30400. Dictadura y disidencias


“No los conocimos, no los conoceremos jamás.
Son, solamente, cuatrocientos de los treinta mil gritos de justicia que laten en nuestro corazón”

— Carlos Jáuregui, Historia de la Homosexualidad en Argentina


“Lo que no se nombra, no existe”

— Movimiento LGBT+


Medio siglo pasó desde aquellos años oscuros que recorrieron las calles de nuestro país. Años que marcaron a fuego a un pueblo que recuerda, que tiene memoria. A 50 inviernos de la dictadura cívico-eclesiástica- empresarial y militar, las plazas argentinas florecieron con miles que se comprometen a ser revancha.

Los registros históricos del movimiento LGBT en nuestro país siempre fueron escasos, los mismos se reconstruyeron a través de la militancia y la voluntad de investigadores que ponen nombre a lo que se quiso ocultar. Mucho tenemos que agradecerle a aquellas locas de pañuelo blanco que llenas de coraje enfrentaron a los monstruos del infierno. Madres y abuelas, eminencias de un país que no se arrodilla. La realidad es que existe un nexo socio-cultural, político e ideológico entre la defensa de los derechos humanos y la “liberación homosexual”, un vínculo que excede a nuestras fronteras. Sin embargo, fruto de la revolución contra los genocidas, esa conexión nos llevó a ser pioneres en latinoamérica con la Ley de Matrimonio Igualitario y la Ley de Identidad de Género.

No es mi intención en este texto expresar y redactar los avances o traspiés de nuestro movimiento, lo que ameritaría libros que fueron escritos por grandes activistas y mi humildad no permite asimilarme a les mismes. Pretendo en estas líneas simplemente hacer memoria de quienes no tienen nombre, de quienes la Triple A y los milicos asesinaron en la década del 70’.

Para Gustavo Zampichiatti, compañero de mi corriente y de mi partido antecesor, el PST. Amigo trosco-gay, como lo llamaba Nestor Perlongher. Militante socialista, integrante del Frente de Liberación Homosexual y estudiante de psicología en la UBA. Secuestrado por la Policia Federal en mayo del 77’ en la esquina de la facultad.
“Zampi”, gracias por el coraje.

No me importa la cifra. Que digan dónde están.


“En un mundo en el que coexisten la guerra y la poesía, en el que el espanto nuclear amenaza la subsistencia del hombre, debemos regenerarnos hasta el punto de rescatar todo lo que de humano hay en nosotros”

Carlos Jáuregui, Historia de la Homosexualidad en Argentina

Pasan los años y parece ser que todo se reduce a un número, como si la gravedad de los hechos fueran a medirse en cantidad de muertos. Odio hablar de números, nadie quisiera que fueran tantos, pero dada la ofensiva negacionista de Milei y sus amigos, me veo en la obligación de aclarar: son 30.000.

Objeto de fuertes polémicas. De hecho, hace unos días una compañera de la Facultad de Medicina participaba de una entrevista con el pelado Trebuq tras ser acusada por un libertario de querer matar al presidente por un simple juego de dardos, omitamos las risas. “La cifra fue inventada” dijo el pelado, casi recibiendo sobres de dinero directamente en vivo. Es verdad que el informe del Nunca Más habla de 9.089 denuncias, lo que no se cuenta es que el documento fue cerrado en septiembre de 1984, apenas iniciada la “democracia”, donde primaba el miedo al terror que antecedió. El mismo miedo que se materializó décadas posteriores con la segunda desaparición de Jorge Julio López y la responsabilidad política del gobierno kirchnerista. Aquel informe no habló de los asesinatos de la Triple A, pero sí de la teoría de los dos demonios.

La cifra de los 30.000 no fue inventada ni solo es una consideración política. Para entonces, al presentar el informe, fueron muchas más pero hubo una selección a modo de síntesis de las que más pruebas y accesos a recursos legales contaban. Muchas no se tomaron en consideración. Pero detengamonos un momento: en nuestro país funcionaron alrededor 800 centros clandestinos de detención y tortura, por la que pasaron miles. Hace falta solo saber sumar para que la acusación del “invento” se desarme.

El rabino Marshall Meyer tuvo un intercambio con Carlos Jáuregui allá por el 85’. Le confesaba que en los listados de la CONADEP se omitió la “identidad homosexual” de 400 detenides-desparecides. La iglesia cómplice y reaccionaria había hecho de las suyas. Tan solo 400 de un informe ya incompleto nos indica sólo una cosa: son más. Muertos aún, siguieron resistiendo ante la dificultad de volverse archivo.

