Santa Fe. La reserva ecológica en peligro

Es de conocimiento mundial la situación alarmante que se está viviendo en las zonas de las islas del Delta del Paraná ante los incendios intencionales, siendo ya catorce provincias del país las que están literalmente en llamas. Esto enmarcado en una crisis climática y ambiental a escala planetaria, efecto del capitalismo y su modelo productivo regido bajo la lógica de la ganancia.

En ese contexto, la Universidad Nacional del Litoral (UNL) de la ciudad de Santa Fe anunció hace unos meses la construcción de un nuevo edificio al borde de una histórica reserva ecológica de la capital santafesina. Una verdadera amenaza ambiental que pone en riesgo nuestros bienes comunes y nuestra biodiversidad.

El proyecto surge de un concurso nacional del año 2006 y tendrá una superficie de 3.368 m2. Se ubicará  en el extremo norte de la reserva al lado de la laguna. El edificio estará destinado a la escuela secundaria de la UNL y para actividades múltiples.

Los anuncios vienen acompañados con bombos y platillos, resaltando una histórica inversión en educación pública.  Los funcionarios universitarios anunciaron que los documentos técnicos están aprobados y se espera el anuncio del gobierno nacional de Alberto Fernández para comenzar a ejecutar la construcción del proyecto. Ante esto, dejamos nuestra opinión y nuestro planteo alternativo.

La reserva

En primer lugar conozcamos la reserva en cuestión. La reserva ecológica fue creada en 1998 tras un convenio entre la fundación Hábitat y Desarrollo y la UNL (resolución del Consejo Superior N°672/1998). La reserva es un espacio natural de doce hectáreas que preserva un paisaje propio del valle aluvial del río Paraná, donde abundan flora y fauna.  Está ubicada dentro del predio de la Ciudad Universitaria.

Como bien lo detalla el comunicado de CEPRONAT (Centro de Protección a la Naturaleza): “El objetivo principal de su creación es conservar una muestra representativa del valle de inundación del río Paraná con fines investigativos, educativos y de extensión (art. 16, inc. a de la Ley N°12.175 – Sistema Provincial de Áreas Naturales Protegidas) debido a que en la Ciudad Universitaria se cursan diferentes carreras vinculadas con el ambiente. Por ello, la fundación se comprometió a asegurar las acciones necesarias para la conservación del ecosistema y los recursos naturales en dicho predio (cláusula 3, inc. b)”.

Si su fin es la conservación y proveer oportunidades de investigación y educación, este tipo de proyectos deben ser rechazados de plano. Además esta reserva ya se encuentra afectada ante la bajada extraordinaria del río Paraná y las quemas intencionales de las islas.

El impacto ambiental

Las consecuencias sociales y ambientales que se pueden generar con la construcción de este edificio en un área vital como es la reserva ecológica, son predecibles:

“reducción del entorno natural; tala de árboles nativos; aumento notorio del número de personas y de vehículos que transitarán el sector; incremento de la iluminación de la zona. Todo lo cual, lógicamente, terminará con la habitual tranquilidad del lugar y alejará a los animales que allí viven”. [1]

En palabras prometen que se hará la menor intervención posible en un área de fuerte presencia natural. Si es así, nos preguntamos ¿cómo puede ser que aún no se realizó ni siquiera un estudio de impacto ambiental?, un requisito obligatorio de la Ley General del Ambiente 25.675 ya existente.  En resumidas palabras: se están incumpliendo las leyes ambientales.

Sabemos muy bien que este tipo de políticas no son nuevas, hay un modelo que los distintos gobiernos vienen profundizando. Un modelo de mercantilización del espacio público y de cementación indiscriminada bajo el patrón de la especulación inmobiliaria. Un modelo que viene poniendo en evidencia los desastres ambientales que ocasiona, no solamente por destruir bienes comunes, fuente de vida de miles de especies que cumplen un rol fundamental en la naturaleza; sino también junto a la deforestación, la siembra directa de soja, transgénicos y agrotóxicos que desgasta e impermeabiliza los suelos y es una de las causas principales de las inundaciones. Y así, todo un combo explosivo que sigue abonando a la crisis climática.

Además nos lleva  a cuestionar la orientación de las políticas universitarias del CIN (Consejo Interuniversitario Nacional) y la SPU (Secretaría de Políticas Universitarias) sobre el medio ambiente, ya que es de público conocimiento el tema de los fondos de la minería que perciben las universidades públicas. Esto nos invita a pensar la universidad desde una perspectiva eco- socialista.

La reserva ecológica no se toca

La ofensiva de la cementación urbana en las ciudades es una expresión más del modelo extractivista que venimos denunciando desde el activismo ambiental. Por eso rechazamos esa lógica y luchamos por otra salida totalmente distinta. Por lo pronto, somos categóricos: no nos oponemos a la construcción de escuelas públicas, por el contrario sostenemos que debería triplicarse el presupuesto para construir miles de escuelas más, a lo que nos oponemos es a que sea sobre una reserva ecológica.

Ahora bien, para resolver el problema nos preguntamos: ¿por qué se decidió avanzar sobre la reserva ecológica y no expropiar terrenos o edificios? Sobran en la ciudad inmuebles ociosos y terrenos que se encuentran hace décadas inutilizados. Proponemos que se avance en una política de expropiación frente a estos y un plan integral de construcción de escuelas públicas. Hay otras alternativas para no seguir avanzando con la urbanización sobre zonas como estas, tan importantes en un contexto de crisis climática, pero está más que claro que implican terminar de una vez con los negocios inmobiliarios y la especulación.

Llamamos a todas las organizaciones estudiantiles, sociales y ambientales a rechazar este proyecto y a permanecer en estado de alerta para proteger nuestra reserva y nuestros espacios verdes de los depredadores de la construcción que siempre están al acecho. Es necesario crear espacios democráticos de decisión para que no decidan a nuestras espaldas. No podemos confiar ni en los gobiernos ni en la gestión de la UNL, porque ambos de manera directa o indirecta amparan la lógica extractivista que depreda nuestros territorios y contamina nuestros pueblos.

Fernanda Gutiérrez

[1] Comunicado de prensa de CEPRONAT: “¿Perderemos la Reserva Ecológica de la Ciudad Universitaria?”

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