partidos reformistas que aún tenían mucho peso. Y esta realidad se combinaba cada vez más con el surgimiento y avance del fascismo, que hacían necesaria esa táctica para frenarlo.

El Frente Único era la unidad en la lucha de todas las fuerzas obreras, de participación e impulso de acciones de lucha unificadas con los partidos reformistas y a la vez manteniendo la independencia política de los revolucionarios para poder disputarle la dirección a los reformistas, incluso en el marco de esas acciones comunes.

Tras la muerte de Lenin y en los primeros años de persecución política contra Trotsky, el estalinismo, que iba consolidándose en la dirección de la URSS y de la Tercera Internacional, dio un giro político completamente equivocado hacia 1928, llamado del “tercer período”.

Detrás de análisis desenfocados de la realidad y generalizando la idea de un mundo en ascenso revolucionario en países centrales y periféricos, rechazaba todo tipo de táctica unitaria con el reformismo frente al avance del fascismo. Y directamente lo intentaba emparentar como aliado del fascismo impulsando acciones ultraizquierdistas y sectarias desde la Tercera. Esto hizo debilitar a los partidos comunistas, no contribuyó en nada a detener el avance del fascismo ni tampoco a debilitar al reformismo. Molotov, por entonces vocero principal de Stalin, escribía: “En vista de la realidad del movimiento proletario mundial, sólo un oportunista obtuso, un liberal infeliz, podría dejar de comprender que hemos entrado con los dos pies en el reino de inmensos acontecimientos revolucionarios de importancia internacional…Ahora más que nunca, la táctica de alianzas entre organizaciones revolucionarias y organizaciones reformistas es inadmisible y dañina”.2

Trotsky, perseguido e intentando desarrollar la oposición de izquierda confrontó con esta política y decía en respuesta a Stalin y Molotov: “La alianza con los reformistas, en el momento en que las circunstancias los obliguen a dar un paso o medio paso adelante puede ser inevitable. Pero es necesario saber de antemano que los comunistas romperán implacablemente con los reformistas apenas éstos den el salto hacia atrás. Los reformistas no son traidores porque siempre, y con cada uno de sus actos, cumplan las órdenes de la burguesía. Si así fuera, no tendrían influencia en el movimiento obrero y, por consiguiente, la burguesía no los necesitaría. Justamente a fin de contar con la autoridad necesaria para traicionar a los obreros en el momento decisivo, los oportunistas se ven obligados, en el período preparatorio, a dirigir las luchas obreras, sobre todo en las primeras etapas de la radicalización de las masas. De ahí la necesidad de la táctica del frente único, que nos obliga, en aras de la mayor unificación de las masas, a concertar alianzas circunstanciales con sus dirigentes reformistas. Hay que conocer la función histórica de los socialdemócratas para arrancarlos, paso a paso, de todos sus puestos de dirección. La dirección actual revela no poseer ni rastros de ese conocimiento. Solo sabe de dos métodos: el brandlerista de prenderse a la cola de la socialdemocracia (1926-1928), o el de identificar a la socialdemocracia con el fascismo, reemplazando la política revolucionaria con el insulto inoperante. El resultado de seis años de zigzags es el fortalecimiento de la socialdemocracia y el debilitamiento del comunismo. Las directivas mecánicas del Décimo Plenario solo sirven para empeorar una situación que ya de por sí es mala. Sólo un ignorante sin remedio puede creer en el poder milagroso del “tercer período”, capaz de llevar al conjunto de la clase obrera a romper con la socialdemocracia y echar a toda la burocracia reformista al campo fascista. No, la marcha del proceso será más compleja y contradictoria”.3

Y completando su visión acerca de lo que estaba aconteciendo y sus peligros, Trotsky agregaba lo siguiente: “No hay mayor crimen en política que contar con la estupidez de un enemigo poderoso. Puesto que Hitler no puede dejar de comprender que el camino del poder pasa por una guerra civil muy dura, sus discursos sobre la vía democrática y pacífica no son, pues, más que una cobertura, es decir, un ardid de guerra. Hay, pues, que estar tanto más en guardia”.4

Finalmente, el mundo avanzó a una crisis y confrontación de carácter mundial con la Segunda Guerra.

