viernes, 21 junio 2024 - 21:39

Litio. El mito salvador de una economía quebrada

El litio es el elemento número tres de la tabla periódica, hablamos del metal más liviano, es electropositivo, su función es clave para acumular y almacenar energía en baterías, a diferencia del sol, el viento o el petróleo no es una fuente de energía sino de almacenamiento.

En relación al oro que fue descubierto en el 4000 a.c, el litio es un metal muy joven, descubierto en Suiza en 1800 y en nuestra Puna en 1920, aún no tiene el historial de guerra y conquistas que el oro, sin embargo, hoy le da carga a los dispositivos que son indispensables en nuestra vida, computadoras, celulares, tablets etc.

La batería del celular fue desarrollada en 1980 y en 1991 la empresa Sony la empezó a comercializar porque facilitaba tener una batería de muy bajo peso, pero con mucha capacidad energética, transformando al litio en el rey de la eficiencia.

Su uso habitual era para tratamientos de farmacología, en vidrios, cerámicos, como absorbente de CO2 en los submarinos, pero su uso explosivo fue con la batería.

En la actualidad un celular contiene menos de 1 gr de litio, un auto Tesla 6 kg, equivalente a 17.000 celulares. Este dato se refleja en la demanda y explotación del litio en la Puna. Si se pretendiese transformar todo el parque automotor de un país a batería de litio, estaríamos hablando de la extinción de nuestros salares, del agua y las comunidades que lo habitan.

No es transición energética, es ecocidio extractivista

El litio no se encuentra en esa condición de metal en la naturaleza, a diferencia de lo que ocurre con el oro, la plata o el cobre. El litio se puede obtener de ciertas rocas a través de la megaminería a cielo abierto con lixiviación sulfúrica, y su máxima explotación radica en Australia.

La otra fuente son los salares de altura, como Uyuni en Bolivia, Atacama en Chile o el salar del Hombre Muerto en Catamarca, el de Olaroz en Jujuy y en la Puna salteña.

Los salares son perforados entre 1.000 y 3.000 metros de profundidad hasta llegar a las napas con salmueras (ríos subterráneos) extrayendo con bombas y depositando el agua en enormes piletones de grandes extensiones, como tres mil veces la cancha de River. Durante 18 meses se evapora el agua al sol, es decir se pierde el agua que es de las comunidades y luego precipitan las sales para obtener el cloruro de litio y luego el carbonato de litio.

Argentina, Chile y Bolivia; el verdadero triángulo de las Bermudas 

El ranking de los países con las mayores reservas del mundo lo lidera Bolivia, con 21 millones de toneladas de litio; le siguen Argentina (19 millones); Chile (9,8 millones); Estados Unidos (9,1 millones) y cierra el top cinco Australia (7,3 millones). Hay más litio en Sudamérica que en Australia, aunque en éste último es más fácil extraerlo, es también más más caro, cuesta 9.000 dólares una tonelada y en Sudamérica 3.500. Algunos dirán que la diferencia de costo tiene que ver con el método de extracción ya que en roca se requiere de más tecnología y energía que la evaporación al sol, que es gratis. Aunque hay que agregar que nuestro país es amigable con las corporaciones extranjeras ofreciéndoles un país con regulación cero, con dependencia y carencia de dólares, con mano de obra precarizada y con endeudamiento externo. Además, desde 1994 la Constitución establece que los bienes comunes son de las provincias, (¡como si la hidrogeología conociera de fronteras!) lo que implica dejar a conveniencia de cada élite provincial la «negociación» de nuestros bienes con corporaciones mafiosas que manejan presupuestos más grandes que los PBI del NOA.

En los tres países latinoamericanos la exploración y explotación son muy distintas, aunque las consecuencias son las mismas: crisis hídrica en ecosistemas áridos, extinción de los humedales con su respectiva flora y fauna, despojo de comunidades y desocupación.

En Bolivia la explotación la hace el Estado y se asocia con privados para darle valor agregado una vez que obtiene el recurso. En Chile con el legado privatista de minerales y agua, el litio fue declarado estratégico y lo concesiona CORFO (Corporación de Fomento de la Producción) a dos empresas privadas que extraen el metal hace más de 40 años, pagando el 40% de regalías y obligadas a vender el 25% del litio en el país.

