lunes, 15 agosto 2022 - 19:48

FMI. La letra chica del acuerdo

Pasaron dos semanas desde que se anunció. Lo que se conoce hasta ahora es preocupante, y más todavía lo que no se conoce. Sigue el secretismo y no explican cómo se alcanzarían las metas que exige el Fondo. Lo que sí sabemos es que el acuerdo aún debe pasar por el Congreso y por el directorio ejecutivo del FMI.

El avance del acuerdo abrió el debate tanto dentro de la coalición de gobierno como de la oposición macrista. Críticas y renuncias en el Frente de Todos, pero con la máxima que las críticas no obstaculizan la política del gobierno. Al inicio, hubo dudas sobre si acompaña o no el PRO, pero Bullrich ya salió a decir que «no van a empujar al país al default» lo que indica que van a acompañar. La UCR ya cerró filas para aprobar el acuerdo y Carrió cerró a la Coalición Cívica afirmando que «se deben honrar las deudas». En medio de esto, que deja planteado que la aprobación no tendría inconvenientes, la incertidumbre se reabren por las declaraciones de la directora-gerente del FMI, Kristalina Georgieva, señalando que se deberán incluir modificaciones en cuanto a la recaudación impositiva y al gasto público. Y agregó la novedad de que su “enfoque principal es sacar a la Argentina de este camino muy peligroso de alta inflación”…

Aunque hay acuerdo de avanzar, el acuerdo no está muy cerrado y las presiones del Fondo intentarán profundizar sus condicionamientos. Tampoco le será fácil al gobierno avanzar con el ajuste, la precarización laboral y el extractivismo porque ha quedado demostrado que no tienen licencia social.

Analizar las consecuencias de este acuerdo tiene que estar al servicio de organizar la lucha contra el avance de políticas ajustadoras que seguirán precarizando la vida del pueblo trabajador. Y llamamos a fortalecer al FIT Unidad como la alternativa política de izquierda para enfrentar a los partidos capitalistas, responsables y cómplices de las penurias que sufrimos les trabajadores, las mujeres y la juventud.

Pagar es legitimar una estafa

Como lo hizo desde que asumió, a pesar de su discurso de campaña en el que denunciaba la deuda trucha de Macri, el gobierno nacional pagó cada vencimiento y ahora “negocia” con el Fondo cómo pagar. Si el acuerdo se concreta, queda legalizada una deuda millonaria que violó hasta las normas del propio FMI y que garantiza la impunidad de los fugadores seriales de capitales y los funcionarios cómplices del macrismo.

Así, Fernández avala toda esta estafa y perdemos la oportunidad de hacer visible su ilegitimidad y, por supuesto, de ahorrarnos millones y millones de dólares.

Chau soberanía, hola sometimiento

Las revisiones trimestrales que hará el FMI para chequear que se avance con su programa económico para garantizar los pagos es sometimiento puro a sus designios. Si todo marcha según su conveniencia, hará las transferencias del nuevo acuerdo. Esto significa que nos seguimos endeudando para pagar deuda.

Pero la pregunta clave es: ¿qué pasa si no aprueba las revisiones? Al menos lo que dice el ministro Guzmán es que “las condiciones se van a ir adaptando a las circunstancias todo el tiempo”. En pocas palabras: “Sí, Señor FMI, lo que usted diga”.

O sea, nos venden que es un gran acuerdo puesto que “no exige reformas estructurales clásicas y brutales” como la privatización o la reforma laboral. Lo que no dicen es que no la exigen por ahora. Porque al someter nuestra economía a la revisión, si los números que el FMI exige no cierran, cosa que es muy probable, volverá a la carga con las recetas neoliberales de siempre, es decir más recortes de derechos sociales básicos.

El acuerdo con el FMI sin ajuste son los Reyes Magos

¿El “mejor acuerdo” al que pudieron llegar y sin la palabra ajuste? Esa mentira se cae sola, porque minutos después de que Fernández lo dijo, Guzmán planteó que para este año prevén bajar el déficit fiscal a 2.5%, cuando la previsión en el proyecto de Presupuesto nacional era de 3%. Además, gradual o no, llevar el déficit al 0.9% en 2024 es meter tijera fuerte. Achicar el déficit es recortar presupuesto para salud, educación, asistencia social, obra pública y generación de nuevos puestos de trabajo; en definitiva, ajuste.
Entre los rubros a recortar están también los ya míseros fondos que el gobierno destina al tema violencia machista, brecha de género, ESI y tareas de cuidado y ayuda social. Es decir, el acuerdo agravará las condiciones de vida de las mujeres y disidencias.

