viernes, 19 julio 2024 - 08:38

Segunda ola. ¿Qué hacer?

Debajo de la segunda ola. Con más de 20 mil casos diarios en los últimos días, la segunda ola se vino con todo. Se encendieron todas las luces de alarma que tuvieron apagadas durante meses. De no mediar un drástico giro en la política sanitaria y social, la perspectiva es desfavorable. Hay crecimiento exponencial de casos, se están superando los picos de contagio e incluso fallecimientos acaecidos en la primera ola en muchas localidades. El marco de la pandemia en los países limítrofes, la aparición de nuevas variantes más contagiosas y virulentas, cuando ingresen con todo hacen prever más internaciones y muertes, mientras que el sistema de salud se empieza a saturar por los nuevos casos y la ocupación de camas por la demanda contenida. Los financiadores privados, con sus clínicas y sanatorios ya empiezan a resistirse a atender enfermos Covid-19, sabedores de que son pacientes con alto consumo, pretenden que los gastos los asuma el sector público. La vacunación sigue a ritmo muy lento y escasa en volumen. Ha trascendido que se acabarían las vacunas durante el próximo fin de semana.

Las medidas del gobierno son cosméticas. Lejos, muy lejos de lo que se necesita por la gravedad de la pandemia. El decreto del jueves pasado solo suspende los viajes grupales (estudiantes, egresados, jubilados, etc), la circulación nocturna en lugares de “alto riesgo sanitario” y las reuniones en domicilios particulares, como si el virus supiera de horarios y de lugares para contagiar. Mientras mantiene abiertas fábricas y negocios, y reconoce que le es imposible controlar la circulación diurna en ciudades y los movimientos interprovinciales. También se obstina con la presencialidad en las escuelas que ha costado la vida de muchos docentes desde su inicio.

La pandemia agrava la crisis: 42% de pobreza. El dato es dramático y la realidad mucho más. Según el último informe oficial del INDEC al segundo semestre del año pasado, el 42% de la población de nuestro país ya se encuentra por debajo de la línea de pobreza: unos 19 millones de personas. Es decir, 4 de cada 10 habitantes somos pobres. Y el problema sigue creciendo, porque la inflación y los despidos no paran. Entre la juventud la pobreza sube al 49% y en la niñez de 0 a 14 años es aún peor: 58%. A su vez el nivel de indigencia, o sea de miseria, llega al 10,5% de la población y abarca a unos 4.7 millones de personas que no cubren sus necesidades más básicas y directamente están pasando hambre. Nada quedó de aquellas famosas promesas electorales de Alberto del “asado” y la “heladera llena”…

Medidas sanitarias urgentes. Para empezar a revertir esta gravísima crisis, por un lado, además de presupuesto de emergencia, refuerzo de los planteles del equipo de salud con salarios y plenos derechos, y de la infraestructura del sector público, se necesita un programa sanitario que incluya lo siguiente. Testeos masivos para poder aplicar cierres y restricciones con verdadero criterio epidemiológico. Restringir las actividades no esenciales para bajar la circulación y aglomeración de gente en espacios cerrados y transporte público. Proponemos aislamientos focalizados según el mapeo epidemiológico que resulte de los testeos con sostenimiento social. Suspender la presencialidad escolar en consulta con la comunidad. Sistema único de salud para poder contar con todos los recursos humanos y físicos disponibles en el país y acabar con el negocio de la salud de prepagas y sindicalistas corruptos. Declarar de utilidad pública sujeto a expropiación al laboratorio mAbxience que produce vacunas y anular las patentes farmacéuticas de las multinacionales para vacunar a todxs.

Medidas económicas urgentes. No hay forma de sostener las restricciones si no se aplican medidas económicas de sostén para lxs trabajadorxs y desocupadxs. Restituir ya mismo un IFE de $ 40.000 por mes, universal y por todo el período que dure la pandemia. Aumento general de salarios con mínimo de $ 58.000 para cubrir la canasta familiar, actualizado mensualmente. Igual actualización de planes sociales y jubilaciones con el 82% móvil. Prohibición real de los despidos y suspensiones. Toda empresa que amenace o cierre debe abrir sus libros contables y cuentas bancarias y nacionalizarla bajo el control de sus trabajadores para mantener la fuente de trabajo. Anular el IVA a la canasta familiar, como un paso elemental hacia una reforma tributaria progresiva. Esto produciría una rebaja inmediata del 21% en los precios de todos los productos de primera necesidad, ayudando también por esta vía a aliviar el tan castigado bolsillo popular. Congelar las tarifas de todos los servicios públicos para los hogares. Sería un primer paso hacia la necesaria anulación de las privatizaciones y la reestatización de esas empresas bajo el control democrático de sus trabajadores y usuarios, única solución para garantizar un buen servicio y terminar con los curros y tarifazos.

Plata hay, y de sobra. El gobierno -y por supuesto la derecha macrista- no tiene la voluntad política de afectar los intereses de los capitalistas que se embolsan millonadas. Priorizan al FMI y las corporaciones pagando al FMI miles de millones de dólares anualmente por deuda trucha y todavía la AFIP no logró cobrar ni un peso del famoso “impuesto” por única vez a las grandes fortunas, menos del 10% se anotó para pagar y encima más de 80 ricachones han presentado demandas judiciales para evadir el pago, una injusticia intolerable. Hay que avanzar al no pago soberano de la deuda externa, ya sea en concepto de capital o intereses, tanto al Fondo Monetario Internacional, como al Club de París y los bonistas buitres. Y en base a esa decisión soberana, volcar la totalidad de esos fondos millonarios a cubrir las necesidades sociales básicas. La única deuda, y cada vez más acuciante, es la interna. Si dejamos de pagar la deuda, cobramos verdaderos impuestos progresivos a las grandes fortunas y utilizamos los miles de millones de dólares que ingresarán por el aumento del precio de la soja, sobra plata para abordar todas las medidas que proponemos.

Crecen los reclamos y la demanda de cambios. Hay que pararle la mano al ajuste sobre el pueblo trabajador hundido en la pobreza, mientras un puñado de bancos, ricos y sus corporaciones acumulan cada vez más. En todo el país, pelea el equipo de salud que está protagonizando una verdadera marea blanca con autoconvocatorias, desbordando a las burocracias o mediante el impulso de los sectores sindicales combativos. La heroica rebelión de Neuquén, la lucha de la enfermería de Capital con la ALE, las luchas de La Matanza, el Larcade de San Miguel. Y también otros sectores de trabajadorxs pelean por lugar, por el salario y en defensa de la fuente de trabajo. También las peleas ambientales como la tremenda movilización en Andalgalá. Y las movidas unitarias y masivas de las organizaciones piqueteras como el Movimiento Sin Trabajo Teresa Vive. Hay que apoyar todas estas luchas porque la burocracia se ubica en la vereda de enfrente como socia del gobierno y las patronales. El sindicalismo combativo, cuya mesa está próxima a reunirse, tiene que jugar un papel importante en la coordinación de las luchas y el impuso a los procesos antiburocráticos y así lo planteamos desde ANCLA, nuestra corriente sindical del MST. También al servicio de ello está el encuentro de representantes de luchas en curso a realizarse el sábado 17 por zoom y transmitido desde Madygraf.

Asimismo, para impulsar todas estas propuestas y pelear por cambios de fondo y salir de la grieta por izquierda hay que fortalecer una alternativa política, te convocamos a construirla juntxs, a sumarte al MST en el FIT-Unidad.

Noticias Relacionadas