Florencia Nightingale. La precursora del modelo sanitario moderno. Debates alrededor de su figura

Sacerdocio maternante o pelea por modificar la precariedad sanitaria de todas las épocas?

En la actualidad el ejercicio de la profesión sigue siendo mayoritariamente femenino. Resabios de  un mandato histórico donde se nos ha reservado el rol de cuidadoras por nuestra “tendencia natural a maternar” fundamento que a medida que el movimiento de mujeres avanza en su organización y masividad, va dando pasos en el sentido de la corresponsabilidad en el trabajo doméstico, de cuidado y crianza con los varones. Lo cierto es que el nacimiento de la enfermería como disciplina moderna vino de la mano de una de nosotras. Bastante de este aspecto del cual intentamos corrernos,  en la primera parte del siglo XIX era una marca a fuego muy difícil, sino imposible de sortear.

Florencia Nightingale nace en Italia el 12 de mayo de 1820. De familia acomodada su niñez y juventud se desarrollará en Inglaterra. Señorita rebelde en una sociedad bajo la égida de la moral victoriana, reclamaba a sus padres el estudio de las matemáticas, disciplina que la atraía de pequeña. Por supuesto la negativa y la afirmación que una dama debía aprender bordados, buenos modales, las artes de la labor doméstica como única licenciatura, la joven se aferra en su insistencia intentando la complicidad de su padre, también afecto a las matemáticas. Finalmente logra el permiso y estudia con Sylvester quien, junto con Cayley, desarrolló la teoría de invariantes, y cuyas lecciones incluían aritmética, geometría y álgebra. También se acercó al estadista belga Quetelet. Además era una inquisitiva  lectora de literatura, música, filosofía, historia, economía y practicaba varios idiomas producto de la instrucción que su propio padre le había dado.

Como una mímesis de Juana de Arco, inmersa en una familia protestante, la joven tiene una especie de revelación y llamado divino a la vocación de servicio. Será en el área de salud donde encuentra el territorio para su labor.

Contradicciones de época

El sistema capitalista en plena consolidación somete a la sobre explotación del movimiento obrero mundial. La riqueza en manos de las patronales aumenta de modo exponencial a la vez que todas las ramas aleatorias de la tecnología y la ciencia aportan a este crecimiento, lo que contradictoriamente genera a su vez avances cruciales para el desarrollo de la modernidad. Claro, también la maquinaria de la ganancia deja un tendal de pobreza y marginalidad que se multiplica en los suburbios de las principales ciudades. Si combinamos este proceso junto a la moral de la época donde el modo de “saldar las conciencias” se depositaba en las damas de la beneficencia, el sacerdocio y las instituciones ligadas a la iglesia, se puede comprender la visión de la joven Nightingale. Nacida y criada en la aristocracia luterana, testigo y parte de una sociedad convulsiva que irá mostrando las desigualdades profundas e insalvables su visión rupturista del rol femenino y de las discusiones sociales no la rescata de su afiliación religiosa. Sin embargo, eso la hace irrelevante y menos transformadora en el ámbito no solamente académico sino práctico? Estamos a mediados del siglo diecinueve, recordar que los análisis teóricos, económicos, filosóficos acerca de este fenómeno estallan en las plumas de los pensadores y que no será hasta 1848 que Marx y Engels presenten en sociedad el manifiesto comunista, lo que venían cocinando en sus cabezas y que revolucionará no solamente a las ciencias sociales sino a la intervención militante en pos de un mundo distinto.

A pesar del patriarcado

Realiza viajes a diferentes sitios para conocer y tomar nota de los sistemas hospitalarios. En Egipto ingresa al instituto San Vicente de Paul donde se entrena junto al servicio. Las instituciones de formación sanitarias, estaban ligadas a las iglesia, por este sesgo del sacerdocio eran las monjas o célibes las que se preparaban en la asistencia a los enfermos. En esa combinación de fé mística y formación en las prácticas científicas avanzadas para la época va conformando su modelo sanitario. En momentos donde se discutía el miasma, especie de ente patológico que provenía de los efluvios, antecesor de la idea de los microbios, Florencia alertaba sobre los espacios ventilados y soleados para la rápida recuperación de los desvalidos. Visita el hospital del Pastor Theodor Fliedner en Kaiserwerth, cerca de Dusseldorf, Alemania en julio de 1850 y regresó a esa ciudad en 1851 para entrenarse como enfermera, durante tres meses, en el Instituto para Diaconisas Protestantes. Desde Alemania se trasladó a un hospital en St. Germain, cerca de París.

En 1853 accede al puesto de Superintendente en el Establecimiento para damas durante enfermedades.

En 1854 estalla la guerra de Crimea y por su trayectoria e insistencia en cambiar el modo en que hasta ese momento se trabajaba en el sistema sanitario, logra llegar junto a un grupo de mujeres que ella misma selecciona. En una especie de hospital de campaña, a las afueras de Estambul, en Üsküdar o Scutari. es testigo de la crueldad con que se trataba a los soldados sobre todo por su origen de clase. Tirados en el suelo, sin limpieza ni recursos, ni siquiera bien alimentados y enfrentando la verticalidad machista del ámbito castrense, junto a sus congéneres intenta sortear las dificultades apelando a los contactos que tenía por su procedencia. Denuncia y reclama a su amigo político por todas estas deficiencias. Se transforma en la enemiga de los jerarcas que además encontraban un bochorno el hecho de que una mujer tuviera un papel protagónico en el lugar. Así y todo y ante la matanza que ese conflicto significó, le dan el lugar para atender a los soldados. Es en ese periodo donde aplica todo lo que había aprendido, trastocando y revolucionando la práctica asistencial.

Transcurrieron  166 años de este episodio. Mujeres alterizadas, subordinadas ante la catástrofe de un sistema de salud por demás precario, en particular para las clases populares. Una visionaria que se puso a la cabeza del reclamo básico al poder de turno para modificar en parte los destinos de los sistemas de salud.

Cualquier coincidencia con la actualidad no es casualidad, es causalidad. El origen de todos los males para las y los trabajadores y el pueblo tiene nombre y apellido, hizo estragos en su apogeo, en sus ciclos de crisis y en ésta, la más profunda. El capitalismo arremete sin miramientos en especial a las y los trabajadores de la salud del planeta y en particular golpea a los países periféricos como el nuestro. La figura contradictoria de una mujer que dio pelea por cambiar los paradigmas de su entorno sigue siendo actual. Rescatamos su historia de lucha y en ella reivindicamos a todas las compañeras que dejan su propia salud en esta tarea enorme y casi nada reconocida por los gobiernos.

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