Por ejemplo, desde el Fondo, ante la omisión de Guzmán sobre el tema tarifas, se informó que “acordamos que una estrategia para reducir los subsidios a la energía de manera progresiva será fundamental para mejorar la composición del gasto público”. Lo cierto es que reducir las transferencias energéticas para que representen un 1.7% del PBI, y no el 2.4% como ha sido, implica recortar unos 2.600 millones de dólares, que no serán cubiertos por el aumento del 20% estipulado hasta ahora. Entonces, cuando Guzmán afirma que no prevén un mayor aumento, ¿de dónde creés que va a salir esa diferencia? ¡Adivinaste! Del bolsillo de quienes hacemos uso de los servicios, o sea ajuste.

“Acumular reservas, frenar la inflación, crecer para pagar…”

Mucho blabla, pero sin datos concretos. Parte del acuerdo es lograr que crezcan las reservas en moneda extranjera, como así también frenar la inflación.
El propio Guzmán, además de plantear que la inflación es “un fenómeno multicausal”, dijo que “hacen falta dólares para hacer frente a la demanda de las importaciones para la producción”. Lo que no dicen con claridad es de dónde los van a sacar. Y no lo dicen porque saben que van contra un enorme movimiento consciente, que crece día a día y lucha contra lo que ellos llaman progreso, desarrollo, motores económicos, que en realidad es más extractivismo.

Sí; el FMI apuesta a que esa “recuperación económica” sea a partir de mayor explotación extractiva de nuestros bienes comunes, más allá de su impacto ambiental. Y el gobierno ya empezó a hacerle la tarea. Cae la ley de humedales, la del acceso a la tierra y siguen sin tratar la prórroga del reconocimiento territorial a los pueblos originarios. En cambio, la nueva ley de hidrocarburos avanza.

Contra el “no se puede”, hay otra salida

El FMI ha sido y es el principal responsable de nuestras desgracias económicas desde hace décadas. Y los sucesivos gobiernos, con sus sucesivos acuerdos y pagos, no hicieron más que traernos hasta acá, a este desastre.

Romper y no pagar es la única salida soberana y así iniciar un camino diferente, empezando por destinar esos millones de dólares a resolver los problemas estructurales. Por ejemplo, sólo con lo que se le pagó al FMI en enero se podrían haber construido más de 43 mil viviendas y generado 170 mil nuevos puestos de trabajo.

Pero no hay que frenar ahí, sino avanzar con un plan integral, que nacionalice todo el sistema financiero para impedir la fuga de divisas. Aplicar un verdadero impuestos a los ricos, reactivar la economía y ponerla al servicio de las mayorías. Mejorar en forma contundente los salarios, las jubilaciones y generando empleo genuino. Además, nacionalizar el comercio exterior y planificar qué, dónde, cómo y cuánto producir en función de las necesidades sociales, en armonía con la naturaleza y no de la renta capitalista.

Sobra fuerza social para enfrentarlo

La crisis política en la propia coalición de gobierno muestra que la resistencia al Fondo está viva en el pueblo. Y aunque el gobierno y la derecha siembran miedo para no dar esta pelea, la movilización del 8F, en donde volvimos a llenar Plaza de Mayo y copamos las calles en todo el país, muestra que contamos con la fuerza para enfrentar al Fondo.

Conocemos las consecuencias para el pueblo trabajador si avanza el acuerdo. Por eso la lucha es el camino. Tenemos que fortalecer la unidad de acción con todos los sectores que quieran enfrentarlo, en nuestros lugares de trabajo, en los barrios, junto al movimiento de mujeres y a los colectivos socio-ambientales.

Desde el MST en el FIT Unidad estamos comprometidos a estar a la vanguardia de esta pelea. La batalla comenzó y la fuerza en la calle es la única garantía contra el Fondo Monetario Internacional y su pacto con el gobierno.

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