viernes, 21 junio 2024 - 03:46

¡Que vivan los mártires de Gualeguaychú!. A 100 años de la represión del 1º de mayo de 1921

Compartimos el siguiente artículo de investigación realizado por Alejo Mayor (docente e investigador). Un aporte para conocer un poco más de la historia y experiencia del movimiento obrero de Entre Ríos y, particularmente, de la ciudad de Gualeguaychú.

1917-1921: Conflictividad y expansión organizativa del movimiento obrero entrerriano

Al iniciarse el año 1921, el movimiento obrero entrerriano se encontraba en un período de plena expansión organizativa que remontaba sus orígenes en nuestra a provincia a fines del año 17. De hecho, en el período ’17-’22 se organizaron más de ochenta sindicatos nuevos en la provincia. El nacimiento en el mes de noviembre del ’17, simultáneamente al establecimiento del régimen basado en el poder de los soviets de la Revolución Rusa, de la Federación Obrera Marítima (FOM) en Concordia fue un hecho de fundamental importancia para el movimiento obrero provincial: desde ese núcleo de organización obrera a la vera del río Uruguay se vertebraron múltiples organizaciones sindicales “tierra adentro” de la provincia, siguiendo el trazado ferroviario. En Concordia se estableció pronto un bastión del Partido Socialista, con el militante de origen ruso Julio Serebrinsky como figura destacada, desde donde se editará el órgano de prensa “La Verdad”. También a instancias de la actividad militante de la FOM se forma la Federación Obrera Departamental (FOD) en la ciudad portuaria de Gualeguaychú, que hacia 1920 se convierte en el centro neurálgico del joven movimiento obrero organizado entrerriano. Paradójicamente mientras el movimiento obrero a nivel nacional se encontraba en un momento de reflujo desde la Semana Trágica y empezaba a extenderse e intensificarse la represión sobre los obreros organizados y en lucha, en la provincia se asistía a un crecimiento en materia organizativa y, en consecuencia, de los conflictos emprendidos por los trabajadores.

En materia organizativa, el año calendario que acababa de concluir había sido el de mayor crecimiento a nivel sindical en la provincia: en 1920 se fundaron 34 sindicatos. Este proceso se vio favorecido e impulsado por la llegada a la provincia de delegados de la FORA del IX Congreso (de orientación sindicalista) que promovieron la formación de numerosos nuevos sindicatos y organizaciones obreras. El proceso de crecimiento y articulación organizativa coronó con la creación, en enero de 1921, de una Federación Obrera Provincial de Entre Ríos (FOPER).

A nivel de la conflictividad, por su parte, por lo menos desde fines del ‘17 se venían registrando una multiplicidad de conflictos entre los que se destaca un importante movimiento huelguístico de los estibadores a lo largo y ancho de la provincia. Estos conflictos por lo general se mantienen en el plano de las luchas económicas, es decir motivados por el interés económico-corporativo de los trabajadores que antagonizaban principalmente contra los patrones de las casas cerealeras, aunque también se producen conflictos contra los dueños de las trilladoras por la utilización de estos de trabajadores no federados, una forma de ataque patronal a la organización obrera para quebrar su unidad e incrementar la explotación. Algunos de estos conflictos alcanzaron importantes grados de violencia. Uno de ellos se produjo en el mes de febrero en Villa Domínguez, en el centro cooperativo de la colonización judía. Allí producto de unos enfrentamientos, se detuvieron a unos estibadores, entre ellos el principal dirigente del sindicato, un socialista de origen ucraniano apellidado Aksentzoff. Los sindicalistas detenidos fueron trasladados a la comisaría de Villaguay, donde a instancias de los socialistas Kipen (un ruso con experiencia militante en la fracción menchevique del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso) y Wortman (discípulo de Kipen y pionero del cooperativismo de cuño socialista en Entre Ríos) se organizó un mitin por la liberación de los detenidos en la Plaza de la ciudad. El acto obrero, al que asistieron militantes de distintos puntos de la provincia fue atacado por sectores conservadores del pueblo y se produjo un tiroteo en el que cayó muerto el joven Héctor Montiel, de 17 años, hijo del terrateniente y miembro del radicalismo Alberto Montiel, a la postre fundador y líder de la Liga Patriótica Argentina de Villaguay, una organización nacionalista paramilitar fuertemente antiobrera, que se había formado en las postrimerías de los sucesos de la huelga general de masas con rasgos insurreccionales de enero de 1919, conocida como la “semana trágica”. Este es el preludio de los hechos del 1º de mayo en Gualeguaychú, donde la Liga Patriótica se aprestaría a tomar venganza, ni más ni menos que en el mismo día en que los obreros celebrarían su día.

