martes, 23 julio 2024 - 03:19

Frente de Todos con el FMI. Comenzó la rosca

La semana pasada el Frente de Todos concretó la reunión de su mesa política. Más caras de las esperadas formaron parte del inicio de la interna electoral peronista. No hubo muchas definiciones, pero el silencio del ajuste en curso por parte del gobierno marca la tónica. Otra vez la receta del mal menor.

Cerca de las 2 de la mañana del viernes 17 de este mes, el Frente de Todos puso en funcionamiento la tan mencionada mesa política. En la sede del PJ, tras más de tres años de gobierno, el oficialismo se juntó para comenzar a definir, principalmente, su estrategia electoral. Las presencias que participaron del cónclave en calle Matheu, fueron más de las que previamente se anunciaban. Alberto Fernández, Sergio Massa, Máximo Kirchner, representación sindical de la CGT, de la CTA, gobernadores y algunos intendentes, fueron parte de los presentes.

En uno de los temas desarrollados en la mesa apareció el debate sobre la figura de la vicepresidenta. En medio del operativo clamor lanzado por su terminal política, el frente se debate sus posibilidades en las elecciones y su condición de “proscripta”.

Al finalizar el encuentro, las diferentes tribus del oficialismo se pusieron de acuerdo para emitir un comunicado. Se tituló: “Democracia sin proscripciones. Unidad para transformar”. Y fue un documento que reavivó la idea de polarizar con Juntos por el Cambio, hablar de la crisis económica sin asumir las responsabilidades del ajuste que llevan a cabo para cumplir con el FMI y un lanzamiento del espacio de cara a la carrera electoral del presente año.

¿Todos Unidos?

Es cierto que la mesa, finalmente, tuvo su carácter tripartito. Con el presidente, acompañado de diferentes ministros (Santiago Cafiero, canciller, Julio Vitobello, secretario general de la Presidencia y Victoria Tolosa Paz,), Máximo Kirchner y Eduardo de Pedro, en representación del kirchnerismo junto a otros funcionarios de rango menor, y Sergio Massa, cobró vida la mesa política.

“La unidad en la diversidad es un valor importante”, esa fue una de las consignas que el gobierno buscó profundizar tras las distintas riñas sucedidas, producto de la crisis social que provoca su ajuste. Que, pese a estar avalado por todas las fracciones, intentan negar. Sin embargo, la unidad por la unidad en clave de rosca, tras la mesa, comenzó a motivar la candidatura de diferentes personajes.

Victoria Tolosa Paz, ministra de Desarrollo Social, se encargó de decir días después que: “El Presidente, hasta que no diga que no es candidato, es candidato porque está facultado para serlo. El Presidente es candidato hasta que diga que no lo es”. Como lo hizo esta funcionaria, también a Scioli se lo vio haciendo una campaña. El embajador en Brasil publicó una carta abierta para responder a quienes le preguntan “por sus planes para este año”, donde decía: “Una vez más les digo: cuentan conmigo. Como siempre”.

Estas, entre otras posiciones, muestran que la unidad es algo bastante empantanado para el oficialismo. Además habría que sumar al debate a la vicepresidenta, quien se negaría a ir a las elecciones con el argumento de considerarse “proscripta”. Una condición criticada, por ejemplo Aníbal Fernández declaró: “Cristina Kirchner no está proscripta”, y que “los que dicen eso quieren proscribir al Presidente”. Toda una muestra de que la unidad no es la tónica, para nada, de un gobierno que, como mencionamos, se encuentra acuciado por el comienzo del derrumbe del plan económico de Massa.

De esta forma, es probable que la crisis hacia el interior del oficialismo siga floreciendo en estos meses a medida que el cronograma electoral le marque el ritmo a la campaña ya comenzada por el FdT.

¿Qué unidad?

En una parte del documento que publicó el oficialismo tras la mesa, enuncia que este año: “en 2023 se enfrentarán dos modelos de país. La Argentina de un progreso compartido, democrática e igualitaria; y el anacronismo de una derecha que concibe al país como una plataforma de negocios para unos pocos. No tienen nada nuevo para decir. Repiten fórmulas que han fracasado hace décadas, salvo para enriquecer a pequeños grupos privilegiados”.

De esta forma buscan, reiterativamente, instalar la idea de ser un mal menor. Pero, además de lo citado, también mencionan como tarea: “continuar los esfuerzos para reducir la inflación, aumentar el poder adquisitivo de los salarios y trabajar en cada una de las políticas públicas necesarias para que nuestra gente viva mejor”. Una idea que acompañan con el verso de decir que ese fue su contrato electoral en 2019. Lo cierto es que es mentira que se haya cumplido más allá de las limitaciones que nosotros podemos marcar por el carácter de clase que tenía el programa del FdT en la anterior elección.

Podemos afirmar que esta idea que busca instalar el oficialismo choca contra un muro de concreto, la realidad material. Este mes, como analizamos en la editorial de este periódico, la inflación alcanzó un 6% y trepó a casi un 99% interanual. Conjuntamente empeoró el pronostico del REM para este año, como así también comenzaron a mostrarse signos de estancamiento económico.

Por lo tanto, el relato del gobierno, cae por su propio peso. Si de herencia macrista se trata, además, hay que mencionar al Fondo. Un organismo que el FdT no echó, sino más bien sentenció su presencia por más de diez años en el país. Continuando la política de sometimiento de este organismo, que nos controla cada 3 meses y, vale agregar, presiona para ajustar más de lo que el gobierno lo hace.

En fin, si hay dos modelos, no es el del peronismo y Juntos por el Cambio. Más allá de sus personeros y los matices que puedan existir, ambos proyectos se encuentran personificando estrategias capitalistas, de derecha, en beneficios de una minorías.

La salida que hace falta

Queda a las claras así, que esta convención del peronismo, por más unidad que trate de mostrar, no es la solución a los problemas de la gente. Lejos estuvieron de indicar las medidas necesarias para terminar con los flagelos que provoca la crisis económica.

La polarización con el macrismo funciona como un revival de mal gusto, más cuando Scioli asoma como un posible candidato, sumándose a los que más posibilidades tenían hace un tiempo (Sergio Massa, principalmente). Así, metiéndose de lleno el debate electoral, el gobierno busca formar una propaganda para no salir damnificado de unas votaciones que, según diversas encuestas, lo ubican como perdedor.

No hay solución a los problemas con un Frente de Todos que mostró su carácter derechista en estos años de gobierno que se profundizaron con Massa como ministro de Economía, recortando presupuestos en Salud, Educación y otras áreas.

Por tanto, insistimos en convocar desde el MST en el FIT-Unidad a todos los decepcionados por el curso del gobierno que más que un cambio trajo nuevas penurias. Sólo desde la izquierda podremos batallar para un verdadero cambio de rumbo. Terminar con el tutelaje del FMI, es una política que no entra en la agenda de ninguna de las coaliciones mayoritarias. Creemos que fortaleciendo el frente como nuestro partido, habrá chances para participar con mayor fuerza de los procesos de la lucha de clases en curso. Tomar este camino, es la única opción que podrá terminar con el modelo de país donde reina la pobreza, por uno donde reine la abundancia para satisfacer las necesidades de los trabajadores y de los sectores populares.

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