Tractorazo. Entre privilegios, renta extraordinaria y tibieza oficialista

Finalmente se desarrolló este sábado el tractorazo convocado por una gran cantidad de sectores del agro, con el claro impulso político de la oposición de derecha de Juntos por el Cambio, quienes participaron de la movilización con sus referentes Bullrich y Larreta entre otros. También con el visto bueno de Milei y la participación de Espert, quienes aquí no se quejaron de la marcha y los cortes de tránsito. Cuando son los pobres quienes se movilizan quieren prohibir su derecho a reclamar. Cuando se manifiestan sectores privilegiados en defensa de su renta extraordinaria, ahí el impresentable de Milei muestra su verdadera cara, de apoyo total a los que más tienen.

Sucede que el tractorazo de este sábado, que culminó con un acto en Plaza de Mayo y un documento con sus demandas, trajo el reclamo sobre todo de los grandes agroexportadores y de grandes y medianos productores, quienes piden que no se les cobre el llamado impuesto a la “renta inesperada” por la suba de los precios por la guerra, piden además el fin de las retenciones, y encima que se baje el gasto público.

Todo el programa de la movilización es en defensa de sus abultadas ganancias, en medio de un país envuelto en el crecimiento de la pobreza e indigencia. Es decir, un país que necesita recursos para afrontar las necesidades sociales de millones.

La aceleración de esta marcha se dio luego de los tímidos anuncios de Guzmán, que propuso un bono en base a un impuesto parcial y por única vez a la “renta inesperada” por la suba de precios por la guerra, y rápidamente sectores exportadores salieron a oponerse a que le toquen el bolsillo.

Alentados a la calle por un gobierno tibio

¿Por qué lo hacen? Por dos motivos. Primero porque quieren quedarse con el 100% de sus ganancias extraordinarias, por eso incluyeron el fin de las retenciones entre sus reclamos. Pero además se lanzan a la calle, porque ven que el gobierno siempre termina retrocediendo y no tocando ninguno de sus intereses económicos. Y ahora buscan que pase lo mismo.

No es casual que, en la mañana del sábado, el presidente Fernández mandó a su ministro de agricultura Domínguez a decir que no habrá aumento de retenciones y que está dispuesto a escuchar demandas, en un discurso conciliador con los organizadores del tractorazo, mientras Aníbal Fernández se guardó sus amenazas en el bolsillo y no frenó ni un solo tractor, tal como había amenazado.

No nos sorprende este accionar tibio e inútil. Es el mismo gobierno que nunca se animó a aumentar verdaderamente las retenciones, el que retrocedió con Vicentin, el que no cuestiona el actual modelo agroexportador donde un pequeño grupo de grandes corporaciones produce lo que quiere, vende lo que quiere y hace que entre y salga del país lo que ellos quieren, generalmente en sus propios puertos privados o con el aval oficial en puertos estatales puestos a su disposición. Mientras haya gobiernos que actúan así, seguirán intentando pasar a la ofensiva estos sectores, con la oposición política de derecha por detrás.

Un debate de fondo

La tremenda crisis económica y social que sufren las mayorías trabajadoras y populares, necesita salir de esta situación a través de un proyecto de país. Y para eso hay que cambiar todo el sistema impositivo y todo el modelo de producción y comercialización de alimentos y sus derivados.

Por un lado, no solo hay que ponerle un impuesto a la renta llamada inesperada. Lo que hace falta es un fuerte impuesto permanente a todas las grandes fortunas empresarias, agroexportadoras, a los grandes dueños de la tierra, a los bancos, a todas las corporaciones y a las grandes riquezas personales. Con ese dinero, más el que tendríamos si no le pagamos al FMI la estafa de la deuda, habría muchos millones para salarios dignos, planes de trabajo, de vivienda y mejoras cualitativas en salud y educación pública. Lejos de bajar el gasto público como reclama este tractorazo, hay que aumentar el gasto del Estado en necesidades sociales, sacando recursos de los sectores más privilegiados de la sociedad. Tienen que haber retenciones diferenciadas y segmentadas, para pequeños, medianos y grandes productores. Y a la vez eliminar el IVA de todos los productos de la canasta familiar.

A la vez, el tractorazo de este sábado visibiliza la necesidad de un debate de fondo sobre el modelo agrario y alimentario. Desde el MST y el Frente de Izquierda Unidad, estamos por cambiar de raíz todo este modelo capitalista y desigual en el campo que “no es de todos”, sino de una minoría privilegiada que tiene las mejores y más grandes extensiones de tierra y conduce el plan de producción y arrendamiento, que incluso perjudica a la producción familiar y a los más pequeños productores.

Solo desde la izquierda estamos dispuestos a cambiar todo esto con medidas muy claras: una profunda reforma agraria para terminar con la concentración en el campo y provocar un reparto masivo de la tierra, al servicio de dar trabajo a miles y miles y de avanzar en una producción masiva que sea socialmente necesaria. Para eso, que sean las propias comunidades en acuerdo con el Estado quienes debatan y decidan qué alimentos producir y en qué cantidad, de acuerdo a las necesidades de millones de familias trabajadoras. Sobre la base de cubrir esa necesidad vital y humana que es la prioridad, sí destinar el excedente a las exportaciones para generar ingreso de divisas al país, para ser utilizada en más necesidades sociales. Y no como ahora que las divisas ingresantes se la quedan las grandes corporaciones y productores.

Para garantizar todo esto, estamos por la nacionalización de la banca y del comercio exterior. Para que todo el movimiento económico, incluido el crédito necesario para familias, cooperativas y pequeños productores agrarios, lo decida el Estado y no unos pocos vivos. Y el control del comercio exterior, precisamente cómo decíamos antes, para decidir que ingresa y que sale del país, y al servicio de qué necesidades sociales y no de la ganancia capitalista.  

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