Río Paraná. La bajante es desoladora e impresionante

Los índices de descenso no frenan, la vida de la flora y fauna del Paraná se ha visto modificada por completo. Las políticas productivas extractivistas en la mirada de los especialistas y declarada la mayor responsable.

Para quienes vivimos en cercanías del río Paraná o algunos de sus afluentes, el actual paisaje nos resulta catastrófico en todo sentido. Casi el noventa por ciento de las poblaciones de Misiones,  Formosa, Corrientes Chaco, Santa Fe, Entre Ríos, Buenos Aires nunca vio al río con apenas un hilo de agua y desierto amplio de arenas, según algunas estimaciones se trata de la mayor bajante de los últimos setenta y siete años.

Desde el Instituto Nacional del Agua insisten con que julio es un mes crítico en relación a la bajante y que se sostendría en los próximos tres meses. En la capital de Santa Fe el nivel desde el día domingo marcó 0 cm en el puerto local, una marca que hace sonar todas las alarmas.

Las actuales marcas son realmente preocupantes y han modificado la vida silvestre y animal en todo el territorio. Entre las principales causas se encuentran los cambios en el uso del suelo en Brasil y en Paraguay que han impactado sobre el comportamiento hidrológico de la Cuenca del Plata. A eso tenemos que sumarle la acelerada deforestación en gran parte del impenetrable chaqueño para extender aún más la frontera extractivista en nuestro país en beneficio de unos pocos.

Ante los anuncios de las empresas privadas encargadas del suministro del agua podría faltar el abastecimiento de agua potable en numerosas poblaciones. El gobierno nacional ha decido destinar un fondo de emergencia hídrica de $1.000 millones para que las empresas afectadas dirijan parte de esos montos en la compra de bombas y dragados para nuevas tomas de agua. Pero a pesar de que intenten ocultar el sol con la mano, no caben dudas de que la histórica bajante es consecuencia directa del cambio climático, que el propio gobierno promueve a través de las prácticas productivas extractivistas y capitalistas.

Mientras nos esperan meses de sequía permanente y se abre un contexto de gran debate político sobre proyectos de gobierno de cara a las nuevas elecciones legislativas, creemos necesario volver a señalar que es momento de poner en marcha políticas concretas que prioricen la defensa de nuestros territorios y nuestras vidas, necesitamos darle poder a una alternativa ecosocialista con plena participación y derechos. Único modo de poner fin a las políticas ecocidas de los ultras como Bolsonaro y de los defensores de una “capitalismo humanizado” como el de Alberto Fernández y su Frente de Todos que nos conduce al colapso ambiental.

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