Okupas. A 20 años del estreno

El 18 de octubre del 2000 se estrenó la miniserie argentina, Okupas, que significó una verdadera revolución en la tv local. Su mayor mérito fue la de poner en escena parte del deterioro social y económico que vivía el país por esos años. Aclamada por millones se trasformó en la continuación de las producciones más realistas del arte audiovisual nacional.

La primera emisión inició a las 23 horas por la TV pública y su debut fue un éxito, con casi 3,5% de rating la producción dirigida por Bruno Stagnaro sorprendió a muchos. El elenco estaba compuesto por un muy joven Rodrigo de la Serna, en compañía de Ariel Staltari, Diego Alonso y Franco Tirri. La historia narra los recorridos de un grupo de jóvenes de clase media empobrecida por las políticas menemistas y los avatares con las drogas, enfrentamientos con otros jóvenes involucrados en el crimen y viejos resquemores que parecen no olvidarse nunca. La amistad es lo que marca a fuego la relación de los protagonista que hacen lo necesario y lo imposible para transitar las vicisitudes que la realidad les pone frente suyo.

Okupas marcó una bisagra en la televisión nacional y por ello recibió tres premios Martín Fierro y logró obtener repeticiones en diferentes canales. Hoy solamente se puede ver en la plataforma YouTube, pero se habla de que habría interés de varias plataformas digitales para que la miniserie forme parte de sus contenidos.

En síntesis, la trama del programa daba testimonio de la vida de un joven veinteañero que había abandonado los estudios universitarios y vivía con su abuela. Por encargue de un familiar comienza a cuidar de una vieja casona porteña para evitar que fuera ocupada. Lo poético es que acaba siendo él mismo, sin pensarlo, un nuevo «okupa».

Okupas tiene el mérito de haber dejado una marca y de que incluso hoy muchos se sientan interpelados. Sin recurrir a los demonizaciones, a la estigmatización e incluso lugares trillados como la cárcel. La producción y sus actores nos hicieron sentir protagonistas a millones de espectadores y eso debía a que por un momento sentíamos que se contaba lo que vivíamos.

Imposible olvidar la escena del viaje a Quilmes y todo lo que la rodea, o el momento de gran tensión que vive Ricardo (Rodrigo de la Serna) con el Negro Pablo interpretado por Dante Mastropierro en departamento del Docke. Cada una de ellas perfectamente musicalizadas.

Las huellas menemistas

El primer capítulo es épico, muchos admiradores coincidirán que esos primeros minutos ya marcaran una diferencia rotunda con otras producciones. El inicio del desalojo, el fiscal dando la orden, una represión brutal que deja a decenas de familias en la calle ante la mirada desconcertada de las personas que pasaban por la zona. Bajo el nombre de “los cinco mandamientos” da cuenta de los contrastes entre ciudad de Buenos Aires y el Docke, y se avizoran algunas hipótesis sobre la historia de cada personaje.

Unos días antes de su estreno, 6 de octubre del año 2000, Alberto «Chacho» Álvarez anunció su renuncia al cargo de vicepresidente de la nación. El clima de estallido social se percibía en el aire y Okupas venía a dar cuenta de los síntomas de las recetas políticas neoliberales iniciadas a finales de los 70 en nuestro país y profundizadas por el gobierno pejostista de Carlos Menem.

En las antípodas de producciones como Gasoleros (1998/1999), Okupas venía a mostrar la experiencia de ser joven y carecer de algún tipo de proyecto de vida. En una entrevista reciente, B.Stagmaro, señaló que “Era un momento en el que se percibía que de alguna manera íbamos a una especie de ruptura. Me hubiera gustado que 20 años después estuviéramos en otro contexto, y no en uno en el que esa sensación está tan presente de vuelta”.

El menemismo fue un enorme banquete de unos pocos, en cambio para las mayorías significó la pérdida del trabajo, de derechos laborales, de vivienda, etc. Los años de la convertibilidad beneficiaron a una minoría, por eso a sus defensores habría que recordarles que en 1999 la tasa de desempleo era superior al 14% y superior al 20% en el año 2002.

En ese contexto Okupas emergió como una apuesta novedosa y con actores pocos conocidos. Su mayor mérito es haber dado cuenta de las problemáticas del 99%, es decir, de la falta de trabajo, de los problemas sociales que afectaban a millones, del reclamo de los jubilados, de las viviendas ociosas, de la juventud sin horizonte y perspectiva, de la amistad. Fue un golpe letal a la idea del oasis argentino de los noventa.

Con el pasar de los años y los gobiernos, como lo relató el director del éxito audiovisual, la realidad del país para nada ha cambiado. La crisis social y entre ellas la habitacional continúa y en crecimiento. Un claro ejemplo se ve en las familias obligadas a tener que vivir en casillas de madera y chapas, como ocurre en Guernica. El gobierno bonaerense, como aquel de los ’90, lejos está de resolver las problemáticas, más bien apuesta a las fuerzas represivas para desalojar el terreno en pos de asegurarle el negocio de la especulación inmobiliaria a unos pocos. Para que los flagelos relatados en Okupas tengan un fin, hace falta la implementación de políticas que resguarden el derecho a todos los trabajadores y sectores populares de tener asegurado una casa digna para habitar.

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