martes, 28 mayo 2024 - 10:39

Víctor Jara. La guitarra que sigue sangrando

A 47 años del asesinato de Víctor Jara

“El 5 de octubre de 1973, mientras abordaba el avión en el aeropuerto Pudahuel de Santiago escoltada por el cónsul británico, yo era una persona sin identidad. Lo que yo hubiese sido -¿bailarina, coreógrafa, profesora, esposa?- había dejado de serlo. Miré a mis dos hijitas, mientras se acomodaban en sus asientos delante de mí, pálidas y sumisas, sin siquiera alborotar por cuál de las dos ocuparía el siento de la ventanilla, tuve plena conciencia de que ahora dependían enteramente de mí. Yo, por cierto, las necesitaba a ellas para seguir viviendo. Sabía que una parte de mi había muerto con un hombre cuyo cadáver yacía ahora en un ataúd en un nicho de hormigón, en lo alto del muro trasero del Cementerio General de Santiago”( Joan Jara-“ Victor Jara, un canto truncado”-)

Víctor Lidio Jara Martínez, profesor, escritor, actor y director de teatro, músico y cantautor, referente internacional de la canción contestataria, ícono de la nueva canción chilena, nació en Chile el 28 de septiembre de 1932. “Nací en el sur de Chile, en la provincia de Nuble, provincia muy lluviosa y sacudida por terremotos…” cuenta en una entrevista en Moscú, 1970.

Hijo de madre y padre campesinxs. Su padre realizaba tareas de campo en un latifundio donde imperaba un sistema casi feudal de organización del trabajo, la madre cuidaba de sus 5 hijas e hijos y fue ella quien inició a Víctor en la música, ya que cantaba acompañada de su guitarra. Desde muy niño ayudaba a su familia en las tareas del campo.

“El sudor me hace surcos/
yo hago surcos a la tierra sin parar”.

En su adolescencia tuvo que dejar los estudios para trabajar en una fábrica de muebles. A los 15 años decidió entrar a un seminario religioso buscando refugio ante la dolorosa ausencia que dejó la muerte de su madre. Afortunadamente lo abandonó dos años más tarde pero su fervor religioso lo acompañó en sus canciones. Ingresó al coro de la Universidad de Chile y es allí donde comenzó a investigar sobre el folclore. Conoció a Violeta Parra, quien lo estimuló en su camino de la música.

Estudió actuación, dirección teatral, fue miembro de varios grupos folclóricos como “Cuncumen”, “Quilapayun”, “Peña de los Parra”, ”Inti Illimani” compuso y grabó varios LP, participó de festivales internacionales como director artístico de grupos musicales como así también de colectivos teatrales. Fue profesor de actuación en la universidad, compositor musical para la Televisión Nacional de Chile, Embajador Cultural en el gobierno de Salvador Allende.

El clima político en Chile antes del golpe

La década del 60 estuvo marcada por efervescencias revolucionarias a partir de la Revolución Cubana, el Mayo Francés, la revolución de los estudiantes en México y en nuestro país el Cordobazo.

“Ahí dónde llega todo
Y dónde todo comienza
Canto que ha sido valiente
Siempre será canción nueva”

El 4 de septiembre de 1970 triunfa en Chile la Unidad Popular (alianza entre el Partido Socialista, el Comunista y algunos partidos minoritarios pequeño burgueses) que lleva a Salvador Allende a la presidencia. Había una gran expectativa mundial: ¿se podía llegar al socialismo por la vía electoral? Allende asume entre grandes movilizaciones populares que festejan el triunfo. Como parte de su programa de gobierno nacionaliza el cobre, la banca, crea planes de salud, estatiza 100 fábricas y expropia 1400 latifundios aunque sin perjuicio para los dueños ya que los indemniza.

“A desalambrar, a desalambrar
que la tierra es nuestra, tuya y de aquel
de Pedro y María, de Juan y José”

Estas medidas mejoraron el poder adquisitivo de los sectores populares y se impulsaron planes de vivienda. Pero no los profundizó.
“Que la tortilla se vuelva, que los pobres coman pan y los ricos, mierda, mierda”
El enojo imperialista no se hizo esperar y la derecha autóctona salió a boicotear, haciendo lo de siempre, caceroleando. Hubo desabastecimiento, inflación, huelgas impulsadas por la burguesía como la de los camioneros que durante 3 semanas que paralizaron el país. Allí Víctor trabajó como voluntario. La clase obrera se movilizó, y organizó comités de seguridad en las fábricas, dispuesta a defender al gobierno con uñas y dientes, literalmente, porque Allende había pactado y quedaron desarmadas.