El estalinismo había cometido el crimen político de no hacer nada para evitar el avance fascista y miles de militantes y pueblos enteros pagaron las consecuencias. Luego de ese desastre, el estalinismo desarrolló otra capitulación; el impulso de frentes populares como unidad política con reformistas y con fuerzas burguesas. Como sucedió en Francia en 1935, cuando el Partido Comunista Francés (PCF) forma el Frente Popular con la socialdemocracia y una fracción del Partido Radical. Esta política se extendería luego a otros países, en particular España; donde el rol del estalinismo fue clave para que la guerra civil contra Franco se transformara en una dura derrota de la clase obrera y el pueblo. Avanzada la Segunda Guerra y tras años de masacre y destrucción masiva, finalmente se le puso un freno a la Alemania nazi y con heroísmo se lo derrotó, en particular por el protagonismo del pueblo ruso y los soldados del Ejército Rojo que lo dieron todo para un triunfo que el estalinismo quiso apropiarse junto al imperialismo estadounidense.

Terminaba así la primera y trágica etapa del fascismo, un subproducto directo de la crisis sistémica del capitalismo imperialista del siglo XX.

El nuevo ascenso de la ultraderecha. Causas y consecuencias

Pasaron muchas décadas desde la derrota de los regímenes y proyectos fascistas y en la posguerra los restos políticos de este fenómeno, derrotados siguieron actuando.

Como en relación a Italia explica un historiador “Los grandes jerarcas fueron juzgados, pero no hubo condenas a muerte ni a cadena perpetua, y tras un periodo de encarcelamiento, cuando no fueron absueltos, reanudaron su participación en la vida pública, con el nacimiento del Movimiento Social Italiano. En Italia hubo muchos veteranos del fascismo que pudieron reanudar su actividad política libremente, recordando explícitamente el fascismo, pero actuando en el marco de la república antifascista y democrática. Estas personas participaron en las elecciones políticas, estuvieron representadas en el Parlamento, sin que se les aplicara nunca la ley Scelba, que prohíbe la reconstitución, bajo cualquier forma, del partido fascista”.5

El mundo vivió las décadas siguientes cambios políticos, rebeliones, revoluciones y el surgimiento de dictaduras en diferentes países, como la de Argentina en 1976 que utilizaba métodos fascistas de exterminio. Cayeron luego varias de esas dictaduras y la década siguiente vino un cambio cualitativo como la caída del muro de Berlín y la decadencia y fracaso de todos los Estados conducidos por el estalinismo. Su final en los primeros años noventa abrió la puerta a una nueva situación, a un mundo unipolar con EE.UU. teniendo que afrontar por su propia cuenta y riesgo el control del mundo, tarea en la que finalmente fracasó.

Además, con el inicio del siglo XXI, en 2008 el capitalismo imperialista afrontaría una de sus crisis más profundas con burbujas inmobiliarias y un crack financiero que hizo caminar el sistema por la cornisa. Desde entonces y hasta hace unos años, el mundo vivió la combinación del fracaso de sus principales partidos y regímenes, con poblaciones enteras sufriendo un fuerte deterioro del nivel de vida, pérdida de derechos sociales y democráticos, combinado con un mundo que avanzó hacia la destrucción ambiental. Frente a esta realidad del fracaso de lo viejo, fueron surgiendo nuevas expresiones políticas. En una primera etapa un importante sector de las masas realizó una búsqueda por la izquierda. Lamentablemente ese proceso progresivo encontró a fuerzas moderadas, de centroizquierda y posibilistas, que llegadas al poder no provocaron ningún cambio de fondo positivo. En algunos casos tomaron solo algunas medidas sociales parciales, y en otros casos ni siquiera eso. Esto alentó un nuevo y masivo proceso de decepción en millones, y como subproducto, en los años siguientes a ese fracaso del progresismo combinado con la crisis de las fuerzas tradicionales, se abrió por primera vez en décadas la posibilidad del surgimiento con fuerza de nuevos fenómenos políticos ubicados a derecha y extrema derecha.