El primero de mayo en Gualeguaychú: la bandera roja y la represión

Los hechos de la jornada comenzaron por la mañana, cuando se realizó por las calles de la ciudad un desfile “patriótico” organizado por la Liga Patriótica. Al frente de la delegación liguista de Villaguay iba Alberto Montiel (protagonista de los sangrientos hechos de febrero). También había representantes liguistas de las localidades de Larroque, Gualeguaychú, Talitas, Gilbert y las Perdices. También participaron la banda musical del Regimiento 10° del Ejército, los alumnos del Colegio Nacional y los boy scouts, que terminaban de darle el tono “festivo” y “patrio” al desfile: todo un acontecimiento para los vecinos de la localidad del sureste entrerriano.

La excusa era conmemorar el 70° aniversario del pronunciamiento de Justo José de Urquiza contra Juan Manuel de Rosas (también un 1° de mayo, de 1851).  Sin embargo, tanto la fecha como el escenario dejaban en claro que se trataba de una provocación contra el movimiento obrero entrerriano. Como prueba de la importancia que revestía dicho acontecimiento para la Liga, el mismo Manuel Carlés, líder de la organización y ex diputado radical, había venido a Entre Ríos y sería el principal orador del acto que se desarrolló en el Hipódromo de Gualeguaychú.

Durante el acto, desde la tribuna se incitó a desarrollar alguna acción en contra los obreros, quienes realizarían su actividad del día de los trabajadores por la tarde, por disposición policial, a efectos de evitar el cruce y posibles enfrentamientos entre los manifestantes. Allí, además de gritar consignas a favor del “trabajo libre” (eufemismo para designar al trabajo “no federado”, es decir, no organizado sindicalmente), proliferaron consignas en contra de los trabajadores que, en lugar de empuñar la bandera argentina, marchaban orgullosamente con aquel “sucio trapo rojo”.

Los trabajadores, por su parte, se dirigieron desde el local de la FOD hacia la Plaza Independencia (hoy Plaza San Martín) a las 15 hs., en el centro de la ciudad, en una columna de varias cuadras encabezada por la bandera roja con la inscripción “F.O.D.” dentro de un círculo y se ubicaron en el escenario dispuesto frente a la comisaría local. Una hora antes, los liguistas de la localidad de Gilbert comandadas por el terrateniente Morrogh Bernard (los “lanceros de Gilbert”) habían tratado de impedir la realización del acto y se enfrentaron a la policía que intentó dispersarlos, a pesar que algunos brigadistas a caballo lograron superar el cerco policial, dando cuenta de la determinación de los elementos derechistas de confrontar con los obreros.

Durante el discurso del delegado de la FORA, Félix Godoy (de Buenos Aires), apareció por una de las calles laterales una brigada a caballo de la Liga que empezó a cabalgar a toda velocidad alrededor de la plaza, empuñando sus armas e increpando a los trabajadores con consignas nacionalistas. El principal objetivo, más allá de intimidar a los obreros, era la bandera: los liguistas exigían que se arríe aquel “sucio trapo rojo”. Los trabajadores, por su parte, defendieron la posesión de la bandera roja con determinación. Ante la virulencia y el enardecimiento de la brigada liguista, el mismo Jefe de Policía debió interceder pidiéndoles que depusieran su beligerante actitud y se retirasen, sin conseguir resultados. En el momento en que intentaba que los manifestantes condujesen la bandera a la jefatura, ya habiendo concluido los discurso, arreciaron los disparos contra los trabajadores.