“Levántate y mírate las manos
Para crecer y estréchala a tu hermano
Juntos iremos unidos en la sangre
Hoy es el tiempo que puede ser mañana”

Allende vacila, pacta con la Democracia Cristiana y nombra a Augusto Pinochet como Comandante en Jefe del Ejército, dejando el terreno propicio para lo que luego sucedería: una de las dictaduras más atroces de América Latina. Los tintes reformistas no alcanzan, no son suficientes y queda así totalmente desaprovechada la oportunidad de un proceso revolucionario de un pueblo dispuesto a todo.

“De nuevo quieren manchar
Mi tierra con sangre obrera
Los que hablan de libertad
Y tienen las manos negras”

En aquella pubertad mía, como defensora incondicional de Allende y ferviente lectora de Neruda, no sabía lo que aprendí más tarde: que los gobiernos reformistas conducen a callejones cerrados.

“Ni chicha, ni limoná”

Durante los tres años del gobierno de Allende hubo un auge artístico y allí Víctor tuvo un papel destacado, junto a Neruda, los Parra y muchos otros y otras artistas chilenas.
Como miembro del Partido Comunista fue un férreo militante de Unidad popular, realizó actos a favor de los candidatos del partido en la elecciones parlamentarias, trabajó como voluntario en la huelga de camioneros, organizó el acto de homenaje a Pablo Neruda por la obtención del Premio Nobel de Literatura, viajó a Europa del Este, Cuba y otros países de Latinoamérica como Embajador Cultural. El 3 de septiembre de 1973 se prepara una gran manifestación popular para celebrar el 3° aniversario del triunfo de Allende, pero más para defender e impedir un golpe que se olía en cada esquina. Un millón de personas salieron a las calles. Víctor marcha con su esposa Joan Jara y sus dos hijas Amanda y Manuela llevando una pancarta: “Trabajadores de la cultura en contra del fascismo”. Fue la despedida. Como cara muy visible del gobierno, Pinochet no lo perdonaría.

El golpe, el arresto, el asesinato

El 11 de septiembre Víctor cantaría en la Universidad Técnica en la inauguración de una exposición sobre la guerra civil y el fascismo. Desde temprano se reunió allí, con académicos y alumnos para organizar el acto. Salvador Allende hablaría también desde allí, para anunciar la decisión de hacer un plebiscito con el fin de resolver por “medios democráticos” la situación del país. Nunca llegó.

A las 11 tanques y aviones comandados por Pinochet abrieron fuego contra el Palacio de la Moneda. Allende se despide del pueblo por cadena nacional radial y luego se suicida.

“Son cinco minutos, la vida es eterna en cinco minutos”

Víctor Jara junto con 600 personas entre profesores y alumnos se quedan en la universidad como forma de respaldo a la democracia. Víctor llama a su esposa a las 16:30. “Tengo que quedarme aquí… será difícil que vuelva por el toque de queda. A primera hora de la mañana, en cuanto lo levanten, vuelvo a la casa. Mamita, te quiero”( Joan Jara-“Victor Jara, un canto truncado”).
Al día siguiente los llevan al Estadio de Chile (renombrado Víctor Jara desde 2003), convertido en centro ilegal de detenciones. Entre miles de personas, un oficial apodado “el príncipe” lo identifica:
“Así que sos vos Víctor Jara, el cantante marxista, comunista concha de tu madre, cantor de pura mierda”. Recuerda un testigo: “Lo que se vivió a continuación fue espantoso. Lo golpeaba en la cabeza y en el pecho una y otra vez y como Víctor sonreía, siempre sonreía, sacó la pistola y empezó a pegarle con el cañón. La sangre brotaba por todo su rostro”.
Como llegaban nuevos prisioneros, Jara quedó sin custodia y sus compañeros limpiaron sus heridas. Habló de Joan, de sus hijas y escribió en una libretita su último verso que salió del estadio con un prisionero liberado gracias a sus contactos.