Todo este proceso vino enmarcado en una nueva disputa por la hegemonía mundial, proceso para el cual fueron surgiendo primero países que se transformaron en potencias regionales y se organizaron en los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Y ya en los últimos años, con el salto en la influencia económica y política internacional de China y una recuperación al menos como fuerza imperialista regional de Rusia, se fue configurando más visiblemente una disputa de EE.UU. con China, con el imperialismo europeo como aliado estadounidense y Rusia como principal aliado de China. La disputa no ha llegado al día de hoy a convertirse en una tercera guerra mundial, aunque sí se han intensificado las disputas, las confrontaciones de proyectos en escenarios como la guerra de Ucrania, las tensiones en Taiwán, Siria y todo Medio Oriente. El nuevo triunfo de Trump exacerba todas esas disputas y contradicciones, a la vez que abre nuevas negociaciones entre ambos bandos.

¿Qué es Milei? ¿Qué puede ser?

En Argentina hay un presidente que es expresión directa de este fenómeno mundial de ascenso de la ultraderecha. Con rasgos comunes y con diferencias, Milei hace parte de los Trump, Bolsonaro, Meloni, Orbán, la ascendente ultraderecha alemana y otros referentes de actualidad agrupados en la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC) y en presencia de los entusiastas del saludo nazi, como Elon Musk y Steve Bannon y siempre en alianza y apoyo al gobierno fascista del Estado sionista de Israel.

El proyecto que Milei impulsa no podría definirse como fascista, comparativamente no es lo mismo que los
regímenes originales del fascismo que reemplazaron a la democracia burguesa, y sobre todo no ha logrado derrotar a la clase obrera, a los sectores populares y la juventud, ni causar así un cambio profundo en las relaciones de fuerza entre las clases. Sí es notorio que muchos de sus dichos y proyectos apuntan en dirección de un proyecto totalitario, extremadamente reaccionario, solo que aún no tiene condiciones para desarrollarse a fondo, por más que lo están intentado con fuerza. Hasta ahora tiene que mantenerse dentro de los marcos de un régimen democrático burgués, aunque a la vez le provoca modificaciones en sentido muy autoritario, como una etapa previa a lo que podríamos llegar a ver si avanza en su proyecto. En pocas palabras, Milei no expresa un régimen fascista consolidado, pero bien podría avanzar hacia esa dirección si tuviera condiciones de hacerlo. De ahí la urgencia de frenar y derrotar todos sus planes.

Frente único, unidad de acción y antifascismo

Estamos frente a la situación de alentar y ver como un proceso positivo que desde inicios de este 2025 se esté desplegando un movimiento en la calle de contenido antifascista y antirracista, como se expresó en las enormes movilizaciones del 1F.

Allí confluyeron diversos sectores que detrás del apoyo a la comunidad LGBT atacada por Milei, canalizaron masivos descontentos con el gobierno y su proyecto. “Fachos al tacho” fue una de las frases de esos días, lo cual representa un fenómeno progresivo que debemos multiplicar. La crisis política abierta con el evidente fraude y estafa que Milei protagonizó semanas atrás no hace más que alentar aún más la lucha contra el gobierno de ultraderecha y su régimen autoritario y de futuro incierto.

Tomamos lo positivo de este sentir antifascista y así planteamos que para derrotar realmente al proyecto de Milei hace falta desplegar una masiva movilización opositora en las calles. No hay otro camino. No se puede confiar en acuerdos parlamentarios que nunca llegan; por el contrario, siempre terminan favoreciendo a Milei, ni quedarse a la espera de futuras elecciones como propone el PJ, dándole todo el tiempo que el gobierno necesita para seguir aplicando su plan.

No queremos darle un día más para que ajuste, reprima y quite derechos sociales y democráticos. No hay nada más antidemocrático que darle tiempo a los estafadores y represores. Sin ningún tipo de sectarismo convocamos de la manera más amplia y unitaria a ganar las calles contra el facho de Milei y todo su proyecto de ultraderecha.