De acuerdo al testimonio de Ateo Jordán (hijo de Ángel Jordán, panadero anarquista de la FOD), los primeros disparos de armas largas provinieron de la mismísima Catedral, de lo alto de sus campanarios, al que los liguistas solo pudieron acceder por intermedio del cura local. Desde allí fue que los francotiradores, ubicados en lugares estratégicos y dando cuenta de pericia en el manejo de armas, les asestaron a los obreros federados Ángel Silva y Celedonio Iglesias.

Ante los disparos, la masa trabajadora se dispersó, tratando de escapar corriendo en todas las direcciones mientras liguistas a caballo les cerraban el paso en cada esquina, al tiempo que se continuaban los disparos a los manifestantes desde las casas adyacentes a la plaza. Un verdadero cerco. Estos hechos dan cuenta de que fue mucho más que una simple provocación: el despliegue de los jinetes y la presencia de los disparos (recordemos que el acto liguista había sido en el Hipódromo y por la mañana) en torno a la plaza Independencia, da cuenta del carácter organizado y planificado de la acción antiobrera y de la complicidad de elementos civiles locales. La balacera se concentró en torno a la posesión de la bandera: los primeros obreros caídos en la plaza producto de las balas liguistas fueron precisamente quienes cargaban la bandera roja, prontamente recogida por sus compañeros.

El saldo de víctimas fatales osciló entre los 5 y 15 muertos, contándose los heridos de bala en una treintena y varios detenidos. El golpe de la contrarrevolución sobre el movimiento obrero entrerriano fue fatal y dio inicio una gran persecución: no se podía hablar de los hechos, quien lo hacía corría el riesgo de ser despedido. Pronto las asambleas se vaciaron y la FOD comenzó una agonía hasta desaparecer al año siguiente. El proyecto de la FOPER, por su parte, murió sin siquiera empezar a dar sus primeros pasos.

Después de la represión, el reflujo

El año 1921, marcó un claro punto de inflexión en la historia del movimiento obrero entrerriano y el cierre violento de un ciclo de importantes luchas y avances en materia organizativa. La violencia burguesa operó a tiempo el germen de la organización independiente de los trabajadores, punto de partida de la lucha por sus derechos, con el horizonte de construir una sociedad nueva.

Luego de los sangrientos sucesos de 1921, en la provincia menguaron los conflictos, la participación y se produjeron numerosas renuncias de dirigentes importantes, lo que contribuyó a la desorganización y el reflujo del joven movimiento obrero entrerriano. De esta manera el principal efecto fue la desmovilización: la FOD dejaría de existir al año siguiente (reemplazada por la UOD, que nunca tuvo la relevancia que había alcanzado su predecesora en sus intensos dos años de existencia). La represión fue un fuerte golpe a las débiles e incipientes organizaciones obreras entrerrianas, que recién habrían de reorganizarse hacia fines de la década del veinte. A cien años de aquellos hechos, recuperar la historia de nuestra clase es una tarea fundamental, para recuperar las enseñanzas de la historia, haciendo los balances necesarios y retomando las experiencias organizativas que sentaron bases de organización independiente. Conocer nuestra historia como clase hace a la construcción de una tradición de lucha, del conocimiento que ninguna lucha arranca desde cero, que la sangre derramada no fue en vano. Conocer nuestra historia y nuestros enemigos. Que siguen siendo los mismos, los dueños de todo, de la patria, y del trabajo ajeno. ¡Que vivan los mártires obreros de Gualeguaychú!

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