En nuestro país dos empresas están extrayendo litio aunque hay decenas de proyectos en danzas, Sales de Jujuy-Orocobre -Toyota y Livent que está en Catamarca desde los 90. Entre las dos producen unas 35.000 toneladas anuales de las 459.000 toneladas de Carbonato de Litio Equivalente que se producen en el mundo entero.

Argentina exporta el 100% como commodity a muy bajo valor y bajo el escandaloso código minero menemista, el cual impone que la regalía provincial es del 3% pero al valor de boca de mina, o sea al valor de la salmuera. Es decir, de 380 millones de dólares de recaudación los Estados cipayos se quedan con menos del 3% y los pasivos ambientales, mientras las corporaciones se quedan con las ganancias. A esto se suma el escándalo de corrupción por evasión impositiva de Livent que estaba exportando a 4.000 dólares la tonelada cuando el valor de mercado en ese momento era de 9.000 dólares.

Desde la invasión de Rusia a Ucrania la tonelada de carbonato de litio aumentó a 70.000 dólares y la proyección es que para los próximos 10 años la demanda supere a la oferta. Negocios para el triángulo de impunidad de poder político, judicial y corporativo, despojo para las mayorías sociales.

Entender el colapso y organizar la respuesta 

La ecuación que milita sin grieta la clase política es que la crisis se supera pagando al FMI y aumentando las exportaciones, una fantasía cruel que están pagando con hambre, miseria y desocupación, en un nuevo ciclo de saqueo, las mayorías sociales. La frontera extractivista del modelo primario exportador se sigue expandiendo a costa de destruir humedales, bosques, salares, contaminando y secando ríos, entregando el mar y destruyendo nuestros principales ecosistemas. La inflación camina al 120% cuando termine el año, se acaba de conocer que asciende a 18 millones de pobres la población argentina y que el porcentaje de niñez (menores de 15 años) alcanza la vergonzosa cifra del 54.2%. Con 20 millones de trabajadores ocupados de los cuales el 45,3% está precarizado.

Mientras más exportamos y más divisas entran, más pagamos y más nos empobrecen. La deuda sigue ascendiendo, llegando hoy a $396.540 millones de dólares.
El país está quebrado y es criminal seguir insistiendo con fórmulas caducas que nos han traído hasta este colapso. Rechazamos toda forma de apropiación en manos de esta lógica capitalista, corporativa y de sus gestores políticos. El modelo de producción hay que cambiarlo invirtiendo la ecuación, produciendo en función de lo que necesita la población y no la ganancia privada. No se pueden gestionar los territorios como si estuviéramos en 1880, no tiene precio la cuenca hídrica de los salares, sobre el curso del agua se organizan la vida de las comunidades y los animales. El saqueo está secando todo.

El falso progresismo y la derecha más rancia tienen puntos solidarios cuando se trata de exprimir nuestros territorios a base de contaminación y represión. Son todos negacionistas de la crisis climática pero entusiastas pagadores al FMI.

La transición post fósil no es un debate, es una urgencia evidente, pero tiene que ser sobre la base de la planificación democrática de la economía, con los trabajadores y las comunidades dentro y requiere una perspectiva internacional de complementariedad productiva y colaboración. Cambiando el régimen social de propiedad. Al mismo tiempo terminar con la obsolescencia programada que produce dispositivos eléctricos de corta durabilidad, es un patrón de acumulación insostenible. Al consumo fomentado de forma artificial hay que reemplazarlo por el derecho a la información pública real científica, para una re-educación consciente. Para esta perspectiva antisistémica y ecosocialista tenemos que organizarnos y en simultáneo seguir planteando que se aplique el principio precautorio, que establece que toda modalidad productiva que pueda impactar negativamente debe ser suspendida, como así también la ley general de ambiente que nos asiste como razón, incluso legal y de democracia básica. Que promuevan por ejemplo la consulta popular vinculante, para que sean los pueblos los que decidan, como ocurrió en Esquel hace 20 años contra la mega-minería.

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