Necesitamos, como enseñó la Tercera, un gran Frente Único obrero, popular y de la juventud para terminar con este gobierno y con Milei que se tiene que ir. A todas las organizaciones que dicen oponerse a este gobierno y a este régimen las convocamos a que pongan toda su fuerza en la calle. A no hacer el triste y decadente papel de la CGT y otros gremios que vienen avalando todo el plan del gobierno con su silencio e inacción consciente.

A la vez, este Frente Único entre las organizaciones obreras y populares, y todo tipo de unidad de acción contra Milei, lo desarrollamos con la mayor independencia política. Nos unen acciones en la lucha contra Milei, pero nos separan profundas diferencias políticas y de estrategia. Una cosa no niega la otra, son dos realidades que se combinan en la intervención política y en las luchas. Y la única forma de
hacerlo correctamente es garantizando que, en medio de la mayor unidad en la calle, siempre tengamos la independencia para decir y criticar todo lo que creamos correcto. Lo cual es decisivo no solo en la disputa para que haya una lucha decidida contra Milei, sino de cara a qué hacer después que nos saquemos de encima a este personaje siniestro.

En resumidas cuentas: “Participamos en un Frente Único, pero en ningún instante nos diluimos en él. Actuamos en el Frente Único como un grupo independiente. Es precisamente en el curso de la lucha que el conjunto de las masas debe aprender por experiencia que nosotros luchamos mejor que los demás, que vemos mejor, que somos más audaces y resueltos”.6

En resumen, en Argentina hemos llegado al momento de activar a fondo contra todo este proyecto ultraderechista, contra el facho de Milei y toda su fuerza política. Un proyecto muy peligroso, ultra reaccionario y diferente a otros proyectos burgueses que han gobernado.

Es hora de derrotarlo en la calle, enfrentarlo en las redes y en cada lucha política y social donde se expresan sus provocaciones e ideas nocivas.

Por un gobierno de los trabajadores y la izquierda

La imprescindible unidad en la calle contra Milei, no tiene una aplicación en espejo en el plano político. En este terreno se trata de unirse en función de un proyecto por la positiva para sacar realmente al país de la situación actúa, sin abonar a frustraciones y no repetir recetas que ya se aplicaron, ajuste y FMI mediante, y nos trajeron infelizmente a este presente de un ultraderechista gobernando.

La sola existencia de Milei es ejemplo concreto del desastre provocado por los partidos tradicionales y en particular por la dirección peronista. No se puede negar la experiencia reciente a la hora de proponer hacia dónde vamos. Nuestra propuesta es categórica: en un país polarizado y en medio de la decadencia de todo el viejo sistema político, solo la izquierda anticapitalista y socialista puede encarar el desafío de ser alternativa, al no tener nada que ver con fracasos anteriores ni con ningún sector capitalista y burocrático del país. Lo cual, dialécticamente, hace evidente que el Frente de Izquierda que integramos y valoramos tiene que dejar de lado todas sus limitaciones y aspectos electorales, para abrir paso a un gran movimiento político o partido común de tendencias, con un formato político-organizativo que permita debatir e intervenir en común en todos los ámbitos de la lucha de clases y política. Y la apertura a convocar a miles de trabajadores, jóvenes decepcionados y a nuestra militancia, simpatizantes y organizaciones aliadas, a que sean parte de una nueva etapa con participación y protagonismo, con la estrategia de derrotar a Milei y su proyecto, e imponer un gobierno de los trabajadores y la izquierda.

Para avanzar en todos estos objetivos y desafíos es necesario hacer más grande y fuerte estas ideas dentro de la izquierda y dentro del FIT-U. A eso intentamos contribuir desde el MST. Y te estamos invitando a sumarte, ser parte y colaborar con esta tarea junto a nosotros.

  1. ¿Qué es el fascismo? 1931, León Trotsky
  2. Pravda, Nº177, 4 de agosto de 1929
  3. El “Tercer período” de los errores de la Internacional Comunista, León
    Trotsky, 1930
  4. Por un frente único contra el fascismo, 1931
  5. Entrevista a Emilio Gentile, historiador del fascismo
  6. Las tácticas del Frente Único, 1922

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