“Canto que mal sales
Cuando tengo que cantar espanto
Espanto como el que vivo
Espanto como el que muero”

Luego sobrevienen las terribles torturas durante horas, quemaduras de cigarrillos, quebraduras de dedos y muñecas, simulacros de fusilamiento, le cortan la lengua…
“ Canta ahora, si puedes, hijo de puta” grita exaltado “el príncipe”( Identificado muchos años más tarde como Edwin Dimter Bianchi). Luego jugaron a la ruleta rusa haciendo un disparo cada uno, hasta que una de las balas sale y mata a Jara. Luego vendrían otras 43.
El 16 de septiembre, unas horas después dP0e su asesinato, unxs vecinxs encuentran su cuerpo, junto al de otras 6 personas, en unos matorrales cerca del Cementerio Metropolitano. Dan aviso y son trasladados al depósito de cadáveres. La autopsia contabilizó 44 impactos de bala en cabeza y tórax y traumatismos múltiples.
El 18, Joan Jara recibe la visita de un miembro de las Juventudes Comunistas quien le relata que un amigo suyo que trabaja en la morgue, identificó el cadáver de Víctor y que si no era reconocido por un familiar sería sepultado como NN en una fosa común.
“Estoy en una especie de trance pero mi cuerpo sigue funcionando. Tal vez, vista desde fuera parezca normal y dueña de mí misma: mis ojos continúan viendo, mi nariz oliendo, mis piernas andando…Bajamos un pasadizo y entramos en una enorme sala. Mi nuevo amigo me apoya la mano en el codo para sostenerme mientras contemplo las filas y filas de cuerpos desnudos que cubren el suelo, apilados en montones, en su mayoría con heridas abiertas, algunos todavía con las manos atadas en la espalda. Hay jóvenes y viejos, cientos de cadáveres…en su mayoría parecen trabajadores…cientos de cadáveres que son seleccionados, arrastrados por los pies y puestos en un montón u otro por la gente que trabaja en el depósito, extrañas figuras silenciosas con las caras cubiertas con máscaras para protegerse del olor de la putrefacción.
(…) Nos envían a la planta superior. El depósito está tan repleto que los cadáveres llenan todo el edificio, incluso las oficinas. Un largo pasillo, hileras de puertas, y en el suelo, una larga fila de cadáveres, éstos vestidos, algunos con aspecto de estudiantes, diez, veinte, treinta, cuarenta, cincuenta…y en la mitad descubro a Víctor. Era Víctor, aunque le vi delgado y demacrado. ¿Qué te han hecho para consumirte así en una semana? Tenía los ojos abiertos y parecía mirar al frente con intensidad y desafiante, a pesar de una herida en la cabeza y terribles moretones en la mejilla. Tenía la ropa hecha jirones. Los pantalones alrededor de los tobillos, el jersey arrollado bajo las axilas, los calzoncillos azules, harapos alrededor de las caderas, como si hubieran sido cortados por una navaja o una bayoneta…el pecho acribillado y una herida abierta en el abdomen…las manos parecían colgarle de los brazos en extraño ángulo, como si tuviera rotas las muñecas…pero era VÍCTOR, mi marido, mi amor. En ese momento también murió una parte de mí. Sentí que una buena parte de mí moría mientras permanecía allí, inmóvil y callada, incapaz de moverme”.
Joan Jara luego de varias horas de trámites burocráticos consigue sacar el cuerpo de la morgue y enterrarlo en la más absoluta soledad.
En 2009 por orden judicial se exhumaron sus restos y se practicó una nueva autopsia que confirmó que Jara murió a causa de múltiples impactos.
José Paredes Márquez (con 18 años en 1973) confesó 36 años más tarde haber sido uno de los coautores del asesinato. La corte de Apelaciones de Santiago ratificó su encarcelamiento.
Pedro Barrientos, quien fue acusado de tortura seguida de asesinato, fue condenado en 2016 a pagar 28 millones de dólares a la familia en concepto de indemnización. Como ciudadano estadounidense, reside en Florida y pesa sobre él una orden de extradición.
En 2018, ocho oficiales del ejército retirados fueron condenados a quince años de prisión como autores del asesinato.
En 2009, luego de la autopsia, los restos de Víctor Jara permanecieron tres días en la fundación que lleva su nombre para recibir el merecido tributo. Posteriormente fueron enterrados en el Cementerio General de Santiago, al que concurrieron miles de personas.
Joan, Amanda y Manuela, luego de un largo exilio de 10 años regresaron a Chile donde residen actualmente.
“Mientras cantemos sus canciones, mientras su valor pueda inspirarnos más valor, Víctor Jara no morirá”( Pete Seeger, músico).

Ingrid Fernández

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