martes, 28 mayo 2024 - 11:25

Ni blancos, ni negros. Sudacas

La fiebre del mundial, los fanatismos, las pasiones, y un torneo muy politizado dan rienda suelta a numerosas opiniones, conjeturas y análisis. Fundamentalmente porque este mundial está atravesado por debates sobre el imperialismo, la desigualdad, el racismo y derechos humanos, con una sensibilidad arrolladora.

Hace algunos días se dio a conocer una nota de opinión desde la perspectiva de Erika Denise Edwards. Edwards es autora del libro premiado Escondiendo a simple vista: mujeres negras, la ley y la creación de una república argentina blanca y profesora asociada en la Universidad de Texas en El Paso.

Escribe su nota en el Washington post sobre la base de una premisa: ¿Por qué el equipo de Argentina no tiene más jugadores negros? Argumentando que, en marcado contraste con otros países sudamericanos como Brasil, el equipo de fútbol de Argentina palidece en comparación con su representación negra.

Todo su artículo gira alrededor de una afirmación: Argentina siempre tuvo el anhelo de ser blanca e hizo todo lo que estaba a su alcance para convertirse en “la nación blanca”. Por supuesto, este artículo hecho desde un escritorio de otro país resulta ser bastante inexacto. Pero además, ese escritorio está en uno de los países imperialistas y esclavistas por naturaleza, por lo cual hace que esas opiniones sean ridículas e insultantes.

Algunas aclaraciones

“Pero aproximadamente 200.000 cautivos africanos desembarcaron en las orillas del río de la Plata durante el período colonial de Argentina y, a fines del siglo XVIII, un tercio de la población era negra. De hecho, la idea de Argentina como una nación blanca no solo es inexacta, sino que habla claramente de una historia más larga de borrado negro en el corazón de la autodefinición del país”, dice Edwards en su nota.

Sería bueno aclarar que, en primer lugar, esos esclavos fueron traídos por el imperialismo. Tanto Inglaterra, como España, Portugal y Francia fueron los países que por excelencia se dedicaron al negocio de la venta de esclavos durante el periodo de mayor auge de estos imperialismos. En una inextricable trama, las enormes plantaciones de caña de azúcar y café a lo largo de toda la América colonial se poblaron de esclavos traídos principalmente de las zonas costeras del África subsahariana. Brasil, del imperio portugués; Cuba, del imperio español; Saint-Domingue (Haití), del imperio francés y Jamaica, del imperio británico, son los ejemplos más claros. En ese triángulo atroz, América ponía sus tierras, África los esclavos y Europa se llevaba el oro. Y sí, el desguarnecido puerto de Buenos Aires era la puerta de entrada principal al contrabando que luego ascendía a través del río de la Plata.

Como dato histórico es bueno recordarle a Edwards que el Virreinato del río de La Plata era un territorio mucho más grande de lo que luego terminó siendo la Argentina. Y que, si bien la entrada era por lo que luego fue Buenos Aires, se dividían por todo el río de La Plata, enviando también a Perú. Es por eso que asociar livianamente al río de La Plata con Argentina de forma lineal es el primer error histórico que comete esta opinóloga.

De la revolución de independencia al surgimiento del Estado nacional

El proceso de reorganización nacional y la construcción del Estado y nuestro país fue un proceso lento y convulsionado. La revolución de mayo en 1810 dio un primer paso, que fue el comenzar a pensar un recorrido propio, aún inacabado, que empieza a construir un gobierno criollo. En 1813 se declara la libertad de vientres y tiempo después el fin de la esclavitud, declarándose formalmente en la primera Constitución de 1853, aunque previamente ya constituía un delito. Es decir, mucho antes de 1860, que podríamos indicar como el inicio político de Argentina como país y Estado, ya se había dictaminado el fin de la esclavitud, aunque sin resolver los problemas de racismo que se acarrean desde la sociedad de castas virreinal.

Muy distinto será el proceso de Estados Unidos. Su independencia se marca en 1776, y demorará hasta 1781 en concretarse, pero será recién en 1865, tras la guerra de Secesión, en que se da el fin de la esclavitud. Aunque eso no significó una mejora en las condiciones de vida del proletariado, como ilustra la masacre de Chicago de 1886, donde la burguesía prefirió una carnicería a ceder ante las exigencias más elementales del movimiento obrero organizado.

Edwards, afirma que nuestros argumentos respecto a por qué no hay gran población negra en nuestro país se radican en dos ejes: 1) “Quizás el primero y más popular de esos mitos ha sido que los hombres negros fueron utilizados como carne de cañón, lo que resultó en un número masivo de muertos durante las guerras a lo largo del siglo XIX”. Si bien hay registros de la incorporación de esclavos negros a los ejércitos de la independencia, debemos recordar como dato histórico que esas incorporaciones fueron minoritarias, a cambio de la libertad, y hay registros, como consta en la Real Cámara primero y en los primeros registros de la Iglesia Católica, encargada de las inscripciones de nacimientos, casamientos y legitimidades. Recordemos, además, que esta situación se dio en el marco de la lucha por la independencia del río de La Plata y que no solo se cernía al territorio de Argentina, que aún ni existía como tal. Y para ilustrar esto utiliza ejemplos de muertes de combatientes negros en el frente y de deserciones en lugares como Perú y Chile.

El segundo mito, según Edwards, es que debido al alto número de muertes de hombres negros causado por las guerras del siglo XIX, las mujeres negras en Argentina no tuvieron más remedio que casarse, cohabitar o entablar relaciones con hombres europeos, lo que llevó a la «desaparición» de los negros.