Sabemos poco de todes elles. La lucha social nos permitió poner nombres, caras y relatos. Los milicos ya no están, pero los dueños del poder que los ampararon o que fueron cómplices en esta falsa democracia, siguen de pie. Que abran los archivos, que nos digan dónde están, que confiesen qué hicieron con todes elles.

Volante contra la impunidad y los edictos policiales, a tres años del fin de la última dictadura militar argentina (1976-1983). CHA.

Resistencia


“La libre sexualidad, en nuestro país, vivió su período más negro durante los años de la dictadura militar protagonizada por una banda de ladrones y asesinos que se autodenominaban Proceso de Reorganización Nacional. Que la historia los coloque en el lugar que les corresponde: al de la ignominia”

— Carlos Jáuregui, Historia de la Homosexualidad en Argentina.


La dictadura fue sangrienta y en sus discursos hablaba de la defensa de un “modelo occidental cristiano”. Tuvo su “previa” con la Triple A, la CNU y la CDO, comandadas por el mismísimo Perón, Isabel y López Rega. El reconocimiento de esta antesala del horror es un triunfo del movimiento de Derechos Humanos.


“La dictadura genocida tuvo como antesala el gobierno de Isabel Perón, con López Rega y la Triple A, la CNU y demás bandas fascistas; el ensayo de genocidio del Operativo Independencia, mientras avanzaba el Plan Cóndor en los países de la región”

—Documento unitario leído el 24 de marzo de 2026 en la masiva Plaza de Mayo

Los posteriores grupos de tareas tuvieron como objetivo el exterminio de la vanguardia obrera y estudiantil que había surgido en el Cordobazo, el Rosariazo, Correntinazo, Viborazo y Mendozazo, la huelga de Villa Constitución y la pelea por el boleto estudiantil. El mundo acompañaba: la Primavera de Praga, el Mayo Francés y la rebelión estudiantil en México, elementos que motorizaban rebeliones. Por eso, también, hubo resistencia. No voy a extenderme en todas, solo relataré las que involucraron a esos subversivos sexuales que tuvieron coraje.

Ante los ataques de las bandas fascistas, Nahuel Moreno y el PST prestaron una habitación de su local en Once para que el FLH pudiera reunirse cuando el peronismo y el Partido Comunista les habían dado la espalda. Malintencionades hoy algunos hablan de discriminación en el propio partido y el afán de ocultar ese acto de solidaridad que se expresaba con un cartelito en la puerta de la habitación: “no pasar”. Tras las masacres de nuestros propios compañeros a manos de las bandas paramilitares, tan solo se trataba de una medida de seguridad.

En enero del 76’ fue el último acto militante del FLH. A los pocos días Perlongher fue detenido. Con el golpe muches partieron al exilio o al insilio. Algunes relatan haber visto a varies en el centro clandestino “La Perla” donde era sistemática la violación de las personas en cautiverio, incluidos algunos varones. No fueron detenides por ser disidencias, pero su trato fue de las torturas más sádicas.

Existió una casa ubicada en el Pasaje San Lorenzo 391, San Telmo, en la Ciudad de Buenos Aires. Martha Ferro, militante del PST, lesbo-trosca, había armado allí un sótano. Un sótano de reuniones feministas, del partido, “las juntadas troskas” y reuniones de lesbianas. Un sótano que fue escenario de múltiples actividades clandestinas: obras de títeres, cine-debates, campeonatos de truco, danza, música. Allí empezó a tocar Celeste Carballo, pero eso es otra historia. Un espacio y activistas símbolo de la humanidad, la valentía de ser, desear y seguir soñando un mundo distinto.

Nos toca ser revancha

Mi “maestro”, Pablo Vasco, militante del MST, fundador del EMVyJ y fallecido hace poco más de un año, nos habló mucho de la memoria, pero no de una memoria nostálgica sino de una para transformar el camino que tenemos. Su libro “30.400”, el mismo saldrá en un re-lanzamiento en unas semanas, es un registro único en nuestro país, clave para nuestra identidad. La resistencia y la lucha de entonces es lo que nos permite ser el pueblo que somos. Y sí, a veces nos golpea la realidad. Pero la historia nos debate hechos elementales. Los milicos llegaron al poder diciendo que gobernarían décadas. Todos los monstruos de nuestro pasado quisieron anclarse al dominio de una sociedad que tarde o temprano se rebeló. Se puede enfrentar a la bestia que nos toca vivir como generación. Milei no es el león que quiere ser porque tenemos la fuerza para sacarlo. Se lo debemos a todes elles, se lo debemos a quienes hoy son víctimas de los crímenes de odio. Nos toca ser la revancha por la liberación real, de nuestro colectivo, de nuestra clase y de cualquier tipo de opresión.

30000 presentes.
400 subversivos sexuales presentes.
Ayer, ahora y siempre.

Micaela Escobar

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