viernes, 19 julio 2024 - 09:15

Mundial de futbol 2030. Quién paga la pasión

El Mundial de Qatar 2022 terminó hace menos de dos meses, pero el futuro no pide tiempo de espera. Ya se habla por todos lados de la siguiente Copa del Mundo, la de Norteamérica 2026. De entrada, en ese torneo se vivirán dos hitos: será el primer Mundial organizado por tres países y el primero que cuente con la participación de 48 selecciones.

Y parece que que esa es la tendencia que buscan los candidatos futuros. Para organizar el Mundial del 2030, hay cuatro candidaturas formales, de las cuales tres son compuestas (únicamente Marruecos va en solitario): Grecia, Arabia Saudita y Egipto (sería el primer Mundial en tres continentes diferentes); España, Portugal y Ucrania; y Argentina, Uruguay, Chile y Paraguay. Si se pone en la balanza el sentimentalismo por la historia, queda claro que está última candidatura lleva ventaja.

La idea principal era, en la génesis de esta propuesta, que Uruguay presentara su candidatura para 2030 y así cerrar el círculo abierto en 1930, cuando se disputó el primer Mundial de la historia en suelo charrúa. La inclusión de Argentina cobraba sentido en dos frentes: repartir gastos económicos y esfuerzos logísticos, y honrar de la tradición del futbol del Río de la Plata, pues aunque Argentina no fue anfitriona en 1930, siempre ha estado hermanada a Uruguay en la gestación de la mística del futbol rioplatense y, luego, del sudamericano. Ellos jugaron la primera final en la historia de los Mundiales, con Uruguay como vencedor.

Un dato que es imposible obviar: una Copa del Mundo en Sudamérica sería pura pasión pero a pesar de amar el deporte en general y el fútbol en particular, no podemos dejar de analizar esta postulación con cierto recelo. Motivos existen. De acuerdo con cifras de Bloomberg, Alemania gastó 6 mil 200 millones de dólares en la organización del Mundial de 2006. Y sus ganancias fueron de 3 mil 600 millones. Sudáfrica, por su parte, gastó 3 mil 900 millones de dólares y ganó 4 mil 400 millones, pero con la agravante de que cuatro de los estadios remodelados no tienen un uso constante y deben recibir mantenimiento de por vida. Aunque recibieron a 308 mil 544 turistas, estas cifras no llegaban ni a la mitad de lo que presupuestaba el gobierno sudafricano. Entre ese punto y el de los estadios sin utilidad, se califica al Mundial de Sudáfrica como «uno de los torneos con más pérdidas».

A nivel social ningún Mundial ha sido tan cuestionado como el de Brasil 2014, último realizado en Sudamérica. Las protestas contra el gobierno brasileño, encabezado entonces por Dilma Rousseff, se hicieron sentir desde un año antes del arranque del torneo. El gasto fue de 15 mil millones de dólares, principalmente proveniente del gasto público —dos años después, Brasil organizó los Juegos Olímpicos y ahí desembolsó 13 mil millones de dólares— y las ganancias se estimaron en 13 mil 500 millones. El problema primordial, igual que en Sudáfrica, fue la atención a los estadios: se acondicionaron doce recintos, de los que hoy no todos tienen uso constante.

Rusia sí fue un Mundial rentable: invirtieron 11 mil millones de dólares y vieron ganancias por 14 mil 468 millones. Podemos concluir entonces, que los países imperialistas ( Alemania Rusia ) están en condiciones de recuperar la inversión, y los países subdesarrollados como Sudafrica y Brasil, que pueden emparentarse directamente con los 4 postulados a organizar el mundial del 2030, pierden millones y millones que se pagan con gasto público y restricciones obvias para otros séctores prioritarios de nuestra vida cotidiana. Cuando se reduce exponencialmente las inversiones en salud y educación en toda latinoamerica para responder a las exigencias del FMI, la organización del mundial nos somete a las exigencias de la tercer multinacional del mundo ( La FIFA ) que se lleva la parte mas importante del botín.

De acuerdo con números preliminares, Qatar gastó unos 220 mil millones de dólares, convirtiéndose en el Mundial más caro de todos los tiempos —se destaca la construcción de ocho estadios completamente nuevos—. Todavía falta que el gobierno de aquel país presente su informe final de ganancias, pero claro , que obviamente no se contempla la utilización de mano de obra semi esclava y los mas de 6000 muertos entre los trabajadores que construyeron estadios y obras claramente sobredimensionadas.

Como se puede ver, organizar una Copa del Mundo es un reto titánico. Y más por los requisitos de la FIFA, como contar con doce estadios de al menos 40 mil personas de aforo, y de los que uno debe tener capacidad de 80 mil personas y dos para 60 mil. Queda claro que en Latinoamérica entera hay prioridades que están por encima del futbol y más cuando se habla de dinero público, que es siempre el fundamental ingreso para financiar las obras.

Por eso la alternativa de buscar que la Copa del Mundo se prganice entre cuatro países ( el presidente Argentino , Alberto Fernadez sugirio la posibilidad de incluir a Bolivia como 5to. país organizador). por todo lo que implica: un desafío logístico nunca antes visto, un gasto enorme (por más que sea compartido y que se haya presentado un proyecto ‘austero’) y, de hecho, desvirtuar la tradición inicial, pues queda claro que Paraguay y Chile fueron incluidos por una necesidad de repartir las obligaciones y no porque formen parte de la historia que se pretende honrar.

Según el siempre sospechado por corrupción presidente de la CONMEBOL, Alejandro Domínguez, la inversión sería de unos 320 millones de dólares, por lo que se supone que lo informado es una cifra muy lejana a la realidad ya que por ejemplo, no equivaldría ni a la décima parte de los que gastó Sudáfrica, hace trece años, en el Mundial más austero de la era moderna.

Este análisis preliminar nos hace concluir una vez mas, que “el costo de la pasión” recaerá en los hombros de trabajadores y sectores populares que difícilmente puedan acceder a una entrada en la fiesta para ricos que acostumbramos a seguir por tv, mientras una cantidad de dirigentes lúmpenes y arribistas se llenan los bolsillos con viáticos, autos de lujo , vuelos privados y cenas oprobiosas para la realidad de la inmensa mayoría de la población.

Adalberto Gonzalez

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