Ann Twinam en su libro Vidas públicas, secretos privados, explica un fenómeno que se dio en toda América, pero con más fuerza en lo que hoy llamamos Argentina: “nativos, españoles, y africanos mantuvieron todas sus características de grupo, pero se entremezclaron, formando combinaciones raciales y sociales complejas”, dice la escritora de Illinois. Pero esto conllevó a un nuevo formato discriminatorio: los primeros siglos de la colonia, y tiempo después aún también, ser de raza mezclada en Hispanoamérica era prácticamente sinónimo de ser ilegítimo. Es más, entre 1700 y 1800, las tasas de ilegitimidad en Europa y Estados Unidos fueron sensiblemente menores a las de Hispanoamérica. Obviamente en Europa y Estados Unidos prohibían la mezcla racial.

Se ha documentado el mayor crecimiento de ilegitimidad en Buenos Aires, desde 1770 hasta casi fin de ese siglo, comparables y en algunos momentos superiores a los de México, que era del 50 % de su población. Todos estos datos están en los archivos de la corona española y en los primeros archivos latinoamericanos. Datos que muestran que, más que un mito, el mestizaje era una realidad y traía consecuencias directas que se registraban.

“Pero estudios más recientes han revelado, en cambio, que algunas mujeres negras en Argentina tomaron decisiones concertadas para hacerse pasar por blancas o amerindias para obtener los beneficios que la blancura les brinda a sus hijos y a ellas mismas”. Esta afirmación de Edwards es otro error histórico, porque no había ningún derecho para la mezcla interracial. Ser ilegítimos no otorgaba ningún derecho, sino lo contrario: ser estigmatizados y borrados del entramado social, familiar y hereditario.

El artículo también menciona la población afro que, más allá del proceso colonial, es parte de nuestra población, como es el caso de los caboverdianos. Estas migraciones se dan fuertemente entre 1930 y 1950, pero incluso hasta el día de hoy siguen y se dan en el marco de migraciones en busca de mejores condiciones de vida, muy diferente a aquellos que llegaron en barcos esclavistas. El artículo, a su vez, hace alusión a las políticas de Sarmiento para explicar “la negación de la negritud” por los argentinos, que fueron políticas hasta el 1900, o sea anteriores a la llegada de familias de Cabo Verde. Asimismo, los postulados de Sarmiento no tenían puesto el eje, primordialmente, en los negros afro, sino en los pueblos originarios. Sarmiento combatía ideológicamente contra la barbarie y la ignorancia que atribuía a los pueblos nativos de nuestras tierras, con el objetivo de justificar su matanza y la apropiación de sus tierras. Ese el eje terrible del Facundo de Sarmiento y de toda una política que llevó a cabo la campaña del desierto y arrasó con nuestros pueblos originarios.

Todo mundial es político

No es necesario esconder los problemas de discriminación y racismo que tenemos en Argentina, existen, son reales. Las numerosas migraciones de latinoamericanos y afros no se ven acogidos en políticas migratorias inclusivas, sino que reproducen la misma matriz racista que se cierne también sobre la población indígena, del interior y morocha de nuestro país. Ahora bien, ¿se resolvería este problema si un jugador negro estuviera en el equipo de Argentina? ¿Se resuelven los problemas racistas en Francia porque su equipo ha incorporado jugadores negros? ¿O si lo hace Inglaterra? Hollywood tenía iniciativas en Estados Unidos para incorporar negros en las películas y mostrar una nación que no discrimina mientras George Floyd moría asfixiado bajo la rodilla de un policía blanco y racista.

En definitiva, son las premisas falsas las que guían el análisis de la profesora estadounidense. Que en algunos equipos europeos haya tantos negros, aunque su origen sea afro, ¿se explica por una mayor inclusión o, mucho más, por neocolonialismo?

Nuestro equipo de futbol nacional ha sido diferente a lo largo de los mundiales, compuesto por diversos orígenes, con pibes que han surgido de las villas, de los barrios, y del interior del país. Somos morochos, somos hijos de inmigrantes, de mestizos, indígenas, una mezcla que jamás ha sido blanca. Es más, los blancos europeos que migraron a nuestro país fueron los que la propia Europa descartaba. Somos esta mezcla de razas y a mucha honra. Somos los sudacas y quizá por eso, esta periodista pretenda vernos negros. Con medias verdades y errores históricos, este artículo no hace más que lavarle la cara al imperialismo que saqueó, sometió y esclavizo a África. Parece que incluir un negro en algunos equipos borra de un plumazo el daño histórico que le han hecho a todo un continente.

Este ha sido un mundial muy político (y geopolítico). Los pueblos tomaron el avance de Marruecos hasta semifinales como una causa y alegría propia, mientras la bandera Palestina flameaba en sus tribunas y entre sus jugadores. Y en clave antiimperialista se festejaron los triunfos de Argentina en lugares como Bangladesh que desde 1986, tras aquel glorioso partido triunfo ante Inglaterra, donde Maradona hizo el gol más hermoso de los mundiales, eligió a Argentina como bandera contra la opresión británica. Países imperialistas contra países colonizados. El fútbol es la continuación de la política por otros medios.

Argentina es favorita con o sin jugadores negros y festejamos con la fuerza que te da sobrellevar todas las adversidades. Este país de negros, mestizos, indígenas e inmigrantes saldrá a la calle este domingo, sea cual sea el resultado y seguramente será festejado por muchos países en todo el mundo. Por Messi, por la épica, por la gloria y también (¿por qué no?) porque somos los sudacas que nos enfrentamos y enfrentaremos a todo.

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