Una nueva mentira verde. El Hidrógeno

La debacle ecológica que afronta nuestro planeta, de la que la pandemia de Covid es apenas un temprano botoncito de muestra, ha empezado a asustar a las elites de los países enriquecidos (susto que pasa por la posibilidad de perder sus prerrogativas). Tímidamente, empiezan a hablar de abandonar los combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón), o al menos desincentivar su uso. No menos importante, han tomado nota de que los combustibles fósiles han alcanzado o están alcanzando su cénit de extracción; dicho de otra manera: les ha caído la ficha de que los recursos no renovables son no renovables en serio. Tal vez esto último, más que la contribución de los combustibles fósiles al cambio climático, es lo que más está empujando a los países enriquecidos hacia fuentes alternativas de energía.

En este contexto, el Hidrógeno es presentado como el combustible del futuro, sobre todo el llamado Hidrógeno Verde, que no produce emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) ni al ser producido (por ser obtenido del agua vía electrólisis, utilizando fuentes renovables de energía) ni al ser combustionado, pero también el llamado Hidrógeno Azul, obtenido a partir del Gas Natural, que produce emisiones de GEI al ser producido, aunque estas luego son capturadas, o el Hidrógeno Gris, obtenido también del Gas Natural, con emisiones de GEI al ser producido. El Hidrógeno (Verde, Azul o Gris) podría servir para muchas cosas: como combustible, reemplazando la nafta y el gasoil; para calefacción, reemplazando el Gas Natural, y para generar electricidad a partir de su oxidación, pudiéndose complementar con fuentes renovables. En realidad, todas estas aplicaciones del Hidrógeno ya existen, pero a escala piloto o industrial muy pequeña. Lo que sueñan los países enriquecidos es sostener con Hidrógeno todo lo que se consiguió construir sobre la base del petróleo en los últimos cien años. Una misión imposible: nada podrá reemplazar el petróleo. O no tan imposible, si lo que pretenden es sostener algo para pocos.

La ruta del Hidrógeno está sembrada de obstáculos técnicos, que hacen dudar sobre la posibilidad de ser aplicado a la escala que se pretende. Debido a que no existe en estado libre en la Naturaleza, la obtención de Hidrógeno insume mucha energía (sobre todo el Verde o el Azul). Hay también muchos problemas con su almacenamiento y transporte. En especial la producción masiva de Hidrógeno Verde requiere de grandes electrolizadores y parques eólicos o solares, con todos los conflictos que eso ocasiona (ocupación del territorio, desplazamiento de comunidades campesinas o de pueblos originarios, etc.). Y lo que todos callan: la producción masiva de Hidrógeno Verde requiere de enormes volúmenes de agua.

Independientemente de todos estos problemas, y aun admitiendo que el Hidrógeno podría tener un rol en la transición energética, lo que preocupa es la actitud que nuestras elites están asumiendo ante este nuevo espejismo energético venido desde el norte. En efecto, más que pensar en el Hidrógeno como una forma de satisfacer las necesidades energéticas de nuestras poblaciones en un escenario post colapso, lo que están tramando es cómo hacer de esto un negocio. Los países del Norte Global han desembolsado una cantidad de dinero sin precedentes para la recuperación post pandemia, una buena parte de la cual está destinada a promover las energías renovables y particularmente el Hidrógeno Verde. Ante esto, nuestros países del Sur Global compiten obscenamente por manotear algunos de esos fondos públicos caídos desde el Cielo del Norte, a los codazos para entrar en la short list de países con Hidrógeno Verde Barato for export, y así servir a la satisfacción de las necesidades de los países industrializados, a costa de nuestro territorio y nuestra agua. Una vergüenza total.

Definitivamente, los países del Norte Global no podrán producir todo el Hidrógeno que requerirán para sostener su matriz industrial, por no reunir las condiciones climáticas necesarias (buenos vientos, buena luz) pero sobre todo por no estar dispuestos a sacrificar sus territorios (como dijimos, los parques eólicos y fotovoltaicos ocupan mucha superficie, y la producción de Hidrógeno Verde requiere de mucha agua dulce). Por eso miran para este lado, donde hay buenos vientos, buen sol, mucha agua dulce, y sobre todo una clase política y empresarial siempre dispuesta a vender nuestros bienes comunes naturales.

La prueba más cabal de que a nuestros gobernantes les importa un bledo descarbonizar nuestras economías (más allá de algunas acciones que no ponen en riesgo los intereses de nadie, asumidas solo para cumplir y no pasar grandes papelones internacionales en las cumbres climáticas) está en el hecho de que ni el gobierno nacional ni los gobiernos provinciales más entusiasmados con la posibilidad de venderles Hidrógeno Verde a los países enriquecidos, están dispuestos a renunciar al petróleo y al Gas Natural. Por caso, en menos de un mes, el gobierno de Río Negro anunció la licitación de nuevas áreas convencionales y no convencionales, y el gobierno nacional presentó su ley de promoción para los hidrocarburos, decisiones políticas que, a esta altura de la crisis ecológica mundial, no pueden ser tipificadas sino de criminales.

Se escudan en la crisis social (que nosotres no generamos). También alegan que Argentina es acreedora ambiental, y si esto no termina de convencer salen a decir que no movemos la aguja de las emisiones globales de GEI. (¿Por qué, concluyen, deberíamos abandonar los combustibles fósiles?) En realidad, lo que les interesa es seguir exprimiendo Vaca Muerta e incursionar en nuevos petronegocios, entre los que sobresale la extracción off shore en el Mar Argentino. Lo que definitivamente no quieren es discutir el modelo, porque no están dispuestas a renunciar a sus privilegios, sostenidos a costa del planeta, de nosotres, y de todos los seres vivos con quienes lo compartimos.

En suma, el Hidrógeno Verde posee para las elites el triple valor de ser una solución (muy parcial y dudosa) para los problemas de los países enriquecidos, de ser un muy buen negocio, y de enverdecer la sucia conciencia de las compañías petroleras, por ejemplo, produciendo Hidrógeno Azul a partir de Gas Natural y prometiendo capturar las emisiones de GEI generadas (cruzando los dedos para que todes les creamos).

Leonardo Salgado

Cipolletti-Río